Daniel, experto en biología, estudia el cerebro de las hormigas y por qué cambian de oficio al envejecer: "Quizás no seamos tan distintos de ellas"
“Nuestras preferencias cambian con la edad, y lo mismo ocurre con las hormigas”, explica.
Aunque a simple vista parezcan insectos sencillos que solo caminan en fila y transportan comida, las hormigas esconden una organización extraordinariamente compleja. Su forma de cooperar, repartir tareas e incluso modificar su comportamiento con el paso del tiempo sigue sorprendiendo a los científicos. Ahora, una nueva investigación ha descubierto qué ocurre en su cerebro cuando cambian de "oficio" al envejecer.
Detrás de este descubrimiento se encuentra Daniel Kronauer, biólogo de la Universidad Rockefeller de Nueva York, cuyo equipo ha logrado identificar los mecanismos cerebrales que impulsan esta transición. Las hormigas no cambian de función por azar, sino que su cerebro modifica de forma natural determinadas moléculas a medida que envejecen, pasando de cuidar a las crías dentro del hormiguero a salir al exterior en busca de alimento. "Quizás no seamos tan diferentes de las hormigas después de todo", asegura el biólogo.
El estudio, publicado en la revista Nature, se centró en la hormiga saqueadora clonal (Ooceraea biroi), una especie muy particular porque no tiene reina y se reproduce por partenogénesis. Durante los primeros meses de vida, las obreras permanecen dentro del nido cuidando huevos, larvas y pupas. Sin embargo, al hacerse mayores abandonan esa labor y pasan a convertirse en recolectoras, encargadas de conseguir alimento para toda la colonia.
Identifican dos proteínas clave
Aunque todas estas hormigas son prácticamente idénticas desde el punto de vista genético, los investigadores sospechaban que las diferencias debían encontrarse en su cerebro. Para comprobarlo, analizaron decenas de neuropéptidos, esas pequeñas moléculas que permiten la comunicación entre neuronas, y observaron cómo cambiaba el comportamiento de las hormigas al modificar sus niveles.
Los experimentos permitieron identificar dos proteínas clave: NPF y AstA. La primera favorece que las obreras permanezcan cuidando a las larvas, mientras que la segunda impulsa el comportamiento explorador y la búsqueda de alimento. Con el paso del tiempo, los niveles de NPF disminuyen y los de AstA aumentan, lo que explica por qué las hormigas abandonan progresivamente las tareas de crianza para asumir funciones de recolección.
Para Daniel Kronauer, las conclusiones van mucho más allá del mundo de los insectos. "Todos observamos que nuestro comportamiento y nuestras preferencias cambian con la edad, y lo mismo ocurre con las hormigas", explica el investigador. Como muchos de los mecanismos moleculares que regulan el cerebro son compartidos por insectos y mamíferos, cree que estos pequeños animales pueden ayudar a comprender mejor el envejecimiento saludable.