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José Antonio Gurpegui, catedrático y experto en geopolítica: "Podemos ser los más Quijotes del mundo y decir que luchamos por la legalidad, pero nadie la está siguiendo"

José Antonio Gurpegui, catedrático y experto en geopolítica: "Podemos ser los más Quijotes del mundo y decir que luchamos por la legalidad, pero nadie la está siguiendo"

De acuerdo con lo que expone el experto, la situación de España, debido al enclave estratégico que ocupa, oponerse a las exigencias de EEUU podría ser más complicado que para otros países.

José Antonio Gurpegui
José Antonio GurpeguiEuropa Press via Getty Images

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a tensar la cuerda con España al calificarla de "aliado terrible" tras la negativa del Gobierno a permitir el uso de las bases de Rota y Morón en el contexto del ataque a Irán. La advertencia no se quedó en el terreno simbólico: deslizó incluso la posibilidad de cortar las relaciones comerciales con nuestro país.

La declaración abre un debate que va más allá del rifirrafe diplomático. ¿Estamos ante una represalia real o ante una estrategia de presión? ¿Es España un socio poco fiable o simplemente uno que ha decidido marcar límites?

Un enclave estratégico en el punto de mira

Las bases de Rota y Morón no son piezas menores en el tablero atlántico. Su proximidad al Estrecho de Gibraltar convierte a España en un actor clave para el control de accesos entre el Atlántico y el Mediterráneo. Desde la perspectiva de Washington, contar con plena disponibilidad operativa en ese punto es una cuestión de seguridad nacional.

Por eso, cuando Madrid se desmarca en un momento de escalada militar, en la Casa Blanca lo interpretan como algo más que una discrepancia puntual. José Antonio Gurpegui, catedrático de Estudios Norteamericanos en la Universidad de Alcalá, lo resumía con claridad: Estados Unidos se está replanteando "muy seriamente" su relación con España porque no puede permitirse, en un lugar tan estratégico, un socio en el que no confíe plenamente.

El mensaje implícito es sencillo: la geografía obliga. Si ocupas una posición clave, tu margen para disentir se reduce.

El choque moral

El debate no se ha quedado en los despachos. En el programa Más Vale Tarde, de La Sexta, el presentador Iñaki López planteó una objeción de fondo: ¿no estamos aceptando como válida la actuación de un líder que se salta la legalidad internacional simplemente porque tiene la fuerza para hacerlo?

La pregunta apunta al corazón del problema. Si un país actúa unilateralmente y exige respaldo automático, ¿el resto debe alinearse por pura correlación de fuerzas? López admitía que Europa tiene hoy un peso limitado en el escenario global, pero cuestionaba la idea de "comulgar con ruedas de molino" ante amenazas comerciales.

Gurpegui respondía desde el realismo clásico: en diplomacia, la moral rara vez ocupa el centro de la mesa. En el "nuevo orden" internacional —más descarnado, menos multilateral— las reglas han cambiado. La seguridad y los intereses estratégicos pesan más que los principios declarativos.

Comercio como arma

La amenaza de Trump de cortar relaciones comerciales no es una frase lanzada al aire. La Administración estadounidense ha demostrado en otras ocasiones que utiliza el comercio y las sanciones como instrumentos de presión política. Aranceles, restricciones financieras o vetos tecnológicos forman parte del arsenal habitual.

Ahora bien, romper completamente los lazos comerciales con España sería una medida de enorme calado también para empresas estadounidenses con intereses en nuestro país. Estados Unidos es uno de los principales socios económicos de España, tanto en exportaciones como en inversión directa. Una ruptura total no sería indolora para nadie.

Por eso cabe preguntarse si estamos ante una advertencia maximalista para forzar una rectificación o ante un paso real hacia una escalada. Trump acostumbra a elevar el tono como mecanismo negociador. Su estilo combina la amenaza explícita con la posibilidad de repliegue si obtiene concesiones.

Europa, espectadora

El episodio también retrata la posición europea. Mientras otros aliados han respaldado la tesis estadounidense sobre Irán, España ha optado por marcar perfil propio. Eso la convierte en excepción, pero también evidencia la falta de una voz común en la Unión Europea.

Si cada capital responde por su cuenta, la capacidad de influencia colectiva se diluye. Y en ese vacío, Washington impone su ritmo.

¿Aliado terrible?

¿Es justa la etiqueta? Desde la óptica de Trump, un aliado fiable es aquel que facilita operaciones estratégicas sin objeciones en momentos críticos. Desde la óptica española, la cesión de bases en un conflicto concreto no puede ser automática si existen dudas jurídicas o políticas.

El choque, en el fondo, no es solo bilateral. Es la fricción entre dos formas de entender las alianzas: una basada en la lealtad sin matices cuando la seguridad está en juego; otra que reivindica un margen de decisión soberana.

España no ha dejado de ser aliada de Estados Unidos por esta discrepancia. Pero sí ha recordado que la alianza no equivale a obediencia. La cuestión ahora es si Washington aceptará ese matiz o si, fiel a la lógica de la presión, convertirá el desacuerdo en un pulso económico.

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En un escenario internacional cada vez más áspero, quizá la pregunta no sea si España es un "aliado terrible", sino cuánto espacio queda para disentir sin pagar un precio.

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