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Guillermo Gaunas-Vivas, 32 años, dejó su trabajo diseñando juguetes para fabricar prótesis y sillas de ruedas en 3D: "Nunca pensé que podría vivir haciendo el bien"

Guillermo Gaunas-Vivas, 32 años, dejó su trabajo diseñando juguetes para fabricar prótesis y sillas de ruedas en 3D: "Nunca pensé que podría vivir haciendo el bien"

"No queremos que vean la silla de ruedas como algo médico, sino como algo suyo".

Guillermo Gauna-Vivas
Guillermo Gauna-VivasAyúdame 3D

Con ocho años, Guillermo Gauna-Vivas vio una impresora 3D en una revista y supo que algún día tendría una. Años después cumplió aquel sueño: la compró con la idea de fabricar juguetes, experimentar y dar rienda suelta a su creatividad. Lo que nunca imaginó es que aquella máquina también acabaría cambiando la vida de miles de personas para las que abrir un libro, beber de una taza o abrazar a una hija había dejado de ser posible.

Hoy, al frente de la ONG Ayúdame3D, Guillermo lidera un equipo que desarrolla prótesis, ayudas técnicas y, desde hace unos meses, sillas de ruedas infantiles impresas en 3D. Una organización que ya ha llegado a más de 70 países y que nació casi por casualidad. "Yo solo quería hacer algo útil", recuerda en una entrevista concedida al HuffPost.

Ese momento llegó cuando preparaba un viaje a Kenia. Mientras organizaba la mochila, pensó que no quería hacer el típico voluntariado de unos días. Sentía que podía aportar algo diferente. "Quería llevar algo que allí no existiera, algo que realmente solucionara un problema."

Localizó un hospital que atendía a pacientes amputados y empezó a investigar. Adaptó un modelo de prótesis que encontró en internet, pero enseguida comprendió que las necesidades eran mucho más complejas. Durante dos meses diseñó brazos y viajó con cinco prótesis en la maleta. Aquella experiencia bastó para cambiar el rumbo de su vida.

Guillermo poniendo una prótesis a una persona
Guillermo poniendo una prótesis a una personaAyúdame 3D

Cuando hacer el bien se convierte en una profesión

En aquel momento Guillermo trabajaba diseñando juguetes. Era un empleo que le gustaba, pero las peticiones de personas que necesitaban ayuda no dejaban de crecer. Hospitales, asociaciones y familias empezaron a contactar con él, hasta que llegó un punto en el que tuvo que tomar una decisión: seguir con su trabajo o dedicar todo su tiempo a Ayúdame3D.

Eligió la segunda opción. "Nunca pensé que podría vivir haciendo el bien", reconoce. Diez años después, aquella iniciativa personal se ha convertido en una organización con 12 profesionales, tres oficinas y proyectos repartidos por todo el mundo.

Los sueños más sencillos son los que más emocionan

Después de cientos de entregas, Guillermo sigue emocionándose cuando una persona prueba su prótesis por primera vez. Cuenta que siempre ocurre algo parecido: durante unos segundos nadie habla. La persona mueve lentamente los dedos, observa el brazo y, casi sin pensar, dice en voz alta qué es lo primero que quiere hacer: "Por fin voy a poder abrir un libro"; "voy a poder beber de una taza" o "voy a poder abrazar a mi hija."

No suelen ser grandes sueños. Son gestos cotidianos que la mayoría hace sin pensar y que, para quienes llevan años sin poder realizarlos —o nunca antes ha podido hacerlo— significan recuperar una parte de su vida. "Te das cuenta de que las cosas más normales son, muchas veces, las más importantes."

El proceso de fabricar una prótesis
El proceso de fabricar una prótesisRAFA ALBARRAN

De fabricar brazos a diseñar sillas de ruedas para niños

En Ayúdame3D nunca se propusieron fabricar sillas de ruedas. Simplemente apareció una necesidad, decidieron intentar resolverla y así ha ido creciendo el proyecto: primero fueron las prótesis, después llegaron las adaptaciones para jugar al baloncesto, montar en bicicleta o atarse los cordones. Ahora el nuevo reto son unas sillas de ruedas infantiles dirigidas a menores de seis años.

La idea partía de un diseño estadounidense, pero el equipo la rediseñó junto a médicos, fisioterapeutas y familias para adaptarla a las necesidades de los niños. El resultado va mucho más allá de una silla convencional.

Permite que los pequeños estén a la misma altura que sus compañeros de clase, se desplacen solos, lleven sus juguetes o sus libros y, además, elijan el diseño que más les guste. "No queremos que vean la silla como algo médico, sino como algo suyo", explica. Si un niño quiere una silla inspirada en dinosaurios o si prefiere un diseño de alguna película, puede tenerla. 

La silla de ruedas infantil
La silla de ruedas infantilAyúdame 3D

La importancia de sentirse uno más

Detrás de cada detalle hay una razón. Guillermo explica que muchas veces el verdadero problema no es únicamente la movilidad, sino el aislamiento. Cuando un niño está a diferente altura que el resto de la clase, la conversación deja de ser natural: cuesta más relacionarse, jugar o simplemente compartir un momento con otros compañeros.

Por eso el objetivo de estas nuevas sillas no es solo mejorar la autonomía, sino favorecer que los niños participen en igualdad de condiciones: "Nos gustaría que incluso sus compañeros quisieran probar la silla."

Un vídeo viral que multiplicó las peticiones

Hace apenas unas semanas, Ayúdame3D presentó públicamente este proyecto en redes sociales y la respuesta fue inmediata. El vídeo se hizo viral y comenzaron a llegar solicitudes de familias de diferentes lugares, además de nuevos socios y donaciones que permiten seguir entregando cada silla sin coste para las familias.

Porque todas las ayudas de la organización son gratuitas para quienes las reciben, aunque nada de esto sale gratis.

Cada silla cuesta alrededor de 500 euros y necesita 20 días de impresión: está formada por numerosas piezas que van saliendo poco a poco de las impresoras 3D. El siguiente objetivo de la ONG es ampliar esa capacidad de producción para reducir al máximo los tiempos de espera.

Ayudar desde lo que cada uno sabe hacer

A lo largo de estos años, Ayúdame3D también ha trabajado en escenarios especialmente complicados. Uno de los más recientes ha sido la entrega de prótesis a niños refugiados de Gaza que habían sufrido amputaciones durante la guerra.

Son historias difíciles, reconoce Guillermo, porque ninguna prótesis puede borrar todo lo que esas personas han vivido. Por eso insiste en la importancia de acompañarlas también después de la entrega: hacer seguimiento y adaptar las ayudas a medida que crecen o cambian sus necesidades. La organización impulsa, además, laboratorios de impresión 3D en distintos países para que sean las propias comunidades quienes fabriquen las prótesis y generen empleo local.

Si hay una idea que Guillermo repite durante toda la conversación es que la tecnología, por sí sola, no cambia nada: lo hacen las personas. "La impresión 3D, la inteligencia artificial o cualquier innovación pueden servir para hacer mucho bien si se utilizan con empatía".

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Redactora en El HuffPost España, donde aborda actualidad y estilo de vida. Graduada en Periodismo por la Universidad CEU San Pablo, inició su carrera como becaria en este mismo medio, que ha sido su verdadera escuela. Madrileña con raíces manchegas, escribe sobre una amplia variedad de temas como: sociedad, cultura, viajes, salud y consumo. Siempre con el objetivo de informar, orientar y despertar la curiosidad del lector.

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