Ha comido en 4.000 restaurantes por todo el mundo, pero Ferran Adrià se queda con este plato de su madre: "Gana a todo lo que he probado"
"Supera todo lo demás, incluso los más de 4.000 restaurantes que he visitado como comensal en todo el mundo".
Ferran Adrià ha probado más de 4.000 restaurantes en todo el mundo, ha revolucionado la gastronomía contemporánea y ha creado algunos de los platos más influyentes de la historia reciente. Sin embargo, cuando habla de comida desde lo más íntimo, no duda ni un segundo.
“¿Mi magdalena de Proust? Es la tortilla de patata de mi madre”, confiesa el chef. Un plato sencillo, doméstico, que para él lo supera todo: “Cada vez que como una, sin importar la hora ni el lugar, inevitablemente me transporta a un viaje de vida y felicidad en mi memoria”.
Adrià lo define como un recuerdo “olfativo y gustativo” que está por encima de cualquier experiencia gastronómica vivida: “Supera todo lo demás, incluso los más de 4.000 restaurantes que he visitado como comensal en todo el mundo”.
El chef hizo estas declaraciones durante la inauguración del 22.º Año Académico de Alma, una de las escuelas de cocina más prestigiosas de Italia, donde fue invitado de honor. Rodeado de jóvenes cocineros, Adrià recordó también la experiencia que marcó su carrera profesional y que define como “la cena de mi vida”.
Ocurrió en 1987, en el restaurante de Pierre Gagnaire en París. “¡Fue como una epifanía!”, explica. Más allá de la técnica o las estrellas Michelin, lo que le impactó fue “una inmensa sensación de libertad, de poder crear sin las restricciones de las reglas ni la tradición”. En ese momento, asegura, supo qué tipo de chef quería ser.
Otro referente clave fue la cocina de Michel Bras, cuya forma de transmitir “un componente espiritual y poético” en los platos lo dejó profundamente marcado. De ahí nació uno de los principios que han guiado toda su trayectoria: “¡Crear, nunca copiar!”.
A partir de ese camino surgirían algunas de sus creaciones más icónicas, desde las aceitunas esferificadas hasta el granizado de tomate salado o la mozzarella con erizo de mar, platos que han influido en generaciones enteras de cocineros.
Y aun así, pese a la innovación, los premios y la fama mundial, Ferran Adrià lo tiene claro: ningún menú degustación, por sofisticado que sea, puede competir con la tortilla de patatas de su madre. Porque, como demuestra su testimonio, a veces el plato más poderoso no es el más complejo, sino el que está cargado de memoria y emoción.