¿Y qué ha sido del Papa Ratzinger?

Intríngulis del pontificado, la renuncia del Papa Benedicto y su vida actual.
El Papa Emérito Benedicto XVI en una imagen de 2014.
El Papa Emérito Benedicto XVI en una imagen de 2014.

No se termina de escribir nunca sobre los Papas, ya sea por una cosa o por otra, siempre buscamos algo que nos aclaren determinadas situaciones. Los Papas siempre pasan a la historia para lo bueno y para lo malo o, en este caso, por lo sorprendente e inédito del hecho de una renuncia, puesto que en seis siglos un papa nunca dijo “hasta aquí llego”.

Fragmento del discurso de la dimisión del Papa Benedicto XVI el 11 de Febrero de 2013 (en latín).

“Fratres carissimi, non solum propter tres canonizationes ad hoc Consistorium vos convocavi, sed etiam ut vobis decisionem magni momenti pro Ecclesiae vitae communicem. Conscientia mea iterum atque iterum coram Deo explorata ad cognitionem certam perveni vires meas ingravescente aetate non iam aptas esse ad munus Petrinum aeque administrandum. Bene conscius sum hoc munus secundum suam essentiam spiritualem non solum agendo et loquendo exsequi debere, sed non minus patiendo et orando…”.

En español

“Queridísimos hermanos,

Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia. Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando. Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado. Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice…”.

Cayó como una bomba el día en el que se hizo público que el Papa Ratzinger se marchaba, parecía una broma que renunciara al pontificado.

En esos precisos momentos, cuando era pronunciado el discurso de su dimisión, en la Sala de Prensa del Vaticano, la periodista Giovanna Chirri de la Agencia Ansa que domina el latín, escuchó la palabra renuncia y fue la primera en el mundo a dar a conocer la noticia:

Se habla mucho sobre la vida actual del Papa Emérito, pero no hace falta especular demasiado sobre su rutina diaria, como lo comenta en un encuentro con El HuffPost el profesor Roberto Regoli, histórico del pontificado del Papa Benedetto y director de la Facultad de Historia y Bienes Culturales de la Iglesia de la Universidad Pontificia Gregoriana.

El papa Ratzinger vive “en la paz del retiro del monasterio, él ha elegido retirarse del mundo para rezar y reflexionar, eligió la via del nascondimento —el camino de la ocultación—”, explica.

Cuando el Papa Ratzinger renunció a Roberto Regoli lo pilló caminado por las calles de Roma regresando a su casa. Su teléfono sonó y, al cogerlo, su hermano le dio la noticia. Regoli le dijo: “No es verdad, hoy es el 11 de febrero, el Vaticano está cerrado, la sala de prensa está cerrada y esto es una broma indudablemente, no te creo”. Unos minutos después confirmó que era cierto. Por primera vez en la historia un Papa renunciaba al Pontificado para enclaustrarse para el resto de su vida. Regoli define este momento como “un rayo en un cielo sereno”.

El profesor explica que a raíz de la renuncia del Papa, fueron tantas las cuestiones que planeaban los periodistas que se dio cuenta de que no existía hasta entonces un histórico que contara lo que había sucedido.

Además, sentía la necesidad de que alguien fuera capaz de escribir la historia de lo que había sucedido en ese momento y en los anteriores papados basándose en hechos vividos, para ser capaces de entender este paso inédito de un Papa: “Cuando se habla de Historia se piensa en el pasado, pero como historiador contemporáneo a mi me gusta otra definición de Historia que la llamo ‘inteligencia del tiempo’, tiempo pasado, presente y futuro”.

Según Roberto Regoli, entender lo que sucedió no se podría hacer sin conocer el conclave, y no se podía entender el conclave sin conocer a Juan Pablo II y su pontificado, porque cuando tenemos un conclave delante de nosotros, no se trata de una apuesta para el futuro, sino un juicio sobre el pasado.

El profesor Roberto Regoli, histórico del pontificado del Papa Benedetto y director de la Facultad de Historia y Bienes Culturales de la Iglesia de la Universidad Pontificia Gregoriana.
El profesor Roberto Regoli, histórico del pontificado del Papa Benedetto y director de la Facultad de Historia y Bienes Culturales de la Iglesia de la Universidad Pontificia Gregoriana.

Cada conclave es un juicio y hay una promesa. Lo que hicieron los cardenales en aquel conclave fue que calificaron positivamente el pontificado de Juan Pablo II de tal manera que su sucesor pudiera continuar su línea. En sí, el cardenal Ratzinger había sido el alma teológica de Juan Pablo II, y llegaron a la conclusión de que “tenían que continuar por este camino”.

El director de la Facultad de Historia de la Pontificia Università Gregoriana recuerda algunos de los momentos más emotivos de Ratzinger, y se refiere a su elección porque después de la enfermedad de Juan Pablo II se necesitaba un Papa más joven y fuerte.

Su elección fue toda una sorpresa, y desde luego también su renuncia, pero hay otro momento muy simpático que recuerda que sucedió en la Plaza de San Pedro, cuando tres niños que habían hecho la primera comunión le hacían preguntas importantes, y el Papa hizo un esfuerzo por explicarles de manera sencilla las grandes preguntas teológicas. “Era como ver a un abuelo hablando con sus nietos, era una imagen muy tierna ese aspecto de ternura de Ratzinger”, subraya Roberto Regoli.

Cuando le llevó su libro, El pontificado de pontificado de Benedicto XVI: Más allá de la crisis de la Iglesia, no se atrevió a preguntarle qué le parecía, “no tengo idea si lo ha leído o no”. Sin embargo, Papa Ratzinger pone mucho interés hasta la fecha, en las personas que se dirigen a él, no es nada superficial y se toma las cosas con mucha profundidad. “Puedo decir que recuerdo de este encuentro a una persona muy atenta y curiosa”, explica, y continúa a describirlo: “Tiene una mirada vivaz y es muy sonriente, es muy atento con sus interlocutores”.

Hay que recordar que Ratzinger es un profesor y un teólogo, los días los pasa alrededor de sus libros y con esto ya tiene la jornada completa, según Regoli. “Lo hemos visto cuando ha ido Alemania al funeral de su hermano, que se le vio en una silla de ruedas, se ve que tiene días ralentizados, es anciano, pero no le falta tiempo para dedicarse a sus libros y a la lectura y a los momentos que dedica a la reflexión. Ve a menos gente, pero no está aislado. En las entrevistas que ha concedido siempre se ha mostrado muy seguro de su decisión”, detalla.

Algunas de las reformas del pontificado mas importantes, según el profesor, han sido la respuesta a los abusos sexuales, el famoso sintagma “intolerancia cero” que nació en su pontificado, facilitando con ello los procesos para encontrar soluciones y que ha sido continuado por el pontificado de Francisco; otra reforma, que ha mantenido el Papa Francisco, es la del control financiero que nació de Ratzinger a partir de las peticiones que llegaban de fuera; la reforma de los conclaves recuperando las antiguas reglas: con Juan Pablo II en su última reforma del conclave, decidió que si no se conseguía la mayoría de los dos tercios después de algunas votaciones, sería insuficiente para elegir a un Papa (tener la mayoría absoluta más uno), y Ratzinger decidió que fuese la mayoría de dos tercios para que el Papa fuese reconocido por todos. La tradición más eclesiástica sobre decisiones importantes requiere un consenso muy amplio, según Regoli.

Lo que le faltó por concluir a Ratzinger fueron los diálogos con los pesadores y filósofos del mundo liberal, del mundo marxista, sobre todo en referencia a cuestiones fundamentales de la sociedad a nivel antropológico, porque con toda la tecnología que tenemos, la ciencia puede intervenir sobre la naturaleza humana. Las preguntas fundamentales que no eran sobre el mundo católico sino sobre otros mundos son ¿dónde están los límites de nuestro trabajo sobre el hombre? ¿Cómo se pude incidir sobre la humanidad? A partir de ahí se creó un diálogo muy interesante, “debo decir que aquí en Italia se hablaba de los Marxistas Ratzingerianos”.

Los periodistas siempre preguntan sobre la continuidad de los pontificados, señala Regoli. Los pontificados no pueden ser fotocopias de los precedentes. Entre los sacerdotes, el cambio de Papas es solo un cambio de estilo, porque la parte doctrinal no ha cambiado: “Como sacerdote puedo decir que no veo grandes cambios en la pastoral”.

Sobre cual será la herencia del Papa Benedicto, piensa que será considerado como un Doctor de la Iglesia, porque ha traído la profundidad de un teólogo y la simplicidad de la palabra que él sabe transmitir con un lenguaje muy comprensivo. En su libro Introducción al cristianismo, que ha sido traducido a varios idiomas, los jóvenes de ahora lo tienen como una lectura de referencia. La herencia de Ratzinger ya está en camino.

La vida del papa emérito Benedicto XVI