Platón, filósofo, sobre la igualdad entre sexos: "Las mujeres poseen las mismas capacidades naturales que los hombres"
Fue el primero en utilizar el diálogo para exponer ideas filosóficas.

“Las mujeres poseen las mismas capacidades naturales que los hombres”. La frase, escrita por Platón (Atenas, 427–347 a. C.) hace más de 2.400 años, se sitúa en el contexto histórico de la Antigua Grecia, una sociedad en la que las mujeres no podían votar, gobernar ni acceder a la educación formal.
Platón es una de las figuras centrales del pensamiento occidental. Junto con su maestro Sócrates y su discípulo Aristóteles, forma el tríptico sobre el que se asienta gran parte de la tradición filosófica europea. De hecho, el filósofo británico Alfred North Whitehead afirmó que toda la filosofía occidental no es más que una serie de comentarios a pie de página de los diálogos de Platón.
El diálogo como forma de pensar
A diferencia de otros autores de su tiempo, Platón escribió la mayor parte de su obra en forma de diálogos, un recurso innovador que marcó un cambio cultural profundo. Fue el primero en utilizar este formato para exponer ideas filosóficas, confrontando distintos puntos de vista y dotando a los interlocutores de una clara dimensión psicológica.
Con ello, el conocimiento empezó a construirse a través del debate y el intercambio libre de ideas, un principio clave de su pensamiento. Es en este marco donde se inscribe La República, considerada una de las obras más importantes de la historia de la filosofía y el texto en el que Platón desarrolla su concepción de la ciudad ideal.
Sin distinción de sexo
Para comprender la visión de Platón sobre las mujeres, es fundamental atender a su teoría de la división de clases. Según el filósofo, la sociedad se estructura en tres grandes grupos: gobernantes, guerreros y trabajadores. Cada persona debe ocupar el lugar que mejor se corresponda con sus capacidades, ya que solo así puede alcanzarse una sociedad justa y equilibrada.
Desde este planteamiento, Platón introduce una idea radical para su época: el sexo no determina la capacidad intelectual ni moral de una persona. En La República, sostiene que las mujeres pueden desempeñar las mismas funciones que los hombres y, por tanto, deben recibir la misma educación. La diferencia entre ambos no es de naturaleza, sino física, y el cuerpo —argumenta— no condiciona la aptitud para gobernar, aprender o asumir responsabilidades públicas.
Para él las mujeres de la clase gobernante pueden convertirse en guardianas, recibir formación filosófica, entrenarse físicamente y participar en el gobierno de la polis. Excluirlas supondría desperdiciar el talento de una parte de la población y debilitar el funcionamiento del Estado.
Un pensamiento avanzado, pero con límites
Sin embargo, esta igualdad no se extiende a todas las mujeres. Platón limita estas funciones a aquellas que pertenecen a la clase dirigente, mientras que las mujeres de las clases productoras quedan relegadas a tareas relacionadas con la crianza y el ámbito doméstico. La igualdad, por tanto, no es universal, sino funcional y jerárquica.
Aunque tenía un pensamiento avanzado para su tiempo, la visión de Platón presenta contradicciones. Para sostener la igualdad de funciones, tiende a minimizar el papel de la mujer en la reproducción, tratando el embarazo y el parto como aportaciones secundarias. Además, reconoce habilidades tradicionalmente asociadas a las mujeres, como cocinar o tejer, pero las sitúa en un plano inferior frente a las actividades políticas o militares.
