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22/12/2017 21:01 CET | Actualizado 23/12/2017 11:02 CET

Las claves de la semana: No hay peor ciego...

AFP/Getty Images

Ni las consecuencias económicas, ni el portazo de la UE, ni el 155... Nada cambió. El problema sigue ahí. Dos millones de catalanes votaron independentismo. Unos son más de héroes que de mártires, aunque todos quieren irse de uno u otro modo de España.

Pero como si una venda le impidiera ver más allá de la leyenda de los "descabezados" que le contó su vicepresidenta, Mariano Rajoy los ha convertido en invisibles en una nueva exhibición de su maestría para ignorar problemas, negar la realidad y esperar a que todo cambie sin hacer nada para contribuir al cambio.

Rajoy y su nulo poder de seducción

El independentismo mantiene la mayoría absoluta, el PP se ha desplomado, Ciudadanos ha conseguido agrupar en torno a Arrimadas todo el voto españolista y al presidente del Gobierno lo único que se le escucha es que no aceptará que nadie se salte la ley ni la Constitución española. Mensaje tan obvio como baldío para la seducción de quienes votaron independentismo no por razones distintas a las identitarias y que haberlos, hay muchos.

Rajoy y el necesario poder de seducción política nunca llegaron a conocerse porque de haberse encontrado alguna vez en el camino y haberlo puesto en práctica en los últimos años, seguro que algunos catalanes se habrían bajado del tren del rupturismo.

AFP

Triple fracaso del PP

El resultado del 21-D no es un fake news ni un bot manejado por ningún servicio secreto de un país lejano, sino un baño de realismo y, sin embargo, no parece que en La Moncloa haya hoy un inquilino capaz de leer bien los resultados para desplegar el tan necesario ejercicio de alta política que requiere la situación.

Ni el triple fracaso cosechado por Rajoy -la mayoría absoluta del independentismo, la incontestable victoria de Ciudadanos y la debacle del PP- han servido para que quien debiera liderar una respuesta al desafío catalán haga la más mínima autocrítica ni para que vea en Ciudadanos un serio competidor en el tablero nacional.

No hay peor ciego que el no quiere ver, y en la política española no parece Rajoy el único que se niega a ver la realidad: que el Estado -incluida su jefatura por renunciar antes del 1-O al papel de arbitraje y moderación que le atribuye la Constitución- ha fracasado en la respuesta al independentismo catalán y que el PP es, para la sociedad catalana, parte del problema y no la solución.

Jon Nazca / Reuters

Iceta, ni Borgen ni Macgyver

Esta vez no fue Ciudadanos, sino el PSC, la formación sobrevalorada por la demoscopia. Miquel Iceta ha visto truncado su sueño de convertirse en la Birgitte Nyborg de la política catalana porque sus posibilidades para hacer un Borgen o un MacGyver tardaron menos en evaporarse de lo que Arrimadas tardó en teñir de naranja el antaño cinturón rojo del área metropolitana de Barcelona. En su partido, unos dicen que porque "no es lo mismo la transversalidad que el travestismo" y que se equivocó en su alianza con Unió. Otros, que porque la petición de indulto para los encarcelados por el procés fue un colosal error que ensanchó el espacio de Ciudadanos.

Sánchez no se da por aludido

Sea por lo que fuere, lo cierto es que polarización ha penalizado terceras vías como la abanderada por Iceta, pese a que ésta representara el discurso de la reconciliación que en algún momento alguien tendrá que retomar si lo que se pretende es restaurar la cohesión social en Cataluña.

Y eso es lo que ha llevado a Pedro Sánchez a aferrarse al tibio avance en votos del socialismo catalán para minimizar el impacto sobre sus aspiraciones de convertirse en la alternativa de Gobierno que hoy no es. Igual que el PP culpó a Ciudadanos de la derrota del constitucionalismo por sus apelaciones al voto útil, el secretario general del PSOE responsabilizó al PP de la nueva mayoría independentista por no haber salido del inmovilismo en los últimos diez años y no tener un proyecto de país, olvidando quizá que lo que se dirimía también en las urnas era el apoyo o no al 155 que el PSOE respaldó. Todo con tal de no hacer tampoco autocrítica y no darse por aludido ante las voces que como, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ya han pedido un divorcio inmediato y de mutuo acuerdo entre el PSOE y el PSC.

EFE

Iglesias enmudece

Dos ciegos, por tanto, que no quieren ver... y un mudo, como Pablo Iglesias, que ha sido el único líder de los cuatro principales partidos nacionales que no compareció para dar su particular visión de los resultados. Se limitó a escribir un tuit de reconocimiento al candidato Xavier Domenech, que perdió 3 de los 11 diputados de 2015 y no valorar las posibles consecuencias que la ambigüedad de Colau pueda tener en el horizonte medio para un Podemos que no ha sido capaz de fijar su posición en un escenario de polarización.

Rivera levita y sueña con los titulares de un sorpasso

Los tres partidos tendrán aún que digerir un resultado de inevitables lecturas en el tablero nacional y que, de momento, deja tocados a sus líderes. Se lean como se lean los datos Rajoy, Sánchez e Iglesias, aunque por diferentes motivos, salen tocados de esta convocatoria. El único que puede sacar pecho y que de hecho ya levita dos metros por encima del suelo es Albert Rivera, que sueña con los titulares de un "sorpasso" a la derecha tradicional y convertirse en el Macron español.

De momento, en lo inmediato Cataluña y con ella España regresan a la casilla de salida, y esta vez no parece que se pueda empezar la partida con idéntica jugada. Ni el soberanismo podrá restituir una República que no existió ni el Gobierno volver a recurrir sólo a la Justicia y al 155.

P.D. Máxima expectación ante el discurso de Navidad de Felipe VI. Algo tendrá que decir también el Rey, y esta vez a ser posible que no sea lo que le dicte el Gobierno.

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