Pasaporte covid, entre la esperanza de reavivar los viajes y las muchas dudas éticas

Pasaporte covid, entre la esperanza de reavivar los viajes y las muchas dudas éticas

Europa se dispone a crear un certificado de vacunación para el covid mientras los expertos cuestionan su idoneidad: "Abre la puerta a discriminaciones".

Imagen de un pasaporte europeo y un 'Certificado Internacional de Vacunación', tomada en la estación central de Bruselas.Thierry Monasse/Getty Images

El sur está a favor, el norte tiene sus dudas. Europa debate estos días la posible implantación de un certificado de vacunación o ‘pasaporte covid’ principalmente con la finalidad de reactivar el turismo. España, donde este sector genera más del 12% del PIB, se ha mostrado favorable, igual que Grecia y Portugal, también grandes receptores de turistas. Francia y los países del Benelux no lo ven tan claro, pero Alemania, que en un principio era reacia, ha adelantado este jueves que los 27 esperan tener listo “para el verano” dicho pasaporte, que podría hacer “posibles” los viajes dentro de la Unión Europea.

Según la secretaria de Estado de Sanidad, Silvia Calzón, en Europa sí hay consenso sobre el uso sanitario que podría tener este certificado y que podría permitir, por ejemplo, que si una persona vacunada con la primera dosis se traslada a otro país de la UE pueda recibir ahí el segundo pinchazo. Ahora bien, “hay otros posibles usos sobre la mesa”, ha reconocido este jueves Calzón. “Como el tema de facilitar los viajes”, ha apostillado.

En el verbo ‘facilitar’ caben varias posibilidades, que van desde eximir de prueba PCR o cuarentena a los ciudadanos vacunados hasta pedir un certificado de inmunidad como requisito para entrar al país. En cualquier caso, y mientras no se conozcan más detalles, a los expertos les parece problemática la idea.

Lo veo muy prematuro, me parece una salida simplista para recuperar a toda prisa el turismo, la economía y la vida, algo que es bastante más complejo

“Como concepto está muy bien: una especie de semáforo que te dice ‘este pasa [si está vacunado], este no [si no lo está]’, pero no es tan simple”, avanza Itziar de Lecuona, profesora del Departamento de Medicina y subdirectora del Observatorio de Bioética y Derecho de la Universitat de Barcelona. “No estamos de acuerdo con su implantación, empezando porque no hay suficientes evidencias científicas de que la vacuna impida la transmisión, y siguiendo porque abre la puerta a discriminaciones”, explica. “Lo veo muy prematuro, me parece una salida simplista para recuperar a toda prisa el turismo, la economía y la vida, algo que es bastante más complejo”, sostiene.

De Lecuona alude en primer lugar a las evidencias científicas que demuestran que las vacunas contra el covid evitan la enfermedad (en porcentajes elevados), pero no así la transmisión entre personas, con lo cual un individuo vacunado estaría protegido pero eso no significa que esté protegido el resto. En segundo lugar, añade la profesora, “está la cuestión de cómo se va a implementar la medida para que sea respetuosa con los derechos de las personas”. 

El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, también se muestra “prudente” de cara al uso de este sistema. “Debemos ser muy conscientes de que hay muchas complejidades tecnológicas, de calidad, científicas, sociales y económicas de por medio que no son fáciles de manejar y que debemos dejar que vayan al ritmo adecuado”, ha respondido a El HuffPost en rueda de prensa. “Cuando tengamos un documento adecuado que aporte a la sociedad lo que debe y que no sea discriminatorio con nadie, lo utilizaremos de la mejor manera posible. Pero hay que resolver muchos aspectos relacionados antes de pensar que esto va a solucionarnos la vida a todos y que vamos a poder movernos como antes”, ha matizado el epidemiólogo.

De Lecuona comprende perfectamente esas “complejidades” de las que habla Simón. “Si Europa decide finalmente implantarlo, tendrán que explicar cómo. ¿Será un certificado en papel?, ¿habrá un sistema digital con blockchain?, ¿quién va a tener esos datos?, ¿cómo se va a gestionar para que se cumpla con los fines de manera proporcional?”, plantea.

La Comisión Europea se ha dado tres meses de margen para definir las características técnicas de este sistema. Mientras tanto, “hay problemas éticos, e incluso legales, porque determinadas propuestas no estarían amparadas por la normativa vigente”, advierte De Lecuona. “¿El fin justifica los medios? Pues no lo sé”, dice.  

Hay que resolver muchos aspectos relacionados antes de pensar que esto va a solucionarnos la vida a todos y que vamos a poder movernos como antes
Fernando Simón

A la espera de conocer las condiciones de este certificado, se puede echar un vistazo a países que ya lo han puesto en marcha. Esta semana Israel ha estrenado su “pase verde”, un certificado digital con código QR que se puede descargar en el móvil siete días después de recibir la segunda dosis de la vacuna de Pzifer/BioNTech, la única que se pone de momento en el país, líder del mundo en vacunación con más de un tercio de sus 9 millones de habitantes inmunizados.

Este código permite la entrada a gimnasios, espectáculos culturales y eventos deportivos, y se utiliza además como incentivo para que los jóvenes, algo reacios a la vacunación, acaben poniéndose la vacuna.

La situación en España, y en la Unión Europea, es muy distinta. En España han recibido la doble pauta de vacunación 1,2 millones de personas (el 2,6% de la población), y otros 2 millones más ya tienen puesta la primera dosis.  

Hablar de un pasaporte covid que dé más derechos a una minoría de personas “sería discriminatorio”, defiende Eva Martínez Cáceres, vicepresidenta de la Sociedad Española de Inmunología (SEI). “Ahora mismo, la vacunación en España no depende de uno mismo, sino de si eres o no grupo de riesgo. Si no todo el mundo tiene la posibilidad de vacunarse, es discriminatorio”, reitera la inmunóloga. “El pasaporte se tendría que dar cuando todo el mundo estuviera en igualdad de condiciones, o bien por haber pasado el virus o bien porque ha tenido la posibilidad de vacunarse”, explica. 

Si no todo el mundo tiene la posibilidad de vacunarse, es discriminatorio

Para Martínez Cáceres, el factor tiempo es muy importante. “Si dentro de seis meses todo el mundo ha tenido la oportunidad de vacunarse, al menos en España, no me parece mal que se ofrezcan ‘ventajas’ como poder acceder a una movilidad más amplia”, comenta. “Pero hasta que no estén todos los pacientes en las mismas condiciones, no se podrá”, insiste.  

La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, se mostró bastante más optimista este lunes y, en referencia al pasaporte covid, explicó que “el Gobierno está trabajando en instrumentos para garantizar una movilidad segura cuando sea posible”, tanto a nivel nacional como “en el seno de la Unión Europea y en coordinación con otros países”. De hecho, Maroto anunció que en septiembre se reanudarán los viajes del Imserso, y que los mayores que quieran participar tendrán que presentar un certificado de que están vacunados frente al covid.

  Un policía de fronteras comprueba el pasaporte de un pasajero de un vuelo procedente de España, el 28 de enero de 2021, en Frankfurt (Alemania).Thomas Lohnes/Getty Images

El sector turístico se frota las manos. La Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA) espera tener lista en marzo la aplicación móvil IATA Travel Pass, que permitirá a los viajeros almacenar y gestionar certificados de pruebas o vacunas anticovid para poder mostrarlos si el país de destino lo solicita, según anunció este organismo en diciembre. 

Al inmunólogo David Bernardo, del Instituto de Biología y Genética Molecular, la idea del pasaporte covid como requisito previo para entrar a un territorio le parece “una aberración”. “Desde el punto de vista inmunológico tiene sentido, y podría pedirse para todos los inmunizados, tanto los que han pasado la enfermedad como los que se han puesto la vacuna”, explica. “Dicho esto, es una aberración ética y una discriminación biológica que no podemos consentir. ¿Qué tal nos parecería que en una entrevista de trabajo preguntasen a una persona si tiene un síndrome? Sería una aberración, ¿no?”, plantea.

Y además, alerta Bernardo, daría pie a “un mercado negro de falsos certificados” y a que la gente buscara infectarse de forma voluntaria para poder acceder a ciertas ‘ventajas’.  

Aumentaría aún más la brecha de diferencia entre países ricos y pobres

Amós García Rojas, presidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV), es tan rotundo como Bernardo. El pasaporte de inmunidad no le gusta por ser una medida “discriminatoria”, por la incógnita de si las vacunas protegen o no frente a la infección y porque “aumentaría aún más la brecha de diferencia entre países ricos y pobres”, explicó a El HuffPost en una entrevista realizada hace un mes.

La Organización Mundial de la Salud va en esta misma línea, puesto que “la disponibilidad actual de dosis es demasiado limitada”, y los ciudadanos que no están teniendo acceso a ellas verían “obstaculizada injustamente” su libertad de movimiento.

A García Rojas tampoco le parece justo que se compare el pasaporte covid —si finalmente se usa como requisito previo para un viaje— con el Certificado Internacional de Vacunación, una cartilla donde quedan plasmadas las vacunas que ha recibido una persona y que son necesarias para viajar a algunas partes del mundo, como la de la fiebre amarilla para ir a zonas concretas de África Subsahariana o América del Sur.

“Eso es otra cosa”, aclara García Rojas. “Es cuando vas de un país que no tiene una enfermedad a otro donde la enfermedad es endémica. Y de este modo te proteges de una enfermedad que en tu país no está en estudio”, explica. “Otra cosa muy distinta es que te exijan un pasaporte inmunitario para ir de España a Dinamarca, y eso no tiene que ver con el reglamento sanitario internacional”, concluye el vacunólogo.

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Marina Velasco Serrano es traductora de formación y periodista de vocación. En 2014 empezó a trabajar en 'El HuffPost' como traductora de inglés y francés en Madrid, y actualmente combina esta faceta con la elaboración de artículos, entrevistas y reportajes de sociedad, salud, feminismo y cuestiones internacionales. En 2015 obtuvo una beca de traducción en el Parlamento Europeo y en 2019 recibió el II Premio de Periodismo Ciudades Iberoamericanas de Paz por su reportaje 'Cómo un Estado quiso acabar con una población esterilizando a sus mujeres', sobre las esterilizaciones forzadas en Perú. Puedes contactar con ella escribiendo a marina.velasco@huffpost.es