Colas de hasta seis horas y pasajeros que pierden el avión: la rebelión de los aeropuertos europeos contra el sistema biométrico
Los problemas técnicos en los terminales de autoservicio han obligado en muchos casos a volver a los controles manuales, un proceso mucho más lento que está provocando importantes cuellos de botella en numerosos aeropuertos europeos.

Las largas esperas en los controles fronterizos están convirtiéndose en uno de los principales problemas para quienes viajan por los aeropuertos europeos. En plena temporada alta, las nuevas normas de control de entrada y salida de la Unión Europea han provocado importantes retrasos, hasta el punto de que algunos pasajeros han perdido sus vuelos tras pasar horas haciendo cola, tal y como recogen desde 'Il Fatto Quotidiano'.
El origen de la situación está en la puesta en marcha del Sistema de Entrada y Salida (EES), que obliga a registrar datos biométricos, como la imagen facial y las huellas dactilares, de los viajeros procedentes de países no pertenecientes al espacio Schengen, entre ellos los ciudadanos británicos. El objetivo era modernizar los controles fronterizos, pero la implantación del sistema está generando más dificultades de las previstas.
Los problemas técnicos en los terminales de autoservicio han obligado en muchos casos a volver a los controles manuales, un proceso mucho más lento que está provocando importantes cuellos de botella en numerosos aeropuertos europeos.
La situación ha llevado a varios gestores aeroportuarios a reclamar cambios urgentes. Desde los aeropuertos de Roma consideran que permitir que determinados pasajeros queden exentos temporalmente del sistema sería la única forma de evitar un colapso durante los meses de mayor tráfico. Al mismo tiempo, otros responsables del sector advierten de que el aumento de viajeros previsto para las próximas semanas hará aún más difícil gestionar las operaciones si no se introducen medidas.
Francia y Portugal han suspendido en varias ocasiones su aplicación tras registrar graves incidencias en sus aeropuertos, mientras que Grecia ha decidido eximir temporalmente a los viajeros procedentes del Reino Unido.
Las aerolíneas también se han sumado a las críticas. Compañías y asociaciones del sector consideran inaceptables las largas esperas y piden a los Estados miembros que utilicen la flexibilidad que permite la normativa para reducir los retrasos. Algunas compañías, sin embargo, han advertido de que no retrasarán la salida de sus vuelos por pasajeros que lleguen tarde debido a estos controles.
Además, según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo, los retrasos asociados al nuevo sistema podrían afectar a hasta 41 millones de visitantes y poner en riesgo un gasto turístico de unos 45.000 millones de euros en toda la Unión Europea.
Mientras tanto, la Comisión Europea mantiene que la normativa permite adaptar su aplicación en momentos de máxima afluencia y recuerda que corresponde a cada Estado miembro gestionar los controles fronterizos. Sin embargo, el malestar entre aeropuertos, aerolíneas y pasajeros continúa creciendo mientras persisten las largas colas en numerosos aeropuertos del continente.
