Una carretera discurre entre dos paredes de nieve de 20 metros de altura: equilibrio entre naturaleza e ingeniería
Uno de los lugares más espectaculares y extremos del país.

Japón es un país que nunca deja de sorprender. Más allá de su conocida cultura popular, de la tecnología futurista o del fenómeno global del anime y el manga, el archipiélago esconde paisajes y obras humanas que desafían la imaginación. En sus regiones montañosas, donde el clima impone condiciones extremas, la naturaleza y la ingeniería conviven de forma tan espectacular como inesperada.
Cada primavera, en el corazón de los Alpes del Norte japoneses, un tramo de carretera emerge de un enorme manto blanco que domina el paisaje el resto del año. Se trata del Corredor de Nieve de Tateyama, a lo largo de la Ruta Alpina de Tateyama Kurobe, uno de los lugares más espectaculares y extremos del archipiélago del Sol Naciente. Allí los conductores y peatones cruzan durante unas semanas un pasillo tallado entre paredes de nieve que, en su punto máximo, alcanzan los 15–20 metros de altura.
Lo que a simple vista parece una postal irrepetible es, en realidad, el resultado de meses de trabajos técnicos muy precisos. Tras el invierno, cuando la nieve ha enterrado por completo la carretera, los equipos de mantenimiento ponen en marcha un operativo coordinado: buldóceres equipados con GPS trazan primero la localización exacta de la vía enterrada y, a continuación, avanzan máquinas especiales que expulsan la masa de nieve hasta crear el corredor, según recoge la guía turística Japan Travel.
Abierto al público
El proceso, que puede durar varias semanas, combina pericia humana, maquinaria pesada y navegación por satélite para garantizar un paso seguro. El espectáculo, de unos 400–500 metros de longitud en su tramo más visitado cerca de la estación de Murodō, atrae a cientos de miles de personas cada temporada y es uno de los motivos por los que la ruta recibe alrededor de un millón de visitantes en una buena campaña turística.
El trazado completo, que incluye teleféricos, funiculares y autobuses, solo está abierto al público en primavera y verano. Concretamente, para 2026 la operativa oficial anuncia la temporada del 15 de abril al 30 de noviembre. El acceso al corredor se realiza mediante los billetes de la propia Ruta Alpina, que gestiona las plazas con antelación. De este modo, la experiencia está cuidadosamente regulada para garantizar la seguridad de los transeúntes y preservar el entorno natural.
Para los visitantes, la experiencia es doble: por un lado, la naturaleza ofrece una escena casi surrealista, con paredes de nieve contra un cielo azul intenso; por otro, la presencia de vehículos y operarios trabajando en un entorno tan extremo recuerda la mano humana detrás del paisaje. El resultado es una mezcla de turismo de naturaleza y orgullo técnico, todo un ejemplo de cómo la ingeniería adapta infraestructuras al ritmo imprevisible del clima alpino.
El espectáculo de la nieve en Tateyama es, además, un recordatorio de los contrastes que definen a Japón: de la pequeña escala urbanista a las grandes hazañas de obra pública en la montaña. Una dualidad que refleja la capacidad del país para innovar tanto en lo cotidiano como en lo extraordinario, adaptándose a entornos extremos sin renunciar a la funcionalidad, la estética ni al respeto por la naturaleza.
