'Las gratitudes' o agradecer el que alguien haya temido por tu vida
Emociones a flor de piel en la adaptación de la popular novela de Delphine de Vigan en el Teatro de la Abadía.
En esa tendencia de adaptar novelas al teatro le llega el turno a Las gratitudes, el exitoso libro de Delphine de Vigan. Adaptación que llega al Teatro de la Abadía con las entradas agotadas, seguramente por el texto y porque lo protagoniza Gloria Muñoz, a la que el público adora.
La historia es simple. Michka, una anciana filóloga que ha trabajado como correctora en una editorial, tiene afasia. Una enfermedad que hace que poco a poco vaya perdiendo la capacidad de encontrar la palabra adecuada. Por lo que acaba buscando palabras que suenen parecidas, que no necesariamente son sinónimos.
Debido a esta enfermedad y el deterioro cognitivo que conlleva es internada en una residencia. Allí la tratará un logopeda con el que establecerá una relación que va más allá de la de terapeuta a paciente, dándose consejos y apoyo personal mutuamente. Lugar donde recibirá con regularidad la visita de María, una joven que de niña vivía en el mismo edificio que Michka y a la que acogía en su casa y cuidaba, porque tenía una madre bipolar que en los peores períodos de la enfermedad se olvidaba de que tenía una hija.
Además, Michka tiene un pasado. Es una judía que salvó la vida durante el nazismo gracias a que una pareja decidió esconderla en su casa cuando era una niña. Si no, seguramente habría acabado como sus padres. En un campo de concentración y muerta. Unos salvadores de los que a penas sabe nada y a los que ha buscado durante toda su vida y ahora busca con más urgencia, antes de que la afasia la impida darles las gracias.
¿Qué hacen con todo esto el equipo artístico? Montan un melodrama que no está exento de humor y simpatía. El humor y la simpatía lo ponen fundamentalmente la confusión con las palabras de la protagonista, que está trabajado por la adaptadora del texto, Marta Betoldi, el director de escena, Juan Carlos Fisher, y la actriz principal, Gloria Muñoz, de tal forma que no cansa a pesar de ser una constante y repetirse en escena. Un juego al que los otros dos interpretes del elenco, Macarena Sanz y Rómulo Assereto, saben acompañar con oficio.
El melodrama, lo ponen las tragedias individuales. La de Michka, con su historia personal de judía escapada del nazismo y una vida solitaria hasta que conoce a María. La de María, con una infancia marcada por una madre que no le daba los cuidados suficientes, una enfermedad y una pareja que no se la puede considerar tal. Y la de Jerónimo, el logopeda, que se refugia en el trabajo a falta de pareja y familia. Sí, tres soledades que se encuentran y, de alguna manera, se acompañan formando una peculiar familia.
Relaciones que si se hiciese un análisis frío suscitarían muchas preguntas, como, por ejemplo, si el logopeda actúa de manera profesional con relación a su paciente. Y que, sin embargo, la forma en la que se cuentan en escena y su elenco les dan verosimilitud y necesidad, suspendiendo la incredulidad del público. A pesar de que la acción sucede en un cubículo abstracto, que representa la habitación de Michka. En el que todo es y está en blanco, desde las sillas hasta la cama pasando por los cuadros. Como le pasa al personaje principal.
Con estos mimbres lo que se monta es una producción con las emociones a flor de piel que van in crescendo. Un juego que va ganándose al público en general, excepto a aquella parte del respetable, que haberla hayla, a la que las emociones le molestan o le cuesta dejarse llevar por ellas, y menos en público, de forma colectiva. Aunque llore con una trágica película romántica cualquiera en la soledad de su hogar, algo que no reconocerá.
Todo esto sucede porque, desde el punto de vista de puesta en escena emocional, está bien pensado y ejecutado. Por lo que, como ya se ha dicho, desde la butaca se percibe esa necesidad de conmover con la historia de estos tres personajes. Hecha de anécdotas que pertenecen a una realidad compartida tanto desde el punto de vista histórico, político como social. Hecha también de entender que se llegue a donde se llegue, siempre es gracias a otras personas. Personas que antes que analizar, se compadecieron, temieron por las vidas de otros, y decidieron actuar para salvarlas, para protegerlas. Algo que se puede hacer en cualquier época, en cualquier situación, en cualquier momento