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17/09/2012 08:06 CEST | Actualizado 09/02/2016 13:38 CET

Viajar solo, emigrar acompañado e histéresis

Personalmente, y ante la ausencia de políticas de crecimiento, no soy sin embargo optimista, y es por ello por lo que recomiendo a los parados -y especialmente a los más jóvenes- la emigración. De lo contrario, estos jóvenes pueden verse atrapados en su histéresis particular.

En entradas anteriores de este blog he escrito bastante sobre la emigración como solución concreta a un problema existente en España. Lo creo firmemente por mi propia experiencia, pero sobretodo porque existe evidencia científica que sustenta mis afirmaciones, y que me perdonen los de letras si lo que me propongo explicar les resulta demasiado confuso.

Los científicos denominan histéresis la tendencia de un material a conservar una propiedad física en ausencia del estímulo que la ha generado. En electromagnetismo, por ejemplo, la histéresis se manifiesta cuando se acerca un objeto metálico a un campo magnético y el objeto metálico queda imantado incluso después de haberlo alejado del campo en cuestión. Por analogía, los economistas usan también el concepto de histéresis básicamente para referirse a la dificultad de bajar los niveles de desempleo después de que éstos hayan aumentado durante una recesión. Han pasado ya varios años desde la explosión de la burbuja y la apoteosis de la Gran Recesión y no por ello estamos mejor, dado que arrastramos la maldita histéresis.

En sus Ensayos de persuasión, Keynes escribió sobre la Gran Depresión usando una metáfora que refirió como el magneto trouble y que podemos traducir libremente como el problema del alternador. Según Keynes, quien era un revolucionario sólo en lo intelectual, la Gran Depresión podía asimilarse a un simple problema mecánico: el motor de un coche averiado porque el alternador falla. Frente a un problema de esta índole, lo razonable según Keynes es cambiar el alternador para reparar el motor, aunque nos cueste algo de dinero, pongamos 100 euros. Otra posibilidad a barajar sería reemplazar completamente el motor, con un coste presumiblemente mayor, de pongamos 3000 euros.

Las cosas son obviamente algo más complicadas que una bonita imagen por buena que ésta sea, pero si yo retomo la metáfora del imán anterior, España sería un objeto metálico y el euro el campo magnético que nos atrapó hace ahora unos cuantos años induciendo a nuestra economía en histéresis. La receta que Keynes proponía para reactivar la economía después de la Gran Depresión era estimular la demanda vía el gasto público mientras durara la crisis y equilibrar las cuentas después. Desafortunadamente, aunque la teoría de Keynes haya calado entre los mejores economistas no ha ocurrido lo mismo con la población general. La gente como Esperanza Aguirre lo sabe perfectamente y usan la situación para crear confusión, creando falsas analogías para defender agendas ideológicas que nada tienen que ver con la recuperación de la economía, y a lo peor algunas amas de casa la creen. Ahora mismo España no puede en la práctica aplicar las recetas de Keynes porque con el euro delegamos la política monetaria a Bruselas y actualmente dejamos que Merkel dicte nuestra política fiscal. Y si queremos seguir usando el euro (que por otro lado sería mejor ir ya rebautizando como el 'deutschie' o algo por el estilo) a lo mejor no nos queda otro remedio que tragar quina, pero por lo menos seamos conscientes de que lo que Alemania y compañía nos proponen es que en vez de aplicar políticas que nos liberen de la histéresis que venimos arrastrando nos quedemos bien pegados al imán que nos impide salir de ésta sin ofrecer solución alguna a nuestra crisis.

Existe en economía una ley puramente empírica -basada pues sólo en la observación- pero bastante fiable conocida como la ley de Okun, que en resumidas cuentas viene a decir que para que el paro baje la economía debe crecer más del 2%. La ley de Okun sólo ha probado ser claramente efectiva con tasas normales de paro (de por ejemplo el 7%, lo que es lejos de ser nuestro caso), por lo que puede que aun quepa tener esperanza en que el empleo se recupere en nuestro caso. Personalmente, y ante la ausencia de políticas de crecimiento, no soy sin embargo optimista, y es por ello por lo que recomiendo a los parados -y especialmente a los más jóvenes- la emigración. De lo contrario, estos jóvenes pueden verse atrapados en su histéresis particular y que el paro que sufren en un momento particularmente importante de sus vidas como es la primera toma de contacto con el mercado de trabajo les afecte durante muchos años, y desafortunadamente quizás el resto de su vida como demuestra este estudio de la Universidad de Columbia.

Emigrar cuando se es joven y se está mínimamente preparado no es difícil. Puede además ser una buena ocasión para crecer no sólo profesionalmente sino también personalmente. Yo he emigrado tanto solo como acompañado, y aunque al final ambas experiencias han salido bien emigrar acompañado plantea problemas particulares, como es la adaptación no ya de uno mismo sino de la pareja al país destino. Mi pareja tenía en principio buenos números para encontrar trabajo en Mauricio (es francófona y tiene un máster en la Sorbona), pero pese a todo le ha costado casi un año lograr un empleo aquí y la espera no ha sido fácil. Ahora que lo ha conseguido nos enfrentamos a un problema mucho menor, como es la sincronización de nuestras vacaciones, y es por ello que la semana que viene voy a tomarme unos días libres en Rodrigues, la segunda isla en importancia tras Mauricio, parte de la misma república y llamada así en honor al navegante portugués Diogo Rodrigues. Iré solo, y espero poder contaros desde este blog mi experiencia.

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