El-Sayed, o por qué la victoria de un 'woke' musulmán de Míchigan amenaza a Trump
El epidemiólogo, de 41 años, ha ganado esta semana la candidatura demócrata en las primarias al Senado de EEUU en su estado, clave. Así expande la "ola Mamdani", más socialista. Los republicanos se tientan la ropa y echan mano del racismo.

En la política estadounidense, tan compleja, hay pocos territorios que posean la facultad de actuar como un barómetro fiel de la nación, como un oráculo casi de lo que puede suceder. Si hay un estado que puede lucir ese título, ese es Míchigan. Fronterizo, altamente industrializado, demográficamente diverso e ideológicamente volátil, esta región del Medio Oeste suele anticipar las mareas tectónicas que más tarde sacuden a Washington, las que se extienden a todo el país.
Sin embargo, lo ocurrido esta semana en las primarias del Partido Demócrata para definir la candidatura estatal al Senado de Estados Unidos sobrepasa los márgenes ordinarios del cálculo electoral: Abdul El-Sayed, un médico epidemiólogo de 41 años, de convicciones progresistas y de fe musulmana, ha derrotado al aparato oficialista de su propia formación en un duelo de infarto que marca un hito histórico y promete, por extensión, generar una marejada en la capital federal.
El-Sayed ha desafiado el respaldo formal de la cúpula del partido en el Congreso y ha aguantado con éxito un vendaval publicitario adverso financiado con decenas de millones de dólares por comités de acción política (los llamados super PACs) de corte corporativo y proisraelí. Así ha acabado rompiendo los moldes tradicionales sobre lo que los estrategas consideran un candidato "electable", o sea, elegible o viable en términos electorales y se ha alzado con la nominación.
Su ajustada victoria sobre la congresista moderada Haley Stevens, la representante del establishment liberal, no sólo asegura un choque de alta intensidad el próximo 3 de noviembre contra el candidato republicano Mike Rogers, sino que certifica la expansión de una corriente de izquierdas que está reconfigurando el ADN del Partido Demócrata. El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, la nueva esperanza socialista, no está solo.
Una victoria de infarto
Durante las semanas previas a la votación del martes pasado, los sondeos de opinión arrojaban un panorama holgado a favor de Abdul El-Sayed. Múltiples encuestas, incluidas algunas encargadas por grupos conservadores que preferían un rival de perfil marcadamente izquierdista para las elecciones de otoño, lo situaban con una ventaja de dos dígitos sobre Stevens. En los cuarteles generales del progresismo se respiraba un aire de triunfo anticipado, confiando en que el carisma del candidato y su presencia en redes sociales (del corte de la del regidor neoyorquino) bastarían para sentenciar la contienda sin sobresaltos.
Sin embargo, cuando las urnas cerraron, el recuento electoral transformó la certidumbre en un auténtico drama político que la prensa estadounidense bautizó de inmediato como un "nail-biter", un final de morderse las uñas. Conforme avanzaba la madrugada, la contienda se convirtió en un pulso milimétrico entre dos Míchigan contrapuestos: el suburbano y rural, donde la experiencia legislativa de Stevens y su enfoque centrista encajaban entre los electores tradicionales, y el urbano, universitario e industrial, donde el mensaje anticorporativo de El-Sayed movilizó a un número sin precedentes de jóvenes y votantes de clase trabajadora.
La balanza terminó inclinándose del lado de El-Sayed tras un agotador recuento que se prolongó hasta cerca de las 10:00 de la mañana del miércoles. Associated Press y Decision Desk HQ proyectaron finalmente al médico como el ganador oficial con el 48,5% de los votos, frente al 47,5% de Stevens. En números absolutos, la diferencia fue de apenas 15.000 sufragios de entre más de 1,5 millones de papeletas depositadas.
Este desenlace tan ajustado evidenció la potencia organizativa de las bases progresistas para ganar elecciones en entornos adversos, pero también dejó al descubierto una profunda fractura en la base demócrata estatal, como han destacado en sus análisis la CNN o el New York Times. El-Sayed hereda una candidatura que representa a poco menos de la mitad del electorado del partido, lo que lo obliga a emprender una delicada labor de costura interna si pretende mantener unido al partido frente al embate del Partido Republicano en noviembre.
La batalla de los millones: la AIPAC y el factor Gaza
Ningún aspecto de la contienda de Míchigan ilustra mejor la brecha ideológica dentro de los demócratas como el volumen y el origen de los fondos movilizados. "Sigue el dinero", que decían en el Watergate. Desde el inicio de su campaña, en abril de 2025, El-Sayed articuló su candidatura en torno a un compromiso ético estricto: la renuncia explícita a aceptar financiación procedente de comités de acción política de grandes corporaciones, firmas de Wall Street o lobbies empresariales. Sus gastos se han sostenido exclusivamente a base de microdonaciones de pequeños contribuyentes e intensas labores de puerta en puerta.
En el extremo opuesto, la campaña de Haley Stevens contó con la inyección masiva de recursos procedentes de cabildeos nacionales, las máquinas de hacer dólares de siempre. Ha destacado de forma sobresaliente la intervención del United Democracy Project (UDP), el comité afiliado al Comité de Asuntos Públicos de Israel en EEUU, el poderoso AIPAC. Se calcula que el AIPAC y sus organizaciones amigas invirtieron entre 10 y 30 millones de dólares exclusivamente en estas primarias, lo que convierte a este choque en la contienda para el Senado más cara impulsada por el lobby proisraelí en la historia reciente del país.

Los anuncios publicitarios financiados por estos súper PACs, como se llama a los comités más potentes, inundaron la televisión y las plataformas digitales de Míchigan, intentando retratar a El-Sayed como una figura "demasiado arriesgada" o ideológicamente extremista. Sin embargo, lejos de amedrentar a su electorado, el finalmente ganador utilizó esa asimetría publicitaria precisamente como argumento central de su discurso, denunciando que el aparato estaba siendo respaldado por intereses especiales extranjeros y corporativos y no se comportaba de forma justa.
"Nos enfrentamos a una maquinaria que gastó más de ocho dólares por cada uno de los nuestros. Sin embargo, el dinero no vota; las personas votan. Esta victoria demuestra que cuando organizas a la comunidad desde la base, el poder del pueblo siempre superará al poder del dinero", señaló en su discurso de victoria en Detroit.
El detonante de esta confrontación fue la postura, extremadamente dispar, sobre el conflicto palestino-israelí. El-Sayed, un crítico implacable de la política exterior estadounidense, calificó abiertamente la incursión militar de Israel en Gaza como un "genocidio", exigiendo la suspensión inmediata de toda la ayuda militar de EEUU a Israel. Por su parte, Stevens defendió su alianza con el lobby de Tel Aviv y se posicionó como una firme defensora del Gobierno israelí.
Que haya ganado la visión defensora de los derechos humanos de los palestinos, de su derecho a tener un estado propio y de que el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, sea detenido en virtud de la orden internacional de arresto de la Corte Penal Internacional por supuestos crímenes de guerra es revolucionario, totalmente rompedor.
Pero ¿quién es Abdul El-Sayed?
Para comprender el fenómeno generado alrededor de El-Sayed es necesario examinar su perfil personal y profesional, que rompe con los estándares habituales de la política norteamericana. Nacido en Míchigan hace 41 años en el seno de una familia de inmigrantes egipcios, El-Sayed combinó desde su juventud la excelencia académica con el activismo comunitario. Se graduó con honores en la Universidad de Míchigan, obtuvo la prestigiosa Beca Rhodes para cursar un doctorado en Salud Pública en la Universidad de Oxford (Reino Unido) y concluyó su título de médico en la Universidad de Columbia, una de las más afamadas de EEUU.
Cuando contaba apenas 30 años, El-Sayed fue nombrado director del Departamento de Salud de la Ciudad de Detroit -la ciudad más poblada del estado, con unos 700.000 vecinos, que se convierten en 4,3 millones si vemos el Metro Detroit- convirtiéndose en el funcionario de salud más joven al frente de una gran metrópoli estadounidense. En aquel momento, la ciudad atravesaba las consecuencias de la mayor bancarrota municipal en la historia del país. Desde su cargo, cobró relevancia por su intransigencia ante las grandes empresas contaminantes, la erradicación de pintura con plomo en viviendas e instalaciones infantiles y la creación de un programa municipal para hacer revisiones de la vista y dar gafas gratuitas a todos los niños de las escuelas públicas.
En 2018, compitió en las primarias demócratas a la gobernación de Míchigan, donde fue derrotado por la actual gobernadora, Gretchen Whitmer, pero ya cosechó un 30% de los votos con una agenda marcadamente progresista. Tras esa experiencia, consolidó su proyección nacional como conferenciante, escritor y presentador del célebre podcast de salud pública America Dissected.
Dotado de una oratoria contundente y de una capacidad notable para traducir datos epidemiológicos y económicos en mensajes de alto impacto y muy didácticos, El-Sayed se ha convertido en uno de los comunicadores más eficaces de la izquierda. Durante su campaña al Senado de este año, ha recorrido ininterrumpidamente los 83 condados del estado, realizando más de 500 actos públicos presenciales en locales sindicales, centros comunitarios, mezquitas y universidades, sostiene The Atlantic. Su destreza para generar contenido viral en redes sociales le ha permitido equilibrar la balanza frente a los millones invertidos por su rival en televisión.
La "Ola Mamdani" y el viraje de la izquierda
El triunfo de El-Sayed se enmarca dentro de un fenómeno más amplio que diversos analistas denominan la "Ola Mamdani", bautizada tras el ascenso de Zohran Mamdani en Nueva York y caracterizada por victorias de candidatos socialdemócratas y anticorporativos en elecciones primarias clave. Empieza a quedar claro que no es flor de un día ni de un sólo nombre o rostro.
Esta corriente se diferencia del progresismo tradicional en su enfoque directo sobre las necesidades materiales de la clase trabajadora. En un contexto marcado por el coste de la vida, la inflación, el precio de la vivienda y la precariedad de la atención médica privada, candidatos como El-Sayed proponen políticas de intervención estatal que cuestionan el consenso neoliberal que dominó al Partido Demócrata desde los años 90. Desde entonces, los llamados despectivamente "socialistas", esos que son más de izquierda y menos liberales, han sido minoría y han estado realmente aislados. Senadores como Bernie Sanders y Elizabeth Warren nunca han dejado de clamar, pero casi lo hacían en el desierto. Hoy tienen pupilos, hay relevo y viene fuerte.
En Míchigan en particular, El-Sayed ha estructurado sus planes en torno a tres ejes fundamentales. El primero es el de sacar el dinero corporativo de la política, vetando esas citadas donaciones y poniendo restricciones al cabildeo y los lobbies. Fundamental, también, su apuesta de Medicare para Todos (Medicare for All), de creación de un sistema público de salud universal sin copagos ni aseguradoras privadas intermediarias, a la europea. El tercer pilar ha sido su meta de aliviar en lo económico a las familias, con reformas fiscales a las grandes fortunas para bajar los impuestos a la clase trabajadora y planes de inversión pública en energías limpias e infraestructuras.
Lo que la derecha llama "populismo de izquierda", o, peor, "comunismo woke", se había visto hasta ahora en Nueva York o hasta en California, con el gobernador Gavin Newsom (¿aspirante a la Casa Blanca en 2028?), dos wokes. Con Míchigan se produce un salto importante, por ser un estado bisagra del Rust Belt, el Cinturón del Óxido, donde conviven centros industriales, zonas agrícolas y suburbios conservadores. Que un programa socialdemócrata se imponga en un estado con estas características obliga a la dirección nacional del partido a reconsiderar su estrategia de cara a las presidenciales de 2028 y fuerza a los republicanos a preocuparse porque la balanza, en otoño, se puede inclinar al lado contrario.
El electorado árabe y musulmán, claves
Si existe un epicentro demográfico que inclinó la balanza a favor de El-Sayed, ese fue la ciudad de Dearborn y el condado de Wayne. Dearborn alberga la mayor concentración per cápita de residentes de origen árabe y de fe musulmana en EEUU. Esta comunidad, que ya fue clave en victorias demócratas pasadas, había experimentado una profunda desilusión con la cúpula del partido por la postura de la Casa Blanca y el Congreso frente a la guerra en Gaza durante 2024 y 2025.
Sin ir más lejos, el expresidente Joe Biden, en febrero de 2024, logró ganar en las primarias pero con un importante voto en contra por su apoyo a Tel Aviv: alrededor del 16% de los votantes % marcó la casilla de delegados no comprometidos (el equivalente al voto en blanco), siguiendo una campaña que animaba a ello para mostrar el rechazo al papel de EEUU en el genocidio. Un aviso en toda regla.
Ya en las elecciones presidenciales de 2024, el descontento de Dearborn se tradujo en una abstención masiva o en votos hacia terceros partidos, lo que contribuyó a la victoria republicana de Donald Trump en el estado. Apenas 80.000 votos, pero victoria. Sin embargo, la candidatura al Senado de El-Sayed en 2026 reactivó a este electorado. Bajo el liderazgo de referentes locales como el alcalde de Dearborn, Abdullah Hammoud, la comunidad árabe y musulmana registró niveles récord de participación en unas primarias de mitad de mandato, otorgando a El-Sayed más del 80% de los sufragios en varios distritos clave.
Esta movilización tiene implicaciones históricas que revientan las costuras de los libros de Historia hasta hacerse revolución social, porque de ganar en noviembre, El-Sayed se convertirá en el primer senador musulmán en la historia de EEUU. Esto demuestra que las minorías desencantadas pueden reincorporarse al electorado cuando se les presenta una candidatura con posturas firmes sobre derechos humanos y justicia social.
Contraofensiva republicana: alentando el fantasma
La victoria de El-Sayed ha provocado urticaria en las filas del Partido Republicano. Conscientes de que Míchigan es una pieza vital para el control del Senado, la maquinaria conservadora ha puesto en marcha una ofensiva centrada en la estigmatización religiosa y cultural del candidato. "Racismo", lo llaman los demócratas.
Por ejemplo, durante una intervención en la Fox, el senador republicano por Texas Ted Cruz arremetió contra El-Sayed y Mamdani, calificándolos de "islamistas" inscritos en una "convergencia verde-roja" (esto es, una alianza entre comunistas e islamistas) orientada a "implantar la ley de la sharía en EEUU". Cruz afirmó: "Odian a los judíos. Odian a los cristianos. Odian el capitalismo. Odian a Estados Unidos".
Sin embargo, como han señalado los verificadores de CNN en Español, no existe prueba alguna de que El-Sayed o Mamdani hayan respaldado la ley islámica o empleado retórica de odio ni en el pasado ni ahora que están ganando. El-Sayed, de hecho, se ha definido reiteradamente como un defensor de las instituciones constitucionales y del libre mercado regulado.
Su respuesta a los insultos republicanos se ha viralizado, canva tras canva: "Mi nombre no está aumentando el precio de la gasolina en Míchigan. Mi nombre no nos está empujando a guerras en el extranjero. Mi nombre no es la razón por la que ustedes no pueden pagar sus alimentos ni el médico de sus hijos. ¿Saben cuál es la verdadera razón? Sus políticas de mierda".
Pese a la firmeza de su respuesta, el factor religioso sigue representando un reto electoral. Encuestas históricas de Gallup indican que cerca del 25% de los votantes estadounidenses admiten cierta reticencia a votar por un candidato presidencial o de alto rango de fe musulmana. La campaña por venir pondrá a prueba la efectividad de la retórica de la polarización identitaria frente a las propuestas de corte económico.

Rumbo a noviembre
El camino de El-Sayed hacia el Capitolio estará marcado por un enfrentamiento de alto nivel con el nominado republicano, Mike Rogers. Excongresista durante 14 años y expresidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, cuenta con el respaldo total del Partido Republicano y el apoyo explícito de Trump. Es un peso notable.
Rogers, que en 2024 perdió por un estrecho margen la otra carrera al Senado ante Elissa Slotkin, representa el conservadurismo tradicional del Medio Oeste: "seguridad nacional, desregulación empresarial, proteccionismo industrial y alineamiento con el sector corporativo", como lo define el Washington Post. Su estrategia buscará atraer al votante moderado presentando a El-Sayed como una opción "radical".
Para vencer en noviembre, El-Sayed necesita cerrar las heridas de las primarias internas, que todo el partido lo arrope. Stevens, aunque no asistió a la rueda de prensa de victoria de su oponente, emitió un comunicado solicitando la unidad de la base demócrata para evitar un triunfo republicano. Un primer paso. Por su parte, El-Sayed ha adoptado un tono conciliador en sus declaraciones posteriores: "Hay un trabajo de sanación por hacer tras una primaria dura. Pero este es un movimiento abierto. Damos la bienvenida a todo aquel que entienda que debemos defender la democracia frente al autoritarismo", afirma.
El resultado del 3 de noviembre en Míchigan no sólo definirá quién ocupará el escaño que deja libre Gary Peters, sino que marcará la pauta del debate ideológico dentro del Partido Demócrata de cara a las elecciones presidenciales de 2028. Esas para las que la formación no tiene aún ni un líder ni un alma clara, para las que se espera que se reedite este duelo michiguense, redoblado por el peso de la Casa Blanca. Hay una cosa clara: EEUU cambia y sus partidos lo hacen con él, del MAGA a los izquierdistas progresistas. Y otra más: que Trump no se puede presentar de nuevo en dos años. ¿O sí?
