Expertos en ciencia revelan los beneficios de hablarnos a nosotros mismos: "Se vuelve más accesible en tu mente"
Estructura pensamientos, regula emociones y mejora el rendimiento.

Seguramente, en más de una ocasión te has sorprendido hablándote a ti mismo para no olvidar una tarea, para tranquilizarte antes de una situación importante o para encontrar algo que se te había perdido. Aunque este hábito suele llamar la atención o generar sonrisas, la ciencia asegura que hablar con uno mismo es una práctica común y mucho más útil de lo que aparenta, y que cumple un papel clave en la forma en que pensamos, sentimos y actuamos.
Investigadores de distintas universidades sostienen que el llamado diálogo interno estructura nuestros pensamientos, regula las emociones e incluso mejora el rendimiento cotidiano. Varios estudios señalan que verbalizar lo que buscamos o lo que pensamos no es algo banal, sino que decir una palabra en voz alta puede activar, y por tanto hacer más accesible, la imagen mental asociada a esa palabra.
Un experimento dirigido por el profesor Gary Lupyan y Bastien Boutonnet, muestran que los nombres pronunciados en voz alta actúan como “señales” que facilitan la detección y el reconocimiento de objetos en tareas visuales, lo que acelera, por ejemplo, la localización de un objeto perdido. "Cuando dices 'plátano' en voz alta, la imagen de un plátano se vuelve más accesible en tu mente y lo reconocerás más rápidamente entre otros objetos", explica el experto.
También puede ser peligroso
El diálogo interno también tiene una función emocional clara. Estudios liderados por Ethan Kross y su equipo han documentado que hablarse a uno mismo en tercera persona crea cierta distancia psicológica que ayuda a procesar mejor las emociones intensas y reduce la rumiación. Aplicado a situaciones estresantes, ese cambio de perspectiva favorece una evaluación más fría y menos reactiva de los problemas.
En resumen, revisar ideas en voz alta mejora la memoria de trabajo y la planificación, el auto-diálogo incrementa la concentración y estrategias de autoafirmación contribuyen a reducir la ansiedad ante actuaciones públicas. Pero no todo es inofensivo, ya que los expertos también alertan sobre los riesgos del diálogo interno crónicamente negativo. Cuando la autoconversación es repetidamente crítica, culpabilizadora o humillante, puede erosionar la autoestima y alimentar estados de ansiedad y depresión.
Peor aún, si las “voces” comienzan a percibirse como ajenas o se mantienen conversaciones con interlocutores inexistentes, estaríamos ante un fenómeno clínico que requiere evaluación profesional. En definitiva, hablar con uno mismo deja de ser una rareza anecdótica para consolidarse como una herramienta psicológica con beneficios demostrados, siempre que se emplee de forma consciente y con un tono compasivo.
