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24/09/2018 07:12 CEST | Actualizado 24/09/2018 07:12 CEST

Lo que el “efecto cabina telefónica” te está haciendo

PIXABAY

Hace muchos, muchos años, era habitual encontrar cabinas telefónicas por la calle. Como no había smartphones, esa era la única manera de contactar con alguien estando fuera de casa. Formaban parte de la escena urbana de casi cualquier país y, en algunos sitios, sus diseños eran tan llamativos que llegaron a convertirse en símbolos patrios. Sin embargo, si bien hace tiempo hablar por teléfono desde una cabina era un gesto normal, hoy día en nuestro país casi nueve de cada diez personas jamás ha utilizado una, y están a punto de extinguirse.

A pesar de ello, hay algo misterioso en la forma en la que usamos nuestro teléfono, puesto que, en muchas ocasiones, lo utilizamos como si aún estuviéramos protegidos por una de aquellas cabinas. ¿A quién no le ha pasado que se ha enterado de la vida y milagros de un convecino en la cola del cine? ¿Quién no ha sido molestado por las notificaciones entrantes de un pasajero que viaja en su mismo vagón? ¿A quién no le ha importunado el estridente juego en el que un niño se afana usando el móvil de su madre? Da la sensación de que, cuando estamos interactuando con nuestro teléfono, nos aislamos del mundo, como si estuviéramos dentro de una cabina, y no somos conscientes de que los demás nos oyen.

Deberíamos luchar por conseguir entornos con menos contaminación acústica

Este inoportuno "efecto cabina telefónica" es sumamente sorprendente porque, por otro lado, resulta que cuando hablamos por teléfono lo hacemos 1,6 veces más alto que cuando conversamos cara a cara. Tal vez porque, inconscientemente, subimos el tono de voz al sentir que la otra persona está lejos. En otras palabras: no solo la sensación de aislamiento es falsa y todo el mundo puede oír nuestra conversación sino que, como además hablamos más alto, se nos oye más de lo normal.

Es posible que alguien pueda pensar que estamos tan rodeados de este tipo de ruidos que nos hemos acostumbrado a ellos. Nada más lejos de la realidad: un estudio ha mostrado que tener nuestro teléfono cerca y estar escuchando notificaciones nos distrae y afecta negativamente a nuestra productividad.

Está claro que el "efecto cabina telefónica" disminuye nuestra concentración y nuestra productividad

Desafortunadamente no podemos controlar el nivel de ruido de nuestro entorno. Aunque sí podemos, al revés, intentar ser más conscientes del impacto que el "efecto cabina telefónica" tiene en nosotros de cara a los demás y, por ejemplo, retirarnos para hablar o silenciar el teléfono cuando haya más gente alrededor. Y, por supuesto, reflexionar sobre la influencia negativa que tiene sobre nuestra productividad estar recibiendo constantemente notificaciones, tanto si son sonidos como si son vibraciones.

Dice Gregorio Luri que "la atención es el nuevo cociente intelectual". Y está claro que el "efecto cabina telefónica" disminuye nuestra concentración y nuestra productividad. Por tanto, deberíamos luchar por conseguir entornos con menos contaminación acústica. Y, desde luego, olvidarnos de verdad del teléfono cuando necesitemos estar concentrados.

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