Feijóo y la política del bulo: cuando el ataque sustituye a la verdad
Opinión
Opinión

Feijóo y la política del bulo: cuando el ataque sustituye a la verdad

"Detrás de Feijóo no hay ideas ni proyecto ni alternativa, sólo el ataque permanente, el insulto y el bulo".

El portavoz del PSOE, Patxi López, durante su intervención en el pleno del Congreso del pasado miércolesEFE

El debate parlamentario celebrado esta semana en el Congreso de los Diputados sobre los accidentes ferroviarios de Adamuz y Gelida debería haber estado marcado por el respeto a las víctimas, la búsqueda de la verdad y la responsabilidad institucional. Ese era el espíritu con el que se convocaba: homenaje, solidaridad, y compromiso de esclarecer lo sucedido con datos, comparecencias y explicaciones.

Pero el señor Feijóo volvió a hacer lo que hace siempre: convertir cualquier tragedia en un arma política contra el Gobierno. No vino a escuchar ni a contrastar hechos, sino a lanzar su filípica en la que, como es habitual, la culpa de todo es del Ejecutivo y, en especial, de Pedro Sánchez.

Y eso es lo que le lleva a despreciar los hechos y los datos cuando no le convienen porque contradicen su estrategia. Incluso llegó a decir hace unos días que “el Gobierno nos ha llenado de datos para confundirnos”. Y no es de extrañar que a quien es incapaz de aclararse con una factura del Ventorro cualquier dato le resulte difícilmente comprensible. Pero los datos reales y los hechos ciertos serán lo único que nos lleve a la verdad. A la verdad que piden las víctimas, no a la que le gustaría que fuera al Sr Feijóo.

Por eso el ministro Puente ha estado al frente de la crisis desde el minuto uno, gestionando los medios humanos y materiales con los que se ha ido dando respuesta a la tragedia y dando explicaciones hasta la extenuación, mientras Feijóo, con una ligereza absoluta, se dedicaba a pedir su dimisión. Y lo hace con el cuajo de quien pasó más de un año protegiendo a Mazón, que comía y bebía mientras moría gente ahogada en su comunidad, que nos dio hasta quince versiones distintas de lo que hacía en el Ventorro y ninguna era cierta.

Incluso quiso darnos lecciones a todos los demás de cómo gestionar tragedias. No hacía falta, todos conocemos su manual de emergencias: lo sufrimos con el Prestige y sus “hilillos de plastilina”, con el Yak-42 y la entrega de restos equivocados a las familias, con el metro de Valencia, con las residencias de Madrid durante la pandemia, con la DANA y el Ventorro…tienen un gran historial que nos recuerda que cada vez que el PP gestiona una tragedia se multiplican las desgracias.

Pero es tal su doble vara de medir que llegó a preguntar qué diría el PSOE si algo así hubiera ocurrido con un gobierno del PP. Ya ocurrió. Él era presidente de la Xunta cuando la tragedia de Angrois dejó 80 muertos y más de 140 heridos. Hubo retrasos en las ayudas, fallos de coordinación, ninguneo a las víctimas, comparecencias tardías y se negó a que hubiera una comisión de investigación en el Parlamento gallego. Ese es su precedente y su forma de actuar.

Detrás de Feijóo no hay ideas ni proyecto ni alternativa, sólo el ataque permanente, el insulto y el bulo, y lo volvió a demostrar en la comisión de la DANA donde encadenó un sinfín de falsedades: que si no hubo avisos, que si el Gobierno actuó de mala fe, que si los voluntarios extranjeros llegaron antes que el Ejército. Una vez más, una mentira tras otra desmontada con los datos y los hechos.

Y como aún recuerda todo el mundo cuando, en un acto del PP, Feijóo proclamó solemnemente aquello de “Yo no he venido a la política a mentir. Si os miento, echadme del partido”, la pregunta es inevitable: ¿Cuándo le echan? No lo harán porque ya nos dijeron desde Génova en octubre del año pasado que mentir no era ilegal, como gran argumento para salvar de la quema a unos cuantos de los suyos.

Pero la cosa no se quedó en las mentiras. Nos habló de dignidad quien llegó a comparar a Mazón comiendo en el Ventorro con Salvador Illa convaleciente en un hospital. Habló de feminismo desde el partido que partido que, ante la denuncia de una concejala por acoso, le aconseja no denunciar y la insulta públicamente mientras protege al acosador. Nos habló de moderación y de política para adultos mientras los suyos corean el insulto de la fruta como lema que engloba todo su ideario. Este es el clima político que alimenta el PP de Feijóo: insultos constantes desde su bancada, campañas electorales cuya estrella es un grupo que añora volver al 36 y discurso a los jóvenes de quien acosa a periodistas y diputados. Un modelo que es indistinguible del de la ultraderecha.

Y esa es la otra cara de su estrategia: radicalizar sus posiciones hasta superar a VOX y mimetizarse con Abascal en argumentos y discursos. El último ejemplo es que regularizar a personas que ya viven y trabajan en España le parece intolerable, pero no le incomoda una economía sumergida basada en trabajadores sin derechos y sin ley.

No les gusta oírlo, pero el PP hoy habla como VOX, repite sus consignas, copia sus ideas y gobierna con ellos allí donde puede. Es decir, Feijóo ha convertido al Partido Popular en una versión homologada de la ultraderecha europea, alejándolo de cualquier tradición moderada y acercándolo a posiciones de confrontación permanente.

Y, si no, que se lo digan a Ayuso, que el año pasado dio la medalla de Madrid a Milei, que acaba de aprobar jornadas de 12 horas, despidos baratos e indemnizaciones de miseria; y este año se la da a Trump cuando su ICE (como antaño las SS) persigue a hispanos, detiene a niños, y mata a conciudadanos.

Su estrategia es simple: sembrar miedo para generar odio y presentarse como salvador. Llegó a decir que lo que más miedo da a los españoles es este Gobierno, como si el país estuviera al borde del abismo. Pero el miedo no es un proyecto político. Y cuando desaparece el miedo, desaparece también la necesidad de quienes se presentan como salvadores. Debieran de saber que más poderoso que el odio es el amor. Y, sobre todo, la esperanza.

-----------------------------------------

Patxi López es portavoz del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso de los Diputados.

Más de Opinión

Comentar:
comentar / ver comentarios