Carlos III logra un gran reto con Melania Trump en una visita a Estados Unidos que ha pasado factura a la reina Camilla
Los reyes Carlos y Camilla realizan una histórica visita de Estado por el 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos.
Parecía que esta visita de Estado estaba condenada a la cancelación, pero finalmente se ha llevado a cabo. La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las críticas entre Starmer y Trump y el reciente intento de asesinato contra el presidente Trump –el tercero- podrían haber acabado con este desplazamiento oficial, pero no. Carlos y Camilla cumplieron con los planes y aterrizaron el 27 de abril en la Base Conjunta Andrews de Maryland.
Esta visita de Estado, que llega siete meses después de la que los Trump realizaron a Reino Unido, tiene una enorme carga simbólica al estar agendada por el 250º aniversario de la independencia de los Estados Unidos de América.
Además, el gobierno de Starmer fue quien estuvo detrás, tratando así de que Carlos III, que cuenta con el respeto y el aprecio de Trump, ayude a reconducir las complicadas relacionadas transatlánticas, dañadas por obra y gracia del presidente estadounidense.
A su llegada, los reyes británicos fueron recibidos con honores por Monica Crowley, jefa de protocolo de Estados Unidos. Se pudo ver entonces que Camilla optó por un vestido rosa empolvado adornado con un broche muy simbólico. Se trata de una joya de Cartier formada por una bandera británica y otra de Estados Unidos que está engastado con rubíes, esmeraldas y diamantes.
Forma parte de la colección real desde que el entonces alcalde de Nueva York, Robert F. Wagner, se lo regaló a la reina Isabel II en la visita de Estado que realizó a Estados Unidos en 1957. Y como guiño a la difunta y para honrar la amistad entre ambos países, Camilla lo llevó en su primer día de viaje.
De hecho, poco después la pareja real fue recibida en la Casa Blanca por Donald y Melania Trump, y aunque la consorte se cambió de traje y optó por un vestido blanco con bordados florales, mantuvo el broche para que fuera apreciado personalmente por sus anfitriones.
Se mostró complicidad entre las dos parejas, que ya han tenido varias oportunidades de conocerse, aunque Carlos III se mantuvo firme ante su homólogo norteamericano cuando al saludarle trató de darle su clásico apretón de manos con el que quiere marcar que quien manda es él. El monarca, que se las sabe todas, no se lo permitió.
Seguidamente posaron para las fotos en un escenografía perfectamente estudiada. Y para evitar los clásicos líos de quién se coloca dónde, algo que vemos continuamente entre mandatarios, el personal de la Casa Blanca había colocado en el suelo unas pegatinas con el cargo de cada uno para que supieran dónde situarse para las fotos.
Después del posado, entraron en la residencia para un té con guiños británicos que se alargó más de lo previsto. Finalizado este encuentro, los Trump y los reyes salieron al jardín sur de la Casa Blanca para que Carlos y Camilla pudieran ver una colmena con la forma de la residencia oficial del presidente de Estados Unidos.
Fue ahí cuando Carlos III, conocido por su sentido del humor y sus ocurrencias, hizo reír a Melania Trump. No fue una sonrisa complaciente o de compromiso, sino que se rio abiertamente.
La primera dama no es que sea la persona más espontánea del mundo, así que lo que le dijo el rey tuvo que ser realmente gracioso. ¿Qué fue? Eso no lo sabemos, pero desde luego el monarca ha logrado hacer reír a la primera dama, y eso tiene su mérito.
Risas aparte, Carlos y Camilla se mostraron muy interesados en la colmena, y en particular él, que vende su propia miel orgánica que producen sus abejas. Esta colmena en particular fue inaugurada recientemente por Melania Trump, y forma parte de un programa de apicultura establecido en 2009.
La miel se utiliza para la Casa Blanca, como regalos oficiales, de hecho la primera dama llevó este obsequio a los scouts con los que compartió un acto con Kate Middleton en Inglaterra en septiembre de 2025, y para financiar donaciones benéficas a comedores sociales locales.
Una fiesta con Tom Daley y el jet lag de Camilla
Más tarde, los reyes asistieron a una fiesta en los jardines de la embajada británica en Washington, donde entre los invitados estuvieron el campeón británico de saltos de trampolín Tom Daley, que reside en Los Angeles y que habló con Carlos III sobre su afición por tejer, o Nancy Pelosi, entre otros muchos.
Además, como señala The Sun, Camilla charló con responsables de organizaciones benéficas que luchan contra la explotación infantil y el abuso sexual. Los dos aguantaron bien pese al largo viaje, a sus compromisos, a su avanzada edad -tienen casi 80 años- y al jet lag. Eso sí, la reina comentó que el desfase horario le tenía bastante afectada, por lo que el viaje le ha pasado factura.
Este martes 28 hay banquete en la Casa Blanca, pero sin la posibilidad de ver a Camilla con tiara al no haber sido calificado como de Estado, y discurso de Carlos III en el Congreso, cuya intervención supone la segunda de un monarca británico en la Cámara tras la de Isabel II en 1991.