Pocos conocen la gran función del pelo de la capucha de los abrigos: no es solo estético
Este mítico ribete tiene una historia y una función muy concretas.
En plena ola de frío, cuando las temperaturas caen en picado y cualquier truco para conservar el calor se vuelve imprescindible, los abrigos de invierno se convierten en nuestros mejores aliados. Bufandas, gorros y capas térmicas parecen imprescindibles, pero muchas de las prendas que usamos a diario esconden soluciones mucho más ingeniosas de lo que imaginamos. Es el caso de algunos abrigos con capucha, los cuales aguardan un secreto heredado de climas extremos y de siglos de experiencia.
Aunque hoy muchas marcas lo usan como adorno de lujo, el ribete de piel que rodea la capucha tiene una historia y una función muy concretas: proteger el rostro del viento, la nieve y las heladas. Esa pequeña “corona” peluda no es un capricho de moda ni un elemento meramente decorativo, sino que en realidad se trata de una solución heredada de las poblaciones árticas que sirve como escudo natural a las condiciones climatológicas adversas.
El borde de piel surgió como una pieza central de la indumentaria tradicional del Círculo Polar Ártico. Durante siglos, los inuit y otros pueblos del Norte cosieron pieles alrededor de las capuchas para crear una barrera móvil que protegiese la cara sin obstruir la visión ni limitar el movimiento, suponiendo una ventaja esencial para cazar y desplazarse en climas extremos, según recoge The British Museum. Esa herencia técnica es la que dio origen a la capucha con ribete que hoy vemos en abrigos comerciales.
Se prefieren de pelo largo
El efecto protector no se obtiene por arte de magia, sino que hay un modo sencillo y eficaz de usarlo. Para ello, pliega el ribete hacia el interior o ajusta la capucha para que el pelaje quede pegado al contorno de la cara y que cubra las orejas. De esta forma, el pelo abrazará la piel y atrapará el aire caliente dentro, formando una capa aislante. Es un recurso que, en condiciones moderadas, puede hacer prescindible el gorro adicional o las orejeras.
Eso sí, no todas las pieles ofrecen el mismo rendimiento. Históricamente se han preferido pieles con pelos largos y rígidos porque desvían mejor las rachas de viento y evitan que la humedad se acumule y se congele alrededor de la cara, manteniendo el contorno de la capucha seco y eficaz incluso en condiciones de frío intenso. Este tipo de pelo crea una barrera más estable frente al clima extremo y conserva mejor su forma.
En la actualidad existe un debate entre la eficacia tradicional de la piel natural y las preocupaciones éticas y medioambientales que impulsan el uso de sintéticos. Ante ello surgen dos realidades opuestas entre sí. Muchas comunidades indígenas mantienen prácticas de uso sostenible, aprovechando el animal entero, y defienden el valor cultural y funcional de la piel. Al mismo tiempo, la industria explora alternativas, como pieles falsas, cuyo rendimiento todavía suele ser inferior al de las pieles naturales en condiciones extremas.