Feijóo se inhabilita a sí mismo
"El líder del PP pierde los papeles en la comisión de la DANA. Su chulería, su condescendencia y su falta de empatía, nos descubren a un político más preocupado por su relato, que por la verdad y por el dolor de las víctimas".
Tardaremos tiempo en olvidar la imagen que ha dejado Alberto Núñez Feijóo en su comparecencia ante la comisión de investigación de la Dana. El líder de la oposición ha hecho una exhibición preocupante, desde el punto de vista democrático, por su altanería, arrogancia y desprecio institucional, impropia de alguien que aspira a presidir el Gobierno de España. Si a ello le sumamos la ausencia de argumentos y explicaciones, el resultado es una imagen paupérrima en lo que a liderazgo para presidir un país como el nuestro se refiere.
El respeto a la verdad -nos ha dejado aún más contradicciones y mentiras- el respeto a la institución parlamentaria, y el respeto a la memoria de las 230 personas que fallecieron aquel 29 de octubre de 2024, ha brillado por su ausencia.
Feijóo ha perdido una oportunidad en esta comparecencia de reconciliarse con las víctimas de la DANA, pidiendo perdón por la negligencia de un gobierno autonómico de su propio partido. El victimismo, la elusión de responsabilidades y la soberbia ha sido la estrategia del líder de los populares que, al igual que Ayuso con las víctimas de las residencias a las que insulta llamándoles “frustrados”, ha mostrado cero autocríticas, ninguna empatía, y ni un mínimo gesto de responsabilidad política. Solo un intento constante de embarrar el debate, lanzar balones fuera y esconderse tras el ventilador de siempre.
Y en esa estrategia del emponzoñamiento, de evadir respuestas, confundir deliberadamente y usar medias verdades, cuando no directamente falsedades, Feijóo es un maestro. En su todo vale, y cuando todo falla por la ausencia de argumentos mínimamente veraces, el uso del comodín de ETA es un socorrido flotador como hemos visto. Un recurso tan manido como revelador, que evidencia, no solo la pobreza de su discurso y su incapacidad para afrontar los hechos, sino también su absoluta falta de seriedad y rigor.
Recurrir a fantasmas del pasado como el terrorismo -superado por cierto con un gobierno socialista- para no responder sobre el presente, denota un problema moral importante.
Feijóo ha perdido también en esta comparecencia los papeles. Su chulería, su condescendencia y su falta de empatía nos descubren a un político más preocupado por su relato, que por la verdad y por el dolor de las víctimas. No solo se ha retratado, también ha quedado inhabilitado políticamente para liderar un país que le exige altura de miras, responsabilidad y humanidad. Un aspirante a presidente del Gobierno de España puede equivocarse, pero no puede permitirse despreciar con altanería la verdad, faltar al respeto a las víctimas y tratar al Parlamento como un cuadrilátero para la confrontación gratuita.
En España nos sobran dirigentes chulos, soberbios e ignorantes; miren ustedes a Ayuso o Abascal. Lo que necesita este país son líderes que den la cara, asuman responsabilidades y entiendan que el poder no es un parapeto ni un escudo, sino servicio a la ciudadanía a la que se deben. Alberto Núñez Feijóo ha demostrado que hoy no está a la altura de ese reto y, difícilmente, lo estará mañana.
Marta Trenzano es diputada del PSOE por Valencia