Animan a sustituir 'no tenemos dinero' cuando un niño pide algo por una frase mucho más explicativa y efectiva
Es mejor una explicación más clara, honesta y formativa.

Decirle a un niño “no tenemos dinero” cuando pide que le compren algo es una respuesta habitual en muchas familias, pero cada vez más expertos en psicología recomiendan cambiar esta frase por una explicación más clara, honesta y formativa.
El objetivo no es solo negar una compra, sino aprovechar ese momento como una oportunidad educativa que ayude a los menores a construir una relación sana con el dinero desde pequeños. Puede ser un espacio para dialogar, explicar prioridades, hablar de decisiones y consecuencias y transmitir valores familiares
Los niños empiezan el colegio, se comparan con sus compañeros y piden juguetes, viajes o experiencias que han visto en otras familias. Cuando reciben un no por respuesta, suele llegar la inevitable pregunta: “¿Por qué?”. En ese punto, muchos adultos optan por zanjar la conversación con un simple “no tenemos dinero”, una frase que, según los expertos, puede ser poco efectiva e incluso contraproducente.
No contar la verdad
Uno de los primeros problemas es que, en la mayoría de los casos, no es del todo cierto ya que la cuestión es que deciden destinarlo a otras prioridades no que no haya dinero. Los niños perciben esta contradicción, lo que puede generar desconfianza o confusión. Además, repetir constantemente la idea de que “no hay dinero” puede transmitir una sensación permanente de escasez, incluso cuando no existe una carencia real.
Según recoge Money Review los especialistas advierten de que crecer con ese mensaje puede llevar a que, en la edad adulta, algunas personas reaccionen de forma impulsiva cuando tienen acceso al crédito o a mayores ingresos. La lógica emocional puede ser: “Ahora puedo permitirme todo lo que antes no tuve”, lo que aumenta el riesgo de endeudamiento y estrés financiero.
Oportunidad para educar y dar valores
Pero quizá el aspecto más importante es que se pierde una valiosa oportunidad de enseñanza. Cuando un niño pide algo caro o innecesario, los padres pueden explicarle por qué ese gasto no encaja en el presupuesto familiar, por qué se está ahorrando para otros objetivos o por qué se priorizan necesidades a largo plazo frente a deseos inmediatos.
También es un buen momento para hablar de la importancia de esperar, de cómo funcionan las decisiones económicas y de las consecuencias del gasto excesivo. Los investigadores sugieren sustituir el “no tenemos dinero” por frases como: “Podríamos comprarlo, pero elegimos gastar nuestro dinero en otras cosas, y te explico por qué”. A partir de ahí, se puede hablar de pagar deudas, ahorrar para una casa, invertir en educación o incluso de decidir trabajar menos para pasar más tiempo en familia.
Este tipo de conversaciones abiertas ayudan a los niños a entender que el dinero no es un tabú, sino una herramienta que se gestiona según valores y prioridades. Compartir cómo se ahorra, se invierte y se toman decisiones responsables contribuye a que los menores desarrollen una relación más equilibrada con el dinero, basada en la reflexión y no en la vergüenza o la sensación de carencia.
