Un grupo de mujeres ha protestado por el ataque a sus derechos desde un lugar secreto, después de que fuese dispersada una manifestación en la capital días antes.
La división, la pobreza extrema y el ostracismo marcan el primer aniversario del retorno de los islamistas al poder, tras la criticada salida de las potencias internacionales.
La organización yihadista ha sufrido un duro golpe al quedarse sin líder, pero tiene un estado a su servicio como Afganistán y múltiples grupos leales que siguen atacando.
LA ONU moviliza ayuda para refugiados, alimentos y atención sanitaria, mientras que los talibanes, desesperados, garantizan que habrá "facilidades" para la entrega.
Lo que le faltaba a una tierra donde el 70% de los hogares no cubren sus necesidades básicas, donde la guerra sigue y los derechos básicos se pisotean a diario.
Si una funcionaria incumple la orden será despedida, mientras que en el resto de los casos se avisará primero a un tutor o miembro masculino de la familia.
Tapadas de pies a cabeza, con tutores, sin escuela más allá de los 11 años, sin empleo, sin sueños: los talibanes se quitan la careta y aprietan el puño contra medio país.
Al impedimento de que las estudiantes de Secundaria vayan a la escuela o que las funcionarias acudan a sus puestos se suman asesinatos terribles. Pero no se callan.
Sus padres lo entregaron a un soldado con apenas 40 días, luego un hombre lo encontró solo y lo cuidó como a su hijo y encontró finalmente a su familia por Facebook.
Varios intérpretes que trabajaron con el Ejército español en Afganistán denuncian que sus familias siguen allí: “Los talibanes van a ir a por ellos. Tenemos mucho miedo”.
Hay males acentuados e impuestos: la llegada de los islamistas ahonda la crisis económica y de recursos ya existente, mientras se persigue a la prensa o las mujeres.