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La alternancia política y las obscenas hemerotecas

La alternancia política y las obscenas hemerotecas

Nada más lejos de mi ánimo que insinuar alguna ilegitimidad en la gestión de los resultados electorales de la democracia. Ningún revisionismo tiene sentido a estas alturas.

Feijóo comparece ante los medios de comunicación para hacer el balance del año 2025

La democracia parlamentaria, ya muy experimentada en el mundo y dotada de una voluminosa bibliografía, ha dado con el tiempo la razón a Churchill cuando el 11 de noviembre de 1947, en la Cámara de los Comunes del Reino Unido, durante un debate parlamentario sobre el proyecto de ley del Parlamento, pronunció aquel dictamen solemne: “Many forms of Government have been tried, and will be tried in this world of sin and woe. No one pretends that democracy is perfect or all-wise. Indeed, it has been said that democracy is the worst form of Government except for all those other forms that have been tried from time to time” («Se han ensayado y se ensayarán muchas formas de gobierno en este mundo de pecado y aflicción. Nadie pretende que la democracia sea perfecta ni omnisciente. De hecho, se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno, con la excepción de todas las demás que se han probado de tanto en cuanto»).

De hecho, la democracia parlamentaria ha conseguido salir de casi todos los atolladeros, gracias a sus sofisticados sistemas internos de autorregulación, desde la coexistencia de tres poderes diferentes —el ejecutivo, el legislativo y el judicial— sistematizada por Montesquieu, hasta la disposición de mecanismos que permiten destituir a un gobierno que ha perdido el apoyo parlamentario y elegir otro que se muestre más competente y sano y que solucione para el sistema la merma de legitimidad.

En España, desde la Constitución de 1978, la alternancia ha funcionado correctamente. El centrismo ocasional de Unión de Centro Democrático (UCD), que se formó en un primer momento para agrupar políticamente el gran núcleo central del país y que cuajó como partido unitario de la mano de Adolfo Suárez, se desmoronó en poco tiempo a medida que la tarea fundacional iba terminando, con la promulgación de una brillante Carta Magna, fruto del esfuerzo y de la entrega de un núcleo representativo de patriotas decididos a sacar a España de la excepcionalidad.

Calvo Sotelo —tan efímero que no tuvo tiempo de desgastarse y que pasa por ser el único presidente hasta ahora que se ha ido a casa sin abucheos— tuvo un desempeño aseado, nos inscribió en la OTAN (no había opción alternativa), zanjó judicialmente el 23-F y dejó el país dispuesto para emprender el viaje al desarrollo y a la europeidad. Y en 1982 llegó el socialista González en representación —al fin— de los derrotados en la guerra civil, aunque sin espíritu de revancha y con plena adhesión al un modelo acordado entre todos.

González venía con tanto ímpetu, había acopiado tanto prestigio y demostró tantas dotes para ejercer el liderazgo que se mantuvo en el poder 13 años, cinco meses y tres días. Pero su final político fue agónico. Parafraseando a Borges, “en un tiempo infinito le ocurren a todo hombre todas las cosas”, y a González le salieron al paso inconvenientes sin fin durante su interminable mandato. Desde sectores sociales que aprovecharon la ocasión para enriquecerse a ambiciosos directores de la Guardia Civil que huyeron con los fondos reservados, pasando por la dolosa apertura de atajos criminales para combatir al terrorismo etarra…

Iniciados los años noventa, Aznar endureció su posición parlamentaria y acuñó una frase imperativa “¡Váyase, señor González!” que excluía en sí mismo cualquier argumentación respetable para reducirse a una rotunda descalificación. Lógicamente, la prensa afín actuó como amplificador, en un obsceno espectáculo de parcialidad informativa

Pero Aznar y el PP no estuvieron solos: ciertos sectores mayoritarios del poder económico y un sector bien identificado del poder mediático orquestaron una gran campaña de acoso y derribo contra el presidente González. Y los conspiradores ni siquiera guardaron el secreto: Luis María Ansón, director del monárquico «ABC», reveló en una entrevista concedida al semanario «Tiempo» que "González era un hombre con una potencia política de tal calibre que fue necesario llegar al límite y poner en riesgo el Estado con tal de terminar con él". Siempre según la misma fuente, en esta "operación de acoso y derribo", como la definió Ansón, participaron él mismo y los directores de otros periódicos, como Diario 16, José Luis Gutiérrez; El Independiente, Pablo Sebastián (quien se habría desmarcado sobre la marcha de esa posición), y El Mundo, Pedro J. Ramírez, así como conocidos periodistas de radio, entre ellos Manuel Martín Ferrand y Antonio Herrero, ambos fallecidos.

Les costó a los conspiradores que progresaran sus designios. En las elecciones de 1993, que se celebraron cuando empeoraron las relaciones entre el PSOE y CiU de Jordi Pujol, la opinión pública daba por hecha la victoria del PP y la consiguiente alternancia. Pero era tan bisoño el aspirante y tan brillante el ya veterano líder izquierdista que a la hora de la verdad volvió a ganar González. La irritación de los derrotados fue antológica y se recrudecieron las andanadas mediáticas contra González… Finalmente, CiU retiró su apoyo a González y, convocadas elecciones anticipadas en 1996, ganó por la mínima Aznar con apenas 156 diputados. González hubiera podido seguir gobernando con sus 141 escaños —por ejemplo, pactando con Anguita y acordando con Pujol la abstención de CiU—, pero el líder socialista no quiso forzar más la máquina y cedió su oportunidad a Aznar… quien tuvo que realizar concesiones de toda índole a los pérfidos nacionalistas catalanes para lograr su apoyo. La más divertida de todas fue la declaración de Aznar, quien confesó que “hablaba catalán en la intimidad”. Toda la campaña del PP estuvo salpicada de cánticos que decían “Pujol, enano, habla castellano”.

Nada más lejos de mi ánimo que insinuar alguna ilegitimidad en la gestión de los resultados electorales de la democracia. Ningún revisionismo tiene sentido a estas alturas. Pero sí conviene saber que el declive de González fue una verdadera obra de ingeniería tramada por las derecha sociológica para desgastar a González… Y, curiosamente, impulsada por los mismos sectores sociales y de opinión que ahora homenajean y ensalzan a Felipe González con babosa servicialidad, para aprovechar en beneficio propio las críticas que este, senil y resentido, vierte sobre el PSOE de hoy.

El caso de Rodríguez Zapatero, segundo presidente socialista del Gobierno (abril de 2004-diciembre 2011), fue muy diferente porque este jefe del Ejecutivo, que aceleró su llegada gracias al comportamiento mendaz del Gobierno Aznar con respecto a los atentados del 11-M que perjudicó a Rajoy, tuvo que enfrentarse a la mayor crisis económica global tras la Segunda Guerra Mundial. No fue necesario organizar grandes campañas para desalojarlo.

Pero el mandato del también socialista Pedro Sánchez, presidente del Gobierno desde el 2 de junio de 2018, tiene más similitudes con la era González, ya que el actual jefe del Ejecutivo está siendo objeto de una potentísima campaña mediática, política y judicial al menos tan desaforada como la que padeció González ( y ello es así aunque el propio González, desorientado, contribuya hoy a la caza y captura de su conmilitón, afectado quizá por la arrogancia y el amor propio excesivo de que siempre hizo gala).

De la misma manera que Ansón, sin complejos, reconoció en su día la existencia de una colosal campaña contra González, porque las derechas estaban ya desesperadas por la fortaleza del líder de izquierdas que contrastaba con la debilidad y pequeñez del líder conservador, ahora Pedro Sánchez es víctima de la consigna que realizó recientemente Aznar a sus seguidores: “el que pueda hacer, que haga”. Evidentemente, le han tomado la palabra, y hay muchos movimientos sospechosos en determinados ámbitos que marchan en esta dirección, y que se desenvuelven al margen del juego limpio. Pese a estas ayudas, la suerte del débil Feijóo parece incierta.

Sería bueno que se abrieran de par en par las hemerotecas y que la opinión pública pasara revista a esta historia repleta de miserias que acabo de contarles. El juego sucio ha desempeñado un papel relevante en el sistema de alternancias de este país. Quizá el conocimiento profundo de nuestro pasado reciente pueda servir de antídoto a tanto material intoxicante y venenoso que pulula por Internet.

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Mallorquín, de Palma de Mallorca, y ascendencia ampurdanesa. Vive en Madrid.

 

Antonio Papell es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos del Estado, por oposición. En la Transición, fue director general de Difusión Cultural en el Ministerio de Cultura y vocal asesor de varios ministros y del Gabinete de Adolfo Suárez. Ha sido durante más de dos décadas Director de Publicaciones de la Agencia Española de Cooperación Internacional (Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación). Entre 2012 y 2020 ha sido Director de Comunicación del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y director de la centenaria Revista de Obras Públicas, cuyo consejo estuvo presidido en esta etapa por Miguel Aguiló. Patrono de la Fundación Caminos hasta 2024, en la actualidad es asesor de la Fundación. Ha sido durante varios años codirector del Foro Global de la Ingeniería y Obras Públicas que se celebra anualmente en colaboración con la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo en Santander.

 

Fue articulista de la agencia de prensa Colpisa desde los años setenta, con Manu Leguineche; editorialista de Diario 16 entre 1981 y 1989, editorialista y articulista del grupo Vocento desde 1989 hasta el 2021; y después de unos meses como articulista del Grupo Prensa Ibérica, es articulista del Huffington Post. También publica asiduamente en el diario mallorquín Última Hora. Ha sido colaborador del Diario de Barcelona, El País, La Vanguardia, El Periódico, Diario de Mallorca, etc. Ha participado y/o participa como analista político en TVE, RNE, Cuatro, Punto Radio, Cope, TV de Castilla-La Mancha, La Sexta, Telemadrid, etc. Ha sido director adjunto de “El Noticiero de las Ideas”, revista de pensamiento de Vocento. Ha publicado varias novelas y diversos ensayos políticos; el último de ellos, “Elogio de la Transición”, Foca/Akal, 2016.

 

Asimismo, ha publicado para la Ed. Deusto (Planeta) sendas biografías profesionales de los ingenieros de Caminos Juan Miguel Villar Mir y José Luis Manzanares. También es autor de un gran libro conmemorativo sobre el Real Madrid: “Real Madrid, C.F.: El mejor del mundo” (Edit. Global Institute).