En Alemania ya cuentan cómo un pueblo de Lugo ha derrotado a una multinacional: "Altri nunca será realidad en Ulloa. Lo hemos decidido todos juntos"
La Xunta archiva el macroproyecto de celulosa en Palas de Rei tras años de protestas vecinales y ecologistas, en una batalla que ya traspasa fronteras.

Lo que empezó como una protesta local en el corazón rural de Lugo ha terminado convertido en ejemplo internacional. Así es como se hacen las cosas. Medios alemanes ya destacan cómo la comarca de A Ulloa ha logrado frenar a una multinacional portuguesa. El mensaje que sale de Galicia es rotundo: Altri no levantará su macroplanta de celulosa en Palas de Rei. Y no ha sido flor de un día.
El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, confirmó que el procedimiento de autorización queda archivado. Se acabó. El proyecto, impulsado por Greenfiber, filial del grupo luso Altri, no seguirá adelante. Y no habrá indemnización para la empresa. La decisión llega después de años de movilizaciones bajo el lema “Ulloa Viva”, un movimiento ciudadano que consiguió convertir una infraestructura industrial en un debate social de primer orden.
Un proyecto “estratégico” que se cae Durante años, el Gobierno gallego defendió la fábrica como estratégica para la economía autonómica. La planta estaba diseñada con el objetivo de producir 200.000 toneladas anuales de lyocell, que es una fibra textil derivada de la celulosa, y otras 200.000 toneladas de pasta sin procesar.
El argumento económico era potente: 2.500 empleos prometidos para la zona.
Pero la oposición no se desactivó. La comarca de A Ulloa vive principalmente de la ganadería y la agricultura, con un peso importante de explotaciones ecológicas. Además, por allí discurre el Camino de Santiago, que aporta un flujo constante de peregrinos y turismo rural. En los últimos años también se han asentado familias jóvenes que teletrabajan y apuestan por un modelo de vida vinculado al entorno natural. Ante este panorama y, como es lógico, para muchos vecinos, la macroplanta no encajaba con ese modelo.
El agua y las emisiones, en el centro del conflicto
Uno de los puntos más controvertidos era el impacto ambiental. El proyecto contemplaba extraer 46 millones de litros de agua al año del río Ulla, devolviendo 30 millones tras el proceso industrial. Y también incluía una chimenea de 75 metros para la emisión de gases que, incluso tras ser tratados, contendrían restos de azufre, óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono y partículas.
Las protestas se extendieron desde el año 2022, cuando se hicieron públicos los planes. Hubo manifestaciones multitudinarias y movilizaciones a lo largo del propio río Ulla. Pescadores y mariscadoras se sumaron a la oposición. El grito estaba puesto en el cielo. Por otro lado, la organización Ecologistas en Acción calificó el archivo del proyecto como “un gran éxito que debemos celebrar”.
La clave eléctrica
La explicación oficial de la Xunta apunta a un obstáculo técnico decisivo: la falta de conexión eléctrica. Así lo explicó Rueda; el operador público Red Eléctrica Española no tiene previsto ampliar la red en la provincia de Lugo al menos hasta 2030. Sin esa infraestructura, la planta no podía garantizar su funcionamiento. El presidente gallego señaló además que la empresa no presentó un plan alternativo viable. El resultado: expediente archivado.
“Esto no ha terminado”
La portavoz de la plataforma Ulloa Viva, Marta Gontá, celebró el anuncio, pero lanzó una advertencia: el archivo no impide que pueda presentarse un nuevo proyecto en el futuro.
Por eso el movimiento vecinal mantiene abiertos los procedimientos judiciales contra el informe ambiental favorable que la Xunta había emitido en su momento. El foco principal está en la captación de agua para la producción de celulosa. El objetivo es claro: cerrar cualquier puerta a una reactivación. "Altri nunca será realidad en Ulloa. Lo hemos decidido todos juntos", afirmó Gontá en declaraciones recogidas por la prensa.
Un conflicto que trasciende Galicia
El caso ha cruzado fronteras. En Alemania ya se presenta como ejemplo de resistencia ciudadana frente a una gran corporación. No es solo una batalla industrial. Es un choque entre modelos de desarrollo: industria pesada frente a economía rural diversificada; promesa de empleo frente a preservación ambiental; inversión exterior frente a decisión comunitaria. La multinacional prometía empleo y actividad. Los vecinos defendían territorio y modelo de vida.
Por ahora, el pulso lo ha ganado el pueblo. Pero en Ulloa nadie baja la guardia. Porque si algo ha demostrado este conflicto es que los proyectos estratégicos pueden tambalearse cuando una comunidad decide organizarse. Y, como dicen allí, lo han decidido todos juntos.
