¿El día de qué libro?
El mito del libro hoy en día forma parte del mito de la cultura, ese ámbito de redención y sublimación personal que viene a sustituir a la religión, cambiando a los dioses pero manteniendo el sacerdocio de sus oficiantes.

Preguntado acerca de su opinión sobre el Día del Libro, el filósofo español Gustavo Bueno contestó “pues no sé, dependerá de qué libro”. El próximo jueves, 23 de abril, se celebra el Día de “Reentrena tu nervio vago”, el Día del Corán, el Día de “Supraconsciencia”, el Día de “Actas del XXIII Congreso Nacional de la Asociación Española de Hepatología Geriátrica”. Es el día de los libros de autoayuda, de los textos de actualidad política sobre Pedro Sánchez, de los volúmenes de romantasy llenos de chicas cuyo amor se debate entre un vampiro y un minotauro, de poemarios publicados por editoriales locales que venderán ocho ejemplares. Celebrities que debutáis como novelistas, cocineros de renombre que recopiláis vuestras recetas favoritas, novelistas que debutáis como celebrities, ¡éste es vuestro día!
El Día del Libro no es como el Día de la Seguridad Vial, el Día Internacional de la Traducción o el Día de las Enfermedades Raras. El Día de las Enfermedades Raras sí es el Día de la enfermedad de Gaucher, la osteogénesis imperfecta o el síndrome en Ehlers-Danlos. Pero el Día del Libro se parece más al Día Mundial de los Océanos, que no es el Día del Océano Índico. Tampoco es el Día de las Grandes Masas de Agua. Es el Día de la Idea de Océano. El Día del Libro tampoco es el Día de los Conjuntos de Hojas de Papel Impresos con Letras que Forman un Volumen. El Día del Libro es el Día de la Idea de Libro. A donde estoy queriendo llegar es a decir que el Día del Libro es el Día del Mito del Libro.
Porque cuando alguien nos pregunta sobre los libros durante los días cercanos al 23 de abril inmediatamente nos viene a la cabeza “Le rouge et le noir” de Stendhal y no “Tokyo – Top 10 – Imprescindibles”, no respondemos pensando en la autobiografía de Cristiano Ronaldo sino en “La democracia en América” de Tocqueville. Consulten los libros más vendidos en Amazon, paséense entre los expositores a la entrada de las cadenas de librerías, y díganme si hay más arte en esos volúmenes que en los programas más vistos de la televisión o los reels con más likes de los “creadores de contenidos”. ¿No hubo una influencer hace unos meses que dijo algo así como que no leer libros no era tan grave y todo el mundo interrumpió su lectura de la “Fenomenología del espíritu” de Hegel para ponerla a parir?
Aunque la televisión se convierte en la “caja tonta” debido a que el 99% de sus programas sean de usar y tirar, el libro sigue siendo la “caja lista” a pesar de que también el 99% de sus ejemplares no merezcan mejor consideración. Y es que dentro de la cultura todavía hay clases. La deuda que la humanidad en su conjunto tiene hacia los libros como antiguo vehículo de pensamiento y conocimiento roza el infinito —en un junco—, pero eso queda ya muy lejos mirado desde la industria editorial actual. El mito del libro hoy en día forma parte del mito de la cultura, ese ámbito de redención y sublimación personal que viene a sustituir a la religión, cambiando a los dioses pero manteniendo el sacerdocio de sus oficiantes. Si hace cinco siglos la Biblia fue el prototipo de libro, ahora el libro es el prototipo de Biblia.
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