POLÍTICA
18/06/2021 18:53 CEST | Actualizado 23/06/2021 20:14 CEST

Por qué es tan importante la declaración de Morocho en la trama Kitchen

El inspector jefe de la policía, en activo, sigue al frente de la investigación de Gürtel.

EUROPA PRESS
El inspector de la Policía Manuel Morocho, a su llegada a la Audiencia Nacional, el pasado martes, para declarar ante el juez.

El inspector jefe de la Policía Nacional Manuel Morocho, de 54 años, tiene una misión: decir la verdad aunque no le guste al PP. Y parte de sus palabras ante el juez de la trama Kitchen, que se encuentra en fase de instrucción y a las que ha accedido la Agencia Efe, están levantando una polvareda sobre el pasado de los populares.

Este agente sabe mucho sobre las cloacas. Sabe tanto que, como le confesó a Manuel García-Castellón, puede dejar un “panorama desolador” a golpe de declaración. No obstante, Morocho es el investigador principal de la trama Gürtel y de la caja B que tantos dolores de cabeza le sigue dando al PP casi una década después.

El pasado martes, Morocho, cuyo trabajo es una mina de oro para guionistas de cine, contó al magistrado de la Audiencia que el Ministerio del Interior, con Jorge Fernández Díaz al mando, trató de apartarle de las investigaciones sobre la corrupción del PP, con Gürtel y la caja B como platos fuertes. Y todo justo antes de que, presuntamente, se activara en junio de 2013 la operación Kitchen de seguimiento al extesorero del PP Luis Bárcenas.

Morocho, narró cómo sus superiores le presionaron para retocar informes y no citar en ellos al expresidente del Gobierno Mariano Rajoy como presunto receptor de dinero negro procedente de la contabilidad paralela del partido. En sus escritos reflejó que había personas vinculadas al PP, pero no pudo poner las que aparecían como beneficiarias de fondos opacos.

Todo lo que ha dicho Morocho importate en las pesquisas de García Castellón, que se ha quedado perplejo con todo lo que ha oído

El inspector relató un clima de desconfianza tal que se vio obligado a ocultar el registro de la sede del PP y a adoptar medidas de seguridad en su desplazamiento y en los ordenadores bajo su mano porque todo se encontraba ante un “riesgo evidente”.

En realidad, lo que los superiores de Morocho querían saber, una vez el extesorero del PP Luis Bárcenas entró en prisión, era si tenía recibís de Rajoy, de la exvicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría o de la exsecretaria general del PP María Dolores de Cospedal, imputada en Kitchen y citada para el día 29.

Este viernes, el policía ha vuelto a sentarse ante el juez que indaga la presunta trama urdida en Interior para sustraer de manera ilícita material comprometedor al extesorero del PP. Y todo lo que ha dicho es de suma importancia en las pesquisas de García Castellón, quien se ha quedado perplejo con todo lo que ha escuchado.

- “Me deja usted un panorama desolador”, dijo el juez.

- “Se lo puedo dejar peor”, replicó Morocho.

- “Siga, siga”, indicó el magistrado.

Lo cierto es que el policía puede dejar al PP

Lo cierto es que el policía está dejando al PP muy tocado, porque desde que estallaron la Gürtel, los papeles de Bárcenas —con la caja B— y la operación Kitchen, la dirección del partido se ha esforzado en desacreditar a quienes se han abierto la boca, como el propio extesorero o el excomisario José Manuel Villarejo, a quienes los populares no creen por “corruptos”.

El problema para los de Casado es que Morocho, por su condición de agente e investigador en la Unidad de Delincuencia Económica y Financiera (UDEF), se le presupone un elevado grado de veracidad. Es más, según ha trascendido en los medios, a García-Castellón le ha impresionado la minuciosidad y la precisión de los testimonios de Morocho.

Todo lo que ya ha dicho este agente está sacudiendo la investigación de Kitchen en la Audiencia Nacional. Es más, su declaración del martes provocó dos días después la imputación de José Luis Olivera, su exjefe de la UDEF. Y todo, mientras la actual dirección del PP sigue la doctrina del silencio que ha impuesto Casado sobre los casos de corrupción del pasado.

Olivera fue, supuestamente, quien en junio de 2013, en una cafetería, ofreció a Morocho —por encargo del exministro Jorge Fernández Díaz— destinos dorados para apartarle de la investigación de la caja B del PP. ”¿Qué embajada quieres?”, le dijo el ex jefe de la UDEF. También le ofrecieron cursos en el FBI y hasta un puesto en Lisboa y en Naciones Unidas. Pero dijo que no a todo. Hasta el Fernández Díaz quiso saber con una llamada en pleno encuentro si había aceptado.

Quizá como prueba de cómo recibió el poder sus servicios, quedan sus dos condecoraciones. Según El País fue reconocido en 2009 por el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba y en 2013, por Jorge Fernández Díaz. Aunque también ha recibido ataques: hasta ocho denuncias durante el juicio de Gürtel una investigación de Asuntos Internos que terminó siendo archivada para averiguar si filtró o no informes a los medios.

De la agenda de Villarejo a la Audiencia Nacional

El nombre de Manuel Morocho, que ha perdido su anonimato, aparece ahora porque el juez García Castellón se topó con él en las agendas del excomisario  José Luis Villarejo. El magistrado leyó “MOROCHO-LISBOA” y “problemas” por un informe suyo. Y por eso decidió citarle.

No obstante, y ante la perplejidad de García Castellón, Morocho dijo que todo lo que ha contado sobre que no le dejaron poner los nombres de los dirigentes del PP que recibieron supuestamente dinero negro, le llegó al juez que indagó la causa en un anexo del informe que recogía la transcripción de los apuntes de los papeles de Bárcenas y que él mismo le comunicó al magistrado que le habían obligado a quitar del informe los nombres pero que los tenía en el anexo.

Pese a que el principal responsable de la Policía, Ignacio Cosidó, dijo no conocer que hubiera agentes siguiendo a Bárcenas, en plena cocina de la Kitchen, el testimonio de Morocho puede dar al traste con esa versión y cambiar definitivamente el rumbo de una trama que está por resolverse en juicio y que puede herir al PP si se confirma que Interior usó fondos públicos para delinquir. 

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