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13/07/2014 09:51 CEST | Actualizado 11/09/2014 11:12 CEST

Alerta por el 'virus' que afecta ya a miles de españoles

Revise sus últimos emails, tuits o actualizaciones para saber si está infectado del virus que nos lleva a quejarnos como recurso para luego transportarnos a un estado peor: la inactividad. Una enfermedad compleja con síntomas fáciles de identificar en los demás, pero difíciles de encontrar en uno mismo.

GTRES

Está completamente extendido entre nosotros y atañe a un número tan elevado de personas que es posible que usted, sin saberlo, conviva con él o sea portador del mal que está provocando que miles de españoles deseosos de un cambio en nuestra sociedad, reflexionen sobre la difícil situación para finalmente actuar, compartiendo en sus blogs, muros, estados o conversaciones, la más innovadora (permítame escribir con ironía) herramienta disponible para mejorar esta realidad: ¡la queja!

Quizás sea bueno que antes de continuar revise sus últimos emails, tuits o actualizaciones para saber si está infectado del virus que nos lleva a quejarnos como recurso para luego transportarnos a un estado peor: la inactividad. Se trata de una enfermedad compleja con síntomas fáciles de identificar en los demás, pero difíciles de encontrar en uno mismo.

Más de cuatrocientos años han pasado desde que Baltasar Gracián dijo en El arte de la prudencia: "Gánese la reputación a precio de trabajo". Hoy, cual doctor, acabo de ser consciente del síndrome que nos rodea cada día haciendo que las personas expresen cuánto desean un cambio, pero después no lo trabajen en absoluto. Quejarse dista de hacer, tanto como desear de conseguir. Fíjese qué avances tan grandes podríamos obtener con un simple cambio verbal:

  • Yo me quejo propongo
  • te quejas propones
  • Él se queja propone
  • Nosotros avanzamos

Propongo pues una palabra: responsabilidad. La responsabilidad individual de saber que sólo haciendo, conseguimos; la responsabilidad colectiva de pensar antes de compartir, comprendiendo que nos leen personas en situaciones más complicadas; la responsabilidad moral de entender que no tiene sentido transmitir algo, sin el valiente compromiso de hacerlo para construir un mundo mejor. En definitiva, la responsabilidad de saber que el espíritu crítico sólo cobra sentido si le precede un espíritu constructivo.

Discúlpeme si actualmente se encuentra en situación de desempleo, tiene problemas económicos o personales; no es usted a quien dirijo este mensaje, sino a los que cada día le rodeamos careciendo de la responsabilidad de preguntarle cómo le podemos ayudar. Una responsabilidad que desearemos e incluso le exigiremos cuando el tiempo invierta las situaciones.

Seguro que desde hoy identificará a los afectados por este síndrome en su ciudad, grupo o redes sociales; los reconocerá por expresarse en negativo sin propuesta para poner remedio. Sin embargo créame, usted está aquí para sumar y contribuir, por ello le propongo la siguiente acción: comparta este u otro artículo con una de esas personas que le inspiran y escríbale: "Comparto esto contigo porque personas como tú me hacen creer en el futuro de esta sociedad". Cuando tenga respuesta, entenderá que éste modo contribuirá mucho más que la queja. ¿Actuamos? Todos somos responsables de remontar, por poco que sea, esta situación.