adolfo suárez
adolfo suárez
Un lugar de honor en la Historia para el chusquero de la política
Adolfo Suárez transcurrió entre la picaresca y la épica. En puridad podría decirse que fue un pícaro que devino en héroe, un trepa del franquismo valiente y algo chuleta que cuando los avatares de la Patria le colocan en primer plano sacrifica su pasado y arriesga su vida, literalmente, y lo que es más doloroso el reconocimiento de los suyos.
A galeras con Évole
Ha logrado algo grave y perverso: matar nuestra principal seña de identidad, ponernos delante de un espejo que nos muestra que en el país del Quijote y Sancho, de Quevedo, de Berlanga, una gran parte de nosotros no tenemos sentido del humor.
Carmen, Suárez y el Rey
Carmen fue, en 1976, la jefe de Gabinete de Adolfo Suárez. Amiga personal del entonces príncipe de España, Juan Carlos de Borbón, se convirtió en mano derecha de Suárez. Rubia, hermosa, aristocrática, independiente, contestataria, inteligente, de ella construyeron pronto estereotipos.
El azar de la mujer rubia
En la famosa foto en la que aparece el rey paseando con Suárez por el jardín de la casa del político en la colonia de la Florida está el germen de esta ficción. Suárez ignora su propio nombre, desconoce también quien es ese señor amigable que parece llevarle con la mano en el hombro hacia el interior de un bosque. En realidad ese paseo, tal vez, se estableció en diez minutos, pero en el bosque de la memoria perdida de Suárez duró 75 años de la última historia de España.