Carmen Avilés, bailaora: "Quiero ir al Sónar, al Primavera Sound y que la gente joven se interese por el flamenco"
La bailaora de Puerto Lumbreras (Murcia), que ha marcado la diferencia en redes sociales con sus vídeos bailando en chándal, presenta su espectáculo 'Carmela'.

A la hora de pensar en una bailaora flamenco, para muchos la imagen que se viene a la cabeza es la que recuerda a la flamenca del televisor: caracolillos en el pelo, flor y una gran bata de cola o traje de lunares rojos y blancos. Pero Carmen Avilés, aunque se transformó en esta icónica flamenca en una de las campañas de Cruzcampo más virales de los últimos años, ha sentado otra imagen que le ha valido para diferenciarse y darse a conocer en redes sociales: el chándal.
"Soy igual de cantaora con un chándal de Versace, que vestidita de bailaora", decía Rosalía en sus Bulerías de Motomami. Y Avilés ha demostrado que así es. Esta seña es propia de su naturaleza y su relación con el baile, que va más allá del flamenco puro y que tiene una estrecha influencia de otros géneros como el rap, la electrónica o el pop, quedan plasmados en su primer espectáculo Carmela, en el que ella está a los mandos de todo: el cante, el baile e incluso el vestuario.
"Ha sido superbonito y a la vez muy duro, porque es mi primer espectáculo y estoy sola al frente de un montón de músicos buenísimos, bailaoras increíbles... Es bonito y duro. Todo, los vestuarios me estoy encargando yo, de los músicos también, de las bailaoras, de todo lo que hay detrás", cuenta a El HuffPost la bailaora.
Según revela, que el chándal se convirtiera en su seña de identidad fue involuntario: "Fue sin querer, la verdad es que yo ya no me veía bailando con un vestido, no me sentía ya identificada. Además, me gusta mucho bailar otras músicas, electrónica, rap, pop... Y con esas músicas que yo bailaba, era raro colocarte un vestido de volantes y yo, como me ponía en casa, era como me grababa y a la gente le encantó".
"No me han reconocido tanto por el anuncio, como por mis vídeos de redes sociales. Me dicen: 'Ay, tú eres la de los vídeos de Instagram'. Y lo de Cruzcampo sí que me lo dicen, pero no tanto. Yo pensaba que igual me iban a reconocer más, pero al final salgo tan muñequita que luego me ves por ahí por la calle como una salvaje, no me reconocen", explica.
A pesar de su potente estética, Avilés asegura que defiende el "traje de flamenca", pero también que cada uno tenga vía libre para elegir su estilo, como ya han marcado otras como Sara Baras o Rocío Molina, quienes también recibieron críticas en sus inicios de los puristas por sus estilismos. O por introducirse en palos tradicionalmente masculinos, como la farruca, una frontera que ya rompió Carmen Amaya a comienzos del siglo pasado.
"Imagínate que todos pensáramos igual, y entonces yo no es que vaya a llevar el flamenco a que todas vayan así en chándal ni nada. Cada una tiene su gusto, y yo llegué a un punto en el que yo no me veía con el vestido de flamenca", apunta.
Aunque en el imaginario colectivo la imagen estereotipada del flamenco sea una, dentro de las aulas y los locales de ensayo es otra: "Vas al ensayo de cualquier maestro, cualquier profesor, y tú te encuentras a todas las niñas en chándal, ensayando con su chándal, algunas llevan sus falditas y sus cosas, pero como van es en chándal". "Yo me grababa como lo hacía y, la verdad, que después me sentí muy a gusto así, y he querido seguir con esa estética", recuerda.
Además de estos encorsetados cánones de vestimenta que se han ido rompiendo con los años, también lo han hecho los palos, los géneros y la rigidez de mezclar el flamenco con la electrónica, el jazz, el rock o el reguetón.
"Creo que esto es una cosa que lleva pasando desde hace eones, porque Camarón ya metió unos sonidos increíbles en los 70, que decían 'qué le pasa a este hombre, está loco', y luego muchísimos más. Yo no he sido ni la primera ni voy a ser la última, y eso siempre va a ser criticado por los puristas", recuerda.
Aunque para Avilés, esto no es una cuestión única del flamenco y ocurre "en todos los géneros". "Pero eso no lo he inventado yo, eso estaba ya superinventado. Lo que pasa es que yo le estoy dando mucho bombo y parece que a más de uno se nos está yendo la cabeza, pero no. No se nos está yendo la cabeza a ninguno, porque eso está ya más que hecho y está trillado. Vamos, Las Grecas, qué no hicieron Las Grecas", enfatiza.
"Mi grupo favorito del mundo mundial es Triana, que es el summum del rock andaluz, con sonidos, con sintetizadores. Está superinventado todo", indica. Eso sí, admite que "Rosalía ha abierto camino sobre todo a nivel universal" y que "aquí en España ha hecho a mucha gente joven interesarse por el flamenco".
"Después han venido otros muchos, por ejemplo, Yerai Cortés o Ángeles Toledano, que también está haciendo muchísima mezcla con el flamenco o Queralt Lahoz también, Califato 3/4 me flipan", detalla.
De hecho, Avilés se plantea un reto que sigue al que han logrado otros contemporáneos como Cortés: no ceñir el flamenco al tablao o al teatro, sino llevarlo al público joven y masivo de los festivales de música, algo que con el alicantino ha logrado con la guitarra y ella quiere conseguir con el baile. "Creo que quiero conseguir eso, quiero ir al Sonar, quiero conseguir ir al Primavera Sound y que la gente joven se interese por el flamenco", señala.
Carmela, un proyecto total con Avilés como protagonista
Con su espectáculo Carmela, Avilés estará el 7 de mayo en Madrid, el 12 de septiembre en Murcia, el 18 de septiembre en Barcelona y el 3 de octubre en Sevilla. Tal y como explica, más que diferenciarse de la icónica Carmen de Bizet, el nombre de Carmela viene por el cantante Alejandro Astola, su pareja, que la animó a que fuera su nombre artístico.
"Él quería que yo me llamara Carmela como nombre artístico, y yo no quería perder mi apellido, Avilés. Me gusta Carmen Avilés. Él se puso muy cabezón con eso diciéndome que Carmela tenía mucha más fuerza y, para tener un equilibrio y una balanza, le dije que le iba a poner al espectáculo Carmela para darle el gusto. También porque eran sus canciones, las que él había escrito, las que tocamos en directo", recuerda.

En este espectáculo sonarán las canciones que ha ido publicando desde abril de 2025 y para las que, además de con Astola, ha colaborado con Albertucho, Miguelito García (Derby Motoreta’s Burrito Kachimba), Queralt LaHoz o Ángeles Toledano, con los que tenía un vínculo cercano. Ella no pone la voz, pero sí el taconeo, los golpes al cuerpo y el soniquete que le dan una sonoridad única.
"Además Albertucho es mi vecino, que nosotros vivimos en el campo, y siempre quedando para pensar en canciones, pensar cosas y crear cosas bonitas, aparte de que es un pedazo de artista como la copa de un pino y juntos escribieron Niña Mariola", detalla y recuerda que para cada colaboración tenía claro quién quería que pusiese la voz. "Amor Gitano con Ángeles Toledano, es que no me podría imaginar otra persona que no sea Ángeles. ¡Por Dios, esa pedazo de mujer con esa voz! Para ese tema tan bonito, que cuenta una historia de dos gitanos que se escapan, lo tenía claro", apunta.
Eso sí, bromea con el concepto de haber lanzado un disco como artista principal, ha roto con lo que hasta ahora tenía establecido: "Era lo quería conseguir, porque estaba superharta de que todos los artistas me llamaran para bailar en sus videoclips y dije 'ahora quiero que vengan ellos a mis videoclips".
El estilo de Avilés, que tan presente y marcado está desde el vestuario hasta la coreografía en su espectáculo, bebe de todos los maestros del flamenco que le han enseñado desde su formación en el Conservatorio de Danza Reina Sofía de Granada al estudio de flamenco Amor de Dios, donde contó con Antonio Canales, Javier Latorre, Pastora Galván o Manuela Carrasco como maestros.
"No puedo decir que nadie me haya dado un estilo, porque yo desde que entraba hasta que salía, cada hora me metía con uno, con un profesor. O sea, yo fui a Madrid a muerte, a gastarme todos mis ahorros, a entrar a todas las clases posibles, porque yo venía del conservatorio y ahí aprendí muchísima técnica", explica.
"Es verdad que el flamenco más puro lo aprendí ahí en Amor de Dios, donde desde las 11h a las 19h estaba dando clases con un montón de maestros. Lo que sí me he fijado es que la mayoría eran hombres", añade y recuerda que precisamente eso le marcó su estilo.
"Creo que me siento más identificada con el baile del hombre, con el baile más de pie, de rapidez y no con tanta bata de cola, tanto mantón. Me gustan más los golpes en el cuerpo, los soniquetes...", señala.
Pero su formación ha ido más allá del flamenco y también se ha nutrido de proyectos como el musical Malinche, de Nacho Cano, en el que participó y donde, tal y como cuenta, no llegó a conocer la polémica generada por la situación de los becarios.
"Cuando pasó aquello de la chiquilla esta, yo ya estaba fuera y no sé lo que pasó. Pero en defensa de Nacho, que me parece que es un pedazo de artista, a mí siempre me trató estupendamente, me dio mi sitio, me valoró como bailaora, me dio la oportunidad de ser actriz, me dio clases de canto, y aparte me enseñó cómo dirigir a una compañía de tanta gente que yo observaba", recuerda, algo que le ha servido para plasmar en su Carmela.
