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10/02/2016 07:38 CET | Actualizado 09/02/2017 11:12 CET

Confesiones de una madre ama de casa

jessica johnstonSé que piensas que siempre voy en chándal porque me paso el día haciendo pilates mientras mis hijos tocan piezas de Mozart con la armónica, pero te voy a decir la verdad: llevo esa ropa porque es elástica.

Sé que piensas que siempre voy en chándal porque me paso el día haciendo pilates mientras mis hijos tocan piezas de Mozart con la armónica, pero te voy a decir la verdad: llevo esa ropa porque es elástica.

En esos momentos en los que no tengo un montón de ropa pendiente de lavar, les enseño francés y les ayudo a dibujar réplicas de Rembrandt con ceras. Vale, todavía no hemos hecho eso, pero, según mis planes, cuando cumplan 30 años les habré enseñado todo. Estoy deseando empezar.


Ya no oigo a los niños.

Cada vez que mi marido y yo cogemos el coche y conduce él, me dedico a poner canciones que me gustan y a depilarme las cejas. Obviamente. Pero, cuando pasa un rato, noto cómo me mira arqueando las cejas. Así una no se puede concentrar en condiciones y llega un momento en el que es imposible ignorarlo.

"¿Qué pasa?", le pregunto.

"¡Los niños!", responde mi marido.

"¿Qué?", pregunto otra vez.

"¡Estoy conduciendo! ¿No puedes hacer algo?".

Es entonces cuando me doy cuenta de los gritos que emanan de los asientos de atrás. Parece ser que están discutiendo por ver quién se queda con un asombroso tesoro que acaban de encontrar en el suelo del coche: un tique de la compra. Le intento explicar a mi marido que mi habilidad de desconectar se puede aprender, pero no quiere ser mi discípulo.

Solo existe una razón por la que llevo abrigo en primavera para recoger a los niños del colegio.

No me apetecía nada ponerme sujetador. Pero nada.

Tengo amigos que no beben café.

De verdad, soy incapaz de comprender una vida sin café. Mi estrategia de maternidad consiste en intentar no hablar hasta ingerir algo de cafeína. Una vez, alguien me dijo que una manzana aporta más energía que una taza de café. Mmm... Primero: una manzana me da la energía justa para tomarme dos tostadas con mantequilla. Segundo: lo he probado y lo único que he conseguido es sentirme con menos energía que un ladrillo, así que ya he tenido suficiente.

Además, estoy planteándome seriamente tatuarme en el pecho "El café es mi vida".

Si me visto y me maquillo es porque voy a algún sitio.

Aunque sea ir a correos o a la ferretería, necesito testigos: me he vestido con ropa decente. De nada. ¡Ah! La próxima vez que veas a una madre con ropa decente y maquillada, valóralo. De hecho, hasta puedes ofrecerte a hacerle una foto y subirla a Instagram con el hashtag #buenorra. Ella quería haber salido de casa a las 9 de la mañana y son las 15:45, necesita reconocimiento.

La comida de los niños es la mejor.

Solo existe una razón por la que me rebajo al nivel de mis hijos y me como sus nuggets de pollo: porque me puedo comer 15 sin darme cuenta. ¿¡Por qué están tan ricos!? Vale, no hago comidas típicas de niños constantemente (no me juzguéis), pero seamos sinceros, ¿y lo ricos que están unos macarrones con tomate? Ahí lo dejo.

Ahora solo soy capaz de pensar como una madre.

A una de mis amigas se le olvidó el nombre cuando iba a firmar un recibo. Yo tardo diez minutos en recordar los años de nacimiento de mis hijos (y necesito contar con los dedos). Cuando la gente me pregunta qué he estado haciendo, me quedo mirándolos sin decir nada hasta que se sienten incómodos. No es que trate de hipnotizarlos, es que intento recordar qué he hecho durante la semana pasada y, ¡en efecto!, no me acuerdo de nada.

Los calcetines son mis enemigos.

¿Dónde se han metido? No importa cuántos haya comprado. Ya ni siquiera intento emparejarlos. Encontrar calcetines sin pareja es algo habitual en nuestra casa, pero cuando te ves intentando convencer a tu hijo de 8 años de que se pruebe los calcetines de su hermana de 4... te das cuenta de que la situación es desesperada. Buenos días, me gustaría contratar una suscripción de 100 calcetines mensuales. Talla única de 2 a 30 años. Muchas gracias.

Los descansos están hechos para mí.

Obviamente. Antes daba por hecho que siempre podría tener descansos, pero ya no. Para mí, los descansos son mi momento de comer de chocolate a escondidas y de ver un par de vídeos de YouTube que contengan alguna que otra palabrota. Lo bueno es que tanto mis hijos como yo tenemos una mejor actitud después de estos descansos.

Soy ese tipo de madre.

Cuando voy conduciendo y me encuentro a un grupo de niños caminando por el medio de la carretera, ya no me limito a esperar a que se den cuenta de mi presencia y luego pasar a su lado con cuidado. Ahora me paro y les doy una charla sobre otras formas mejores de seguir con vida. ¿Y cuando me encuentro con niños sin la supervisión de un adulto diciendo palabrotas y tirando piedras cerca de las cabezas de otros niños desde el muelle? No pasa nada, si se necesita una bronca maternal, estoy plenamente capacitada. Es mi nueva especialidad.

Me gusta mi trabajo.

Querido desconocido que estás tan aliviado por no tener que vivir mi vida, parece que piensas que me han obligado a pasar todo mi tiempo con niños pequeños. Puede que te sorprenda saber que mi marido no me encierra en casa cada día. Me quedo con mis hijos porque quiero. Puede que no vaya a ser siempre ama de casa, pero, de momento, he elegido serlo.

Requieren mucha paciencia, pero también son geniales y desternillantes. Por muy cansada que esté, estoy cansada de la mejor manera posible.

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La versión original de este post se publicó en Wonderoak (en inglés).

Este artículo fue publicado con anterioridad en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros.

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