Sophie, sobre el aumento del precio de los sellos en el país pegado a España: "La gente dejará de escribir por completo"
“La correspondencia es una de mis mayores alegrías”.
El aumento del precio de los sellos en Francia, ha vuelto a encender el debate sobre el futuro del correo tradicional. Desde este mes de enero, enviar una carta cuesta de media un 7 % más, una subida que ha afectado especialmente al sello verde, el más utilizado, que ha pasado de 1,39 euros a 1,52 euros, un incremento cercano al 10 %. Para muchos usuarios, se trata de un ajuste más; para otros, como Sophie Wery, es una amenaza directa a una forma de vida y de comunicación que se resiste a desaparecer.
Sophie Wery ha expresado su preocupación en la sección Cartas de los lectores de Ouest-France, medio que ha recogido su testimonio junto a la agencia API. Nacida en la década de 1950, Sophie pertenece a una generación que creció escribiendo cartas a mano y para la que el correo postal no es un servicio más, sino un vínculo humano esencial.
“Las cartas manuscritas, enviadas y recibidas, mantienen lazos fuertes y estables”, explica. Para ella, escribir no es solo transmitir información, sino compartir emociones, vivencias y fragmentos de vida que difícilmente caben en un mensaje digital.
Vivir sin ordenador
En un mundo cada vez más digitalizado, Sophie vive sin ordenador y sin comunicación en línea. Aclara que no se trata de falta de conocimientos tecnológicos, sino de una elección personal. “Me niego a comunicarme ‘online’, con todos los inconvenientes que ello conlleva”, afirma con rotundidad.
A lo largo del año, Sophie escribe numerosas cartas y tarjetas, muchas de ellas acompañadas de sellos cuidadosamente escogidos, a los que concede casi el mismo valor simbólico que al propio mensaje.
Un servicio que se daña a sí mismo
Sin embargo, la alegría que Sophie encuentra en la escritura se ve empañada por los continuos incrementos de precios. “Los sucesivos aumentos en el precio de los sellos me hacen creer que el servicio postal se está perjudicando a sí mismo”, lamenta. A su juicio, La Poste ––el servicio de Correos en Francia–– corre el riesgo de perder a sus últimos clientes fieles, aquellos que todavía mantienen viva la tradición epistolar.
La consecuencia, advierte, podría ser irreversible: “La gente acabará dejando de escribir por completo”. Para Sophie, quienes aún envían cartas ya se sienten penalizados y desanimados, y cada subida supone un empujón más hacia el abandono definitivo.