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02/12/2015 07:19 CET | Actualizado 01/12/2016 11:12 CET

Política y servicios de inteligencia ante el 20D

La clase política, al menos la española, tiene un profundo desconocimiento del papel de la inteligencia. Esta falta de conocimiento queda también reflejada en nuestra sociedad, donde a pesar de los años de cultura de inteligencia, sigue sin haber un debate riguroso sobre este organismo fundamental del Estado de derecho.

Últimamente se han producido importantes noticias que señalan la relación entre política y servicios de inteligencia. En el ámbito internacional destaca la declaración de Tony Blair el mes de octubre pasado pidiendo perdón por el error cometido en la toma de decisión respecto a la existencia de armas de destrucción masiva en Irak.

En nuestro país, la publicación del libro Valió la pena, de Jorge Dezcallar, exdirector del CNI durante los atentados del 11 de marzo de 2004 vuelven a señalar la compleja y no siempre clara relación entre política y servicios de inteligencia.

El exdirector del CNI Jorge Dezcallar

Esto pone de manifiesto uno de los grandes riesgos de la relación entre política e inteligencia: la politización de los servicios; algo de los que desgraciadamente se disponen de numerosos ejemplos en los últimos años.

La clase política, al menos la española, tiene un profundo desconocimiento del papel de la inteligencia, de sus competencias, de su valor añadido y de su funcionamiento. Esta falta de conocimiento queda también reflejada en nuestra sociedad, donde a pesar de los años de cultura de inteligencia, sigue sin haber un debate riguroso sobre este organismo fundamental del Estado de derecho.

Así como existen opiniones en el debate sobre los temas de interés público como pueda ser la educación, la sanidad, la economía e incluso sobre la seguridad, resulta sorprendente que los servicios de inteligencia jamás hayan tenido lugar en el debate público. Salvo en situaciones muy concretas, siempre ligadas a escándalos o enfrentamientos políticos y donde los servicios han sido utilizados e incluso seriamente dañados en su imagen y reputación, o en situaciones de inseguridad como la actual donde se apela de forma genérica a la inteligencia pero sin que se sepa muy bien cuál debe ser su papel.

Como se preguntaba el pasado día 25 de noviembre el periódico francés Le Monde en su editorial, ¿qué ha impedido a los servicios de inteligencia prevenir los ataques del pasado día 13? ¿Acaso se trata de una falta de medios? ¿Están mal organizados? ¿Han abandonado la inteligencia humana en favor de los datos procedentes de las actividades de vigilancia? O, simplemente, ¿pueden los servicios de inteligencia evitar todas las posibles amenazas?

Por otra parte, podríamos cuestionarnos si el centrar el foco de interés en el sin duda gravísimo problema del terrorismo se puede caer en el riesgo de dejar de ocuparse de otros riesgos y amenazas tan peligrosos para nuestras sociedades y que están en muchos casos en el origen de los fenómenos de radicalización y exclusión social que dan lugar al terrorismo.

Desgraciadamente, todos estos temas siguen ausentes en los preocupaciones y prioridades de nuestros dirigentes y como prueba les invito a buscar referencias o propuestas sobre los servicios de inteligencia en los programas electorales de los partidos españoles que concurren el próximo 20 de diciembre a las elecciones generales.

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