Descubren que los virus enviados al espacio regresan más potentes contra las bacterias
En condiciones espaciales la infección bacteriana es más lenta.

Un experimento realizado en la Estación Espacial Internacional (ISS) ha revelado que algunos virus desarrollados en microgravedad regresan a la Tierra con una capacidad notablemente mayor para infectar bacterias. El estudio, llevado a cabo en colaboración con la NASA y universidades estadounidenses, sugiere que las condiciones del espacio alteran la evolución de estos microorganismos, potenciando su eficacia frente a cepas bacterianas resistentes.
La investigación, liderada por el laboratorio del profesor Srivatsan Raman en la Universidad de Wisconsin–Madison, abre nuevas vías para la investigación médica y biotecnológica. Para ello, preparó dos juegos idénticos de muestras que combinaban la bacteria Escherichia coli y el bacteriófago T7. Un grupo fue incubado en la estación orbital y otro se mantuvo en la Tierra como referencia.
Los resultados, publicados en la revista científica PLOS Biology, muestran que en las condiciones de microgravedad, la infección por fagos se ralentizó. Mientras que en la Tierra el fago T7 puede multiplicarse millones de veces en pocas horas, en la ISS no se observó una replicación significativa hasta los 23 días de incubación. Los autores atribuyen esa demora a la falta de convección, ya que sin las corrientes de fluidos que genera la gravedad, los fagos y las bacterias no se encuentran con la misma frecuencia, lo que retrasa el ciclo infeccioso.
La influencia de la microgravedad
Además de una infección más lenta, el análisis genético reveló mutaciones exclusivas en los microorganismos cultivados en la estación orbital. El equipo detectó mutaciones de novo tanto en los fagos como en las E. coli expuestas a microgravedad. Muchas de las alteraciones en los fagos afectan a la proteína de unión al receptor, lo que permite al virus anclarse a la bacteria, y parecen aumentar la capacidad del fago para reconocer e infectar a su presa.
Srivatsan Raman asegura que su estudio “confirma” lo que esperaban y que los resultados validan cómo la microgravedad puede guiar nuevas estrategias para combatir bacterias resistentes. Además, los efectos no se quedan solo en órbita, sino que se mantienen cuando los virus regresan a la Tierra, donde muestran una mayor eficacia frente a patógenos reales, abriendo la puerta a futuros tratamientos basados en fagos potenciados por condiciones espaciales.
De forma notable, las variantes enriquecidas por la microgravedad mostraron un aumento sustancial de actividad contra cepas uropatógenas de E. coli, responsables de infecciones del tracto urinario, que normalmente son resistentes al T7 salvaje. Eso sí, los responsables del estudio subrayan que los fagos usados son inofensivos para las células humanas y que el experimento se diseñó cumpliendo los protocolos de bioseguridad aplicables.
Los hallazgos abren ahora dos líneas de interés. Por un lado, la microgravedad podría servir como un ambiente extremo que genera variaciones útiles para diseñar fagos terapéuticos contra bacterias resistentes a antibióticos. Por otro, muestran que las comunidades microbianas a bordo de naves y estaciones pueden evolucionar de formas inesperadas, un aspecto relevante para la salud de la tripulación en misiones largas.
