El asesinato del cabecilla de una organización provoca un vacío de poder en las prisiones y un choque brutal entre bandas para hacerse ahora con el control.
El 22 de febrero del año pasado Jovel parecía animado. Tenía apetito, hablaba por los codos, escalaba una jerga divertida llena de anglicismos y exageraciones. Pocos en San Pedro conocían su historia. Valga de prueba que el día de su muerte, el diario local apenas le dedicó unas líneas.