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29/10/2015 07:24 CET | Actualizado 28/10/2016 11:12 CEST

La estrategia del calamar

rajoyEs posible que Rajoy, en un acto de patriotismo impostado, suspenda la autonomía catalana. Alguien se hará cargo, mientras esa provisionalidad dure, del Gobierno de la Generalitat, y Mas, a través de la señera Forcadell y demás aliados, convocará huelgas generales, marchas por la Diagonal y concentraciones millonarias. No se sabe quién tendrá mejores resultados electorales. Mientras tanto, la economía catalana y sus empresas perderán cuotas de mercado, horas de trabajo, cierre de fábricas y negocios y habrá aumento del paro en Cataluña.

EFE

La tinta de calamar, ese pigmento oscuro que desprenden algunos cefalópodos, que se expulsa por las aberturas laterales cuando el cefalópodo se encuentra en peligro, deja un rastro oscuro que permite desorientar al atacante. Se trata generalmente de una estrategia de evasión. Esta estrategia, vieja como la vida misma, no solo es usada por el calamar. Todos, en alguna ocasión, hemos tirado de ella cuando hemos sentido que lo mejor era que se perdiera nuestro rastro para evitar que alguien pudiera hacer el tiro al blanco con nosotros. Hay ejemplos muy acabados en la vida y en la literatura de la estrategia de la tinta del calamar. Sin ir más lejos, Podemos, la emergente-descendente nueva fuerza política, la emplea constantemente, arrojando tinta, según los temas y los espacios, para impedir ser percibido con claridad por los depredadores y para no asustar a ningún posible votante.

Ahora la tinta del calamar está siendo empleada, y de qué manera, por la Generalitat de Cataluña y por su presidente en funciones, Sr. Artur Mas, siendo correspondido de la misma manera por el Gobierno de España y por su presidente, Sr. Mariano Rajoy. A ninguno de los dos les interesa que se hable de lo que habría que hablar en los momentos que se viven en Cataluña y en el resto de España. A Artur Mas, la estrategia le está dando un resultado excelente. Se presentó a unas recientes elecciones autonómicas, en las que tenía que dar cuenta del uso que hizo de su etapa como presidente de Cataluña, sin que haya tenido necesidad de dar una sola explicación de la política seguida por su Gobierno y de los casos de corrupción en los que se encuentra empantanado su partido. En las elecciones de septiembre pasado no tuvo necesidad de arrojar tinta para envolver y cegar a sus adversarios políticos; sencillamente, Mas, se ocultó en una lista electoral en la que iba pero no iba, escondido entre radicales antisistema, republicanos confesos e independentista radicales. La burguesía catalana amparada, protegida y oculta por la izquierda radical, republicana, anticapitalista y antisistema.

Ahora hay que elegir presidente, y quien iba de número cuatro quiere ser el número uno. Se le ha complicado la cosa porque los datos sobre la corrupción institucional del Gobierno de Mas y de su partido se intensifica por días. Y, ahora, sí. Ahora, la estrategia del cefalópodo está en su punto más álgido. Mas echa tinta negra por todas sus branquias y por todos sus poros. Los representantes políticos de la burguesía catalana no están dispuestos a que su buen nombre se deslice por el barro de la ignominia. De nuevo, la independencia catalana ha hecho acto de aparición para que todos hablemos de eso y no de la corrupción.

Algún día la izquierda radical catalana se dará cuenta, cuando ya sea tarde para ellos, de que, de nuevo, sirvieron de palmeros al señorito, que perdieron política y electoralmente, y que dejaron a la intemperie a miles de trabajadores víctimas del aquelarre burgués catalán y español.

Y el presidente del Gobierno no ha perdido la oportunidad de dejarse atrapar en la tinta negra, no para despistarse, sino para envolver también en ese viscoso líquido a quienes, supuestamente, iban a juzgar sus cuatro años al frente del Gobierno de España. Y ya tenemos al jefe político de la burguesía catalana peleando con el jefe político de la burguesía española. El primero, recibiendo el apoyo de republicanos independentistas, comunistas, anarquistas y anticapitalistas (lo que ellos creen que es la izquierda radical catalana), y el segundo, consagrándose como el garante de la unidad de España ("Mientras yo sea presidente del Gobierno, nadie romperá la unidad de España") y esperando recibir el apoyo incondicional de la izquierda español, a que ya ha hecho su primera proclama a favor del representante español por boca de la presidenta de la Junta de Andalucía.

No se sabe cuánto rédito electoral producirá este tipo de estrategia en los dos contendientes principales de esta comedia. Ya se sabe que la independencia catalana no será. El Parlamento catalán representará el papel que tiene asignado iniciando el proceso que no llevará a ninguna parte, y el Gobierno de España representará el suyo llegando algo más lejos de donde lleguen los independentistas catalanes. Es posible que Rajoy, en un acto de patriotismo impostado, aplique el artículo 155 de la Constitución española y suspenda la autonomía catalana. Alguien se hará cargo, mientras esa provisionalidad dure, del Gobierno de la Generalitat, y Mas, a través de la señera Forcadell y demás aliados, convocará huelgas generales, marchas por la Diagonal y concentraciones millonarias. No se sabe quién tendrá mejores resultados electorales. Mientras tanto, la economía catalana y sus empresas perderán cuotas de mercado, horas de trabajo, cierre de fábricas y negocios y habrá aumento del paro en Cataluña.

La representación política de la burguesía catalana tendrá nuevamente un president o presidenta que defienda sus intereses, dentro del Estado español. Puede ser que Rajoy vuelva a ganar las elecciones sin haber tenido que dar cuenta de los casos de corrupción que ya nadie tendrá interés en seguir. La izquierda radical catalana seguirá pensando que llevan del ronzal a Mas y a su partido. Algún día se darán cuenta, cuando ya sea tarde para ellos, de que, de nuevo, sirvieron de palmeros al señorito, que perdieron política y electoralmente, y que dejaron a la intemperie a miles de trabajadores víctimas del aquelarre burgués catalán y español. Todos volveremos a oír que "Mientras yo sea presidente del Gobierno no habrá independencia de ningún territorio español". Nunca olvidaremos que mientras lo fue, la bacanal independentista se representó ante todos nosotros para su provecho electoral y el de sus compinches catalanes.

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