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11/09/2013 07:42 CEST | Actualizado 10/11/2013 11:12 CET

El universo para Ulises

Si hubiera más divulgación científica, se desarrollaría el pensamiento racional (eso que ahora llaman "pensamiento crítico"), y esta manera de razonar, a largo plazo, provocaría que hubiera menos casos Bárcenas y menos escándalos ERES, porque a un pueblo capaz de detectar embustes difícilmente se les puede engañar. Más ciencia equivaldría a menos corrupción.

No hace mucho, durante una cena, varios amigos se metieron conmigo cuando dije que la investigación científica acerca del universo debería ocupar más titulares que la corrupción política. Me dijeron que eso es precisamente lo que los corruptos querrían, que se dejara de hablar de ellos para que estuviéramos distraídos con el funcionamiento de las galaxias espirales, mientras ellos continuaban haciendo de las suyas sin que nadie los observara.

Creo, honestamente, que mis amigos se equivocan. Si hubiera más divulgación científica, se desarrollaría el pensamiento racional (eso que ahora, los que siguen la moda, llaman "pensamiento crítico"), y esta manera de razonar, a largo plazo, provocaría que hubiera menos casos Bárcenas y menos escándalos ERES, porque a un pueblo capaz de detectar embustes, a unos ciudadanos entrenados en la búsqueda de la verdad, difícilmente se les puede engañar.

Más ciencia equivaldría a menos corrupción.

Me ha pedido El Huffington Post que escriba algo similar a una introducción que sirva a la publicación del primer capítulo de El universo para Ulises. Nada me hace más ilusión en el mundo, y no tanto porque pueda hablar de mi libro (que también), sino porque me permite decir algo acerca de mi tema favorito: la perplejidad que nos genera este gigantesco escenario en el que todos vivimos, esta cosa rara, sutil y compleja que hemos convenido en llamar el universo.

Porque El universo para Ulises trata precisamente de eso, del tremendo estupor, del asombro y la fascinación que sentimos cuando nos da por mirar arriba cualquier noche y vemos colgadas esas luces aparentemente inexplicables.

El libro, del que El Huffington publica ahora el primer capítulo, es un homenaje al método científico, una historia de la ciencia narrada con todo el cariño del que he sido capaz y destinada a todos aquellos lectores que no saben prácticamente nada acerca de este monumental decorado lleno a rebosar de galaxias, planetas, agujeros negros y partículas que se comportan de modo radicalmente insólito.

En el fondo, quise hacer una canción de amor a la ciencia y sin querer narré su historia, desde los primeros tanteos en la antigua y soleada Grecia, pasando por Kepler, Newton, Galileo, para llegar más tarde a Max Planck, Einstein, Pauli, De Broglie, Bohr y finalizar con los últimos descubrimientos sobre física y teoría de cuerdas. Todo se lo cuento a mi hijo, a Ulises, pero obviamente me estoy dirigiendo a todo aquel que sienta interés por estos asuntos.

Cuando era pequeño, me fascinaron las obras de Isaac Asimov, esos libros tremendamente generosos en los que el autor nos explicaba los logros de los científicos. Recuerdo su introducción a la ciencia con absoluta veneración. Luego, como muchos de mi generación, quedé fascinado con Carl Sagan y su serie Cosmos, y de ahí ya no pude escapar nunca más. La ciencia ha sido siempre mi historia de amor, tal vez la única que se ha mantenido, y los descubrimientos acerca del universo me han generado una emoción muy parecida a la del arte.

Si mi libro pudiera servir para algo, me gustaría que fuera para que empezáramos a admirar a los científicos de otra manera. Es cierto que sentimos por ellos cierta admiración, pero se trata de una admiración fría, distante, como esa emoción mezclada con miedo que nos provocan los paisajes nocturnos de montañas con tormenta, muy distinta por tanto a la que sentimos por los artistas, mucho más caliente y cercana, como la de las postales de las playas. Os aseguro que los Bárcenas de todos los partidos políticos empezarán a temblar cuando todos sintamos por los científicos esa admiración caliente, cuando quedemos atrapados por la belleza del método científico, el mejor detector de embustes que ha generado la humanidad.

Ojala os guste este primer capítulo del libro. Mi sentido del espectáculo, causado por mi trabajo, me hace deciros a todos que lo que viene después es infinitamente mejor.

Un abrazo y hasta muy pronto.

LEE EL PRIMER CAPÍTULO DE 'EL UNIVERSO PARA ULISES':

Juan Carlos Ortega_El Universo Para Ulises by ElHuffPost

el universo para ulises

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