Henrik, 37 años, ha visitado más de 400 islas en el mundo y tiene veredicto de la mejor: le enamoró su tamaño y fauna
“Uno de los últimos lugares verdaderamente salvajes de la Tierra”, asegura.

Por lo general, las islas tienen algo que llaman la atención de incontables personas. Tal vez sea esa sensación de estar en un mundo aparte, rodeado de agua y lejos del ruido, donde la naturaleza y el tiempo parecen seguir sus propias reglas. A lo largo del planeta existen miles, todas distintas entre sí, y después de visitar más de 400, el viajero danés Henrik Jeppesen tiene claro cuál le conquistó por encima de las demás.
Para este explorador incansable, que ha visitado los 193 países reconocidos por la ONU y suma más de 2.000 destinos en su lista, ninguna de las islas que ha recorrido le marcó tanto como Georgia del Sur, un territorio subantártico de montañas nevadas, glaciares y fiordos que, a sus ojos, reúne todo lo que un amante de la naturaleza puede desear. El viajero habla del impacto memorable que deja su paisaje, el cual parece sacado de un documental.
Al catalogarla como la “mejor isla del mundo”, Henrik declaró a Express.co que “se siente como uno de los últimos lugares verdaderamente salvajes de la Tierra”. El trotamundos de 37 años describe la experiencia en la isla como una inmersión sensorial: playas de arena negra pobladas por enormes colonias de pingüinos, glaciares que caen hasta el mar y una sensación de que la naturaleza aún manda sin apenas intervención humana.
Una isla de difícil acceso
Los expertos coinciden en la espectacular abundancia de fauna en Georgia del Sur, ya que durante la temporada de cría la costa puede albergar decenas de millones de aves marinas y millones de pingüinos y focas, lo que ha valido a la isla el apodo de “Serengeti del Océano Antártico”. Esa concentración silvestre lo convierte en uno de los escenarios naturales más densamente poblados por fauna del planeta.
Eso sí, acceder a Georgia del Sur no es tarea fácil porque no hay vuelos comerciales directos y la forma habitual de llegar es en crucero de expedición desde Sudamérica, viajes que pueden durar semanas y cuyo desembarco depende de la meteorología y de las condiciones del mar. Una experiencia tan exigente como reveladora que, según reflexiona el propio viajero, pone de manifiesto que “los desembarcos en destinos remotos no están garantizados”.
Figuras como David Attenborough han ayudado a popularizar la isla, quien ha participado en materiales audiovisuales sobre el lugar, los cuales ahora utiliza la administración local para sensibilizar a los visitantes. Además, científicos del British Antarctic Survey subrayan que, aunque la isla es un ejemplo de recuperación ecológica, también está sometida a los efectos del calentamiento y al retroceso de glaciares. Es decir, se trata de una belleza extraordinaria, pero frágil.
Además de Georgia del Sur, Henrik cita otras islas que le han dejado una profunda huella por su combinación de naturaleza, cultura, aislamiento e historia única: la Isla Sur de Nueva Zelanda, Suduroy en las Islas Feroe, Groenlandia y la Isla de Pascua. De esta forma, el viajero concluye que las mejores islas no se miden por resorts ni por popularidad, sino por la huella emocional que dejan.
