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Kim Jong-un asciende a su hermana a rango ministerial: estudió en Suiza con él, llamó "perro fiel" al presidente surcoreano y es una de las pocas personas en las que el líder confía

Kim Jong-un asciende a su hermana a rango ministerial: estudió en Suiza con él, llamó "perro fiel" al presidente surcoreano y es una de las pocas personas en las que el líder confía

Pese al hermetismo del país, en numerosas ocasiones ha trascendido que ella es la única confidente segura del dictador.

Kim Jong-un
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En un sistema político hermético y dominado por lealtades familiares, pocos nombres pesan tanto como el de Kim Yo-jong. La hermana menor del líder norcoreano ha consolidado su posición tras ser ascendida a directora de departamento por el Comité Central del Partido de los Trabajadores, un movimiento que en la práctica equivale a rango ministerial.

El anuncio, difundido por la agencia estatal KCNA, se produjo en el marco del congreso quinquenal del Partido de los Trabajadores, una cita clave que marca la hoja de ruta del régimen en asuntos que van desde la diplomacia hasta el desarrollo armamentístico. No se trata de un simple reajuste interno: en Corea del Norte, los ascensos son mensajes políticos.

La persona de máxima confianza

Kim Yo-jong no es una figura decorativa ni una recién llegada. Nacida a finales de los años ochenta, es hija de Kim Jong-il y de Ko Yong-hui, y forma parte del núcleo familiar que sostiene la dinastía en el poder. Se educó en Suiza junto a su hermano, Kim Jong-un, y desde la muerte de su padre en 2011 ha escalado con rapidez en la jerarquía.

Su perfil combina discreción y contundencia. Durante años ha sido considerada una de las pocas personas en las que el líder confía plenamente. Esa cercanía se traduce en funciones estratégicas:

  • Supervisión de mensajes oficiales y propaganda
  • Participación en cumbres internacionales de alto nivel
  • Emisión de comunicados duros contra Seúl y Washington

En 2018 dio un paso simbólico de gran impacto al viajar a Corea del Sur con motivo de los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang, en plena fase de acercamiento intercoreano. Más tarde formó parte del engranaje diplomático en las cumbres entre Kim Jong-un y el entonces presidente estadounidense Donald Trump en Singapur y Hanói.

Su retórica, a menudo feroz, la convirtió en la voz elegida para lanzar advertencias. Llegó a calificar al anterior gobierno surcoreano como un “perro leal” de Estados Unidos. Sin embargo, analistas apuntan que el tono se ha moderado levemente desde la llegada al poder en Seúl de Lee Jae Myung, partidario de rebajar la tensión con Pyongyang.

Un congreso para medir fuerzas

El ascenso se produce en un contexto especialmente sensible: el noveno congreso del Partido de los Trabajadores, un evento que funciona como escaparate del control que ejerce Kim Jong-un sobre el aparato del Estado.

En esta cita, el líder fue reelegido por unanimidad como secretario general del partido, reforzando la imagen de cohesión interna. Pero más allá de la liturgia política, el congreso ofrece pistas sobre el rumbo estratégico del país.

Entre los asuntos bajo escrutinio destacan:

  • La evolución del programa nuclear y de misiles
  • La postura frente a Estados Unidos y Corea del Sur
  • El papel emergente de Ju Ae, la hija adolescente del líder, a la que la inteligencia surcoreana señala como posible sucesora

En el congreso anterior, hace cinco años, Kim Jong-un calificó a Estados Unidos como el “mayor enemigo” del país. La incógnita ahora es si optará por suavizar ese discurso en un entorno internacional cambiante o, por el contrario, endurecerá aún más su posición.

Más que un apellido

El nuevo cargo de Kim Yo-jong confirma algo que los observadores daban por hecho: su influencia no depende solo de su parentesco. Aunque la estructura norcoreana es marcadamente dinástica, el ascenso dentro del Comité Central implica responsabilidades ejecutivas concretas.

Su capacidad para articular la línea oficial, gestionar crisis comunicativas y representar al régimen en momentos delicados la ha convertido en una pieza clave del engranaje político. No es habitual que una mujer alcance tal visibilidad en los círculos de poder de Pyongyang, lo que refuerza su singularidad dentro del sistema.

En un país donde los gestos se leen como señales estratégicas, su promoción envía un doble mensaje: consolidación interna y continuidad en la cúpula. Mientras el congreso define la próxima fase del programa nuclear y la orientación diplomática, Kim Yo-jong emerge como uno de los rostros imprescindibles del presente —y posiblemente del futuro— del régimen norcoreano.