Vyacheslav Gladkov, gobernador de una región rusa, sobre los cortes energéticos por los ataques ucranianos: "Se intensificará la búsqueda de enemigos internos"
Este tipo de episodios no son aislados, y desde Ucrania, el presidente Zelenski aseguró que tendrían que llevar a cabo acciones similares para contraatacar.
Los apagones no solo apagan la luz. En contextos de guerra, también encienden discursos. En la región rusa de Belgorod, fronteriza con Ucrania, los cortes de electricidad provocados por ataques recientes han llevado a las autoridades locales a endurecer su retórica y a señalar una amenaza que va más allá del frente militar: la del "enemigo interno".
Así lo expresó el gobernador regional, Vyacheslav Gladkov, que anunció un refuerzo de la vigilancia y la "búsqueda de provocadores" en medio de una situación energética que calificó de crítica. Sus palabras llegan en un momento especialmente sensible, con temperaturas invernales, infraestructuras dañadas y una población cada vez más expuesta a los efectos directos de la guerra.
Belgorod, una región bajo presión constante
La región de Belgorod ocupa una posición estratégica clave en el conflicto. Limita con las regiones ucranianas de Sumy, Járkov y Luhansk y ha sido utilizada de forma recurrente como plataforma para ataques aéreos rusos contra Ucrania. Esa condición la ha convertido también en objetivo frecuente de ataques ucranianos.
Según Gladkov, los bombardeos sobre infraestructuras energéticas se han intensificado en las últimas semanas. En particular, un ataque ocurrido el 9 de enero habría dejado sin suministro eléctrico a más de 550.000 residentes, una cifra significativa para una región que depende de una red energética ya sometida a estrés constante.
Durante una reunión del gobierno regional, el gobernador describió el estado del sistema eléctrico como "extremadamente grave" y alertó de que las pérdidas de capacidad están alcanzando "una escala prácticamente catastrófica".
Del daño material al enemigo invisible
Más allá de los problemas técnicos, el discurso oficial ha virado rápidamente hacia el terreno político y social. Gladkov aseguró que cada crisis energética viene acompañada de lo que denominó "agresiones informativas", impulsadas tanto por enemigos externos como internos.
En ese marco, el gobernador llamó a intensificar la vigilancia para detectar supuestos intentos de:
- provocar a la población
- generar pánico o descontento
- desestabilizar una situación ya frágil
- “agitar tensiones sociales”
La figura del enemigo interno, habitual en el discurso del Kremlin desde el inicio de la invasión, reaparece así ligada no solo a la seguridad, sino también a la gestión de los servicios básicos.
Guerra energética a ambos lados de la frontera
Las declaraciones de Gladkov se producen en paralelo a una intensificación de los ataques rusos contra Ucrania. En los últimos días, bombardeos con drones y misiles han provocado cortes masivos de electricidad y calefacción en ciudades como Kiev y en regiones como Zaporiyia y Dnipropetrovsk, en pleno invierno.
Aunque Ucrania no ha confirmado oficialmente ataques directos contra la red eléctrica de Belgorod, el presidente Volodymyr Zelensky ya había advertido en octubre de una posible respuesta simétrica. "Si Rusia provoca apagones en Ucrania, haremos lo mismo", afirmó entonces.
Ese intercambio tácito ha convertido la energía en un frente más del conflicto, donde las infraestructuras civiles se transforman en objetivos estratégicos y la población queda atrapada entre represalias cruzadas.
Control interno como respuesta política
Ante la crisis, Gladkov aseguró que las autoridades regionales están centradas en tareas prácticas para mitigar los efectos de los apagones, como:
- garantizar el suministro de agua
- asegurar combustible para generadores de emergencia
- mantener operativos los servicios esenciales
Sin embargo, el énfasis en la vigilancia interna sugiere que la respuesta no será solo técnica. En un contexto donde el malestar social puede crecer al ritmo de los cortes eléctricos, el control del relato se convierte en una prioridad política.
El mensaje implícito es claro: cualquier protesta, crítica o difusión de información no autorizada puede ser interpretada como una amenaza a la estabilidad regional.
Sin embargo, lo ocurrido en Belgorod no es un caso aislado, sino un reflejo de una tendencia más amplia dentro de Rusia. A medida que la guerra se acerca físicamente a su territorio, las autoridades locales empiezan a gestionar no solo los daños materiales, sino también el impacto psicológico y político sobre la población.
En ese escenario, el enemigo ya no está solo al otro lado de la frontera. También puede estar -según el discurso oficial- dentro, señalando fallos, compartiendo información incómoda o simplemente expresando cansancio. Y cuando la luz se apaga, el margen para la disidencia parece reducirse aún más.