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16/06/2012 11:20 CEST | Actualizado 16/08/2012 11:12 CEST

Loewe, continúa el mito

Me parecía, y me sigue pareciendo hoy día, algo nuevo, fresco, arriesgado. Que una casa centenaria se hubiese atado los machos y alguien en la Casa hubiese aprobado un anuncio tan novedoso me parecía fascinante.

A mediados del pasado mes de marzo se produjo un terremoto en el mundo internetero español. La publicación de la última campaña de Loewe en YouTube provocó un auténtico tsumani de opiniones en torno a la marca. Era algo absolutamente trasgresor con lo que Loewe había hecho hasta entonces. Un grupo de chavales, hijos, sobrinos, familiares de personajes famosos (Verónica Forqué, Ana Belen y Victor Manuel, Oukalele...) hablaban de sus cosas sin pudor mientras balanceaban las últimas versiones de las piezas más legendarias de la Casa, pero con unas impresionantes asas fluorescentes.

Durante 48 horas era imposible seguir el hasgtag #Loewe y tantos otros que surgieron por la ingente cantidad de tweets que todo el mundo publicó, la inmensa mayoría despreciando la campaña, atacando la marca, ridiculizando los personajes... Ya en su momento escribí en mi cuenta en Twitter mi admiración por la campaña.

Me parecía, y me sigue pareciendo hoy día, algo nuevo, fresco, arriesgado. Que una casa centenaria como Loewe se hubiese atado los machos y alguien en la Casa hubiese aprobado un anuncio tan novedoso me parecía fascinante. En esta época de crisis negra, gris o turbia, me produjo un shock ver algo tan valiente. Muchos se llevaron las manos a la cabeza: "No representan a la juventud de España", "Loewe ha firmado su sentencia de muerte", "Famosos descerebrados"... No había insulto pequeño ni calificativo despreciativo suficientemente chico para describir la campaña, sus personajes y la herejía cometida por Loewe.

¿Por qué me gustó tanto?

Loewe es una marca de nicho, y cada vez más nicho. Era una marca de abuelas y señoras mayores y quizá algún desubicado que aún usaba sus corbatas. Había una generación, o dos, que ni siquiera tenía en el radar estético a Loewe. Y de repente con un anuncio se vuelve trendy, simpático, chic. Los personajes provienen de familias ricas o adineradas, y lo saben, y simplemente disfrutan de la tortilla de patata, de las españolas y de cuál es el mejor beso. Y ahí en medio está Loewe con sus productos. Fascinante.

Lo más revelador es que el anuncio no salió en televisión. No tuvo un solo GRP de publicidad televisiva. Pero durante días fue lo más visto-comentado-criticado- de internet. Trending Topic, no hubo un solo usuario que no dejase de caer en la tentación de opinar sobre qué le parecía el anuncio.

Y cuando todos creíamos que había sido un rotundo fracaso:

El caso Loewe se estudiará por mucho tiempo. Y yo feliz. Soy de los que compré, compro y compraré Loewe.