Por favor, habilita JavaScript para ver los comentarios de Disqus.
Los palestinos de Cisjordania, conmocionados por la violencia de la ocupación israelí

Los palestinos de Cisjordania, conmocionados por la violencia de la ocupación israelí

"Cuando los palestinos salen de casa por la mañana, no saben si podrán volver por la tarde, debido a los puestos de control. Cualquiera puede ser detenido y sometido a detención administrativa por el Ejército israelí durante meses o años".

Mariam, una paciente de MSF en el campo de refugiados de Nur Shams, mientras visitaba una clínica de la ONG en Nablus (Cisjordania). "El campo estaba sitiado, una excavadora militar estaba en nuestra puerta", relata.
Mariam, paciente de MSF en el campo de refugiados de Nur Shams, mientras visitaba una clínica de la ONG en Nablus. "El campo estaba sitiado, una excavadora militar estaba en nuestra puerta", relata.Maen Hammad / MSF

En la Cisjordania ocupada, décadas de restricciones israelíes y violencia letal han marcado la vida cotidiana de los palestinos y su acceso a los servicios esenciales. La situación se ha agravado desde que comenzó la guerra total en Gaza en 2023. Hasta la fecha, 1.109 palestinos -al menos 243 de ellos niños- han sido asesinados por las fuerzas israelíes y los colonos en la Cisjordania ocupada y en Jerusalén Este. Solo este año han perdido la vida 74 personas.

En Nablus, donde Médicos Sin Fronteras (MSF) presta atención de salud mental, las mujeres que reciben apoyo de la organización describen las dificultades de su vida cotidiana y, en particular, los obstáculos para acceder a la atención sanitaria. Una situación que se ha agravado desde que las autoridades israelíes decidieron denegar el registro a numerosas organizaciones humanitarias internacionales, entre ellas MSF.

En 2011, la hija de dos años de Rana, que tenía una discapacidad, enfermó. La familia vivía en Azzoun Atma y no tenía coche. No circulaba ningún taxi. El pueblo, un enclave en la gobernación de Qalqilya rodeado de asentamientos y muros de separación, solo tiene una entrada: una puerta que el Ejército israelí abre solo unas pocas horas al día. Aquella noche, estaba cerrada.

"Mi hija murió porque no pudimos salir", recuerda Rana. "Tuvimos que esperar a la mañana siguiente, a que se abriera la puerta y a que un taxi la llevara al hospital. Lo que yo he pasado, lo han pasado muchas madres palestinas. No quiero creer que haya ningún lugar en el mundo donde la gente sufra más que aquí".

Rana Abu Hajleh, paciente de MSF, sostiene a su bebé de dos meses y medio en la clínica de MSF en Nablus.
Rana Abu Hajleh, paciente de MSF, sostiene a su bebé de dos meses y medio en la clínica de MSF en Nablus.Maen Hammad / MSF

Rana, 39 años, tiene cinco hijos vivos, entre ellos un bebé de unos pocos meses. Dos de sus hijas, gemelas, tienen discapacidades graves. El día de su boda, en 2004, el Ejército israelí demolió parcialmente la casa familiar. Más de veinte años después, ella y su familia siguen reconstruyéndola, habitación a habitación, en la medida de sus posibilidades.

“Lo primero que se ve es el muro -cuenta desde su ventana-. Después, los asentamientos”. Dos asentamientos israelíes lindan con Azzoun Atma: Sha’arei Tikva y Oranit. Ambos son ilegales según el derecho internacional. El trazado del muro de separación entre estos asentamientos y Azzoun Atma ha convertido la aldea en un callejón sin salida.

"Mi hija murió porque no pudimos salir",

Hace unos meses, cuando estaba a punto de dar a luz, Rana tuvo que armarse de valor para salir a la carretera por la noche. "Primero fui a Qalqilya -explica-. Me dieron una carta de derivación en la que ponía que tenía que ir a Nablus. Pero era de noche. Mi marido y yo lo pensamos durante mucho tiempo y, al final, decidimos arriesgarnos". Tenía miedo, tanto por ella como por su hijo que aún no había nacido. Esta vez, todo salió bien. "El mayor logro, hoy en día, es llegar a casa sana y salva", afirma.

Los equipos de MSF, que llevan décadas trabajando en Cisjordania, comparten esta valoración. "Cuando los palestinos de Cisjordania salen de casa por la mañana, no saben si podrán volver por la tarde, debido a los puestos de control. Cualquiera puede ser detenido y sometido a detención administrativa por el Ejército israelí durante meses o años. A esto se suma el temor a un ataque de los colonos o a una operación militar del Ejército israelí", señala Filipe Ribeiro, coordinador general de MSF en Palestina.

En diciembre de 2025, la OCHA contabilizó 925 obstáculos a la circulación que dificultaban de forma permanente o intermitente los desplazamientos de 3,4 millones de palestinos por toda Cisjordania, incluida Jerusalén Este. La violencia de los colonos, en particular, ha cambiado de magnitud: se han registrado al menos 3.088 ataques a manos de colonos entre 2023 y 2025 (una media de cuatro incidentes al día), frente a unos 1.860 entre 2021 y 2023, según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Un puesto de control israelí cerca de Ramala, en la Cisjordania ocupada.
Un puesto de control israelí cerca de Ramala, en la Cisjordania ocupada.Maen Hammad

El caso de Rana, que perdió a su hija, dista mucho de ser un caso aislado. “Nos enfrentamos a un sistema de obstrucción de la asistencia sanitaria: se multiplican los controles de seguridad, se retrasan o bloquean las ambulancias, se ataca el transporte médico, se rodean los hospitales y se interrumpen los tratamientos. La denegación de la asistencia sanitaria no es un daño colateral, es una forma de actuar”, afirma Ribeiro.

Con la negativa de las autoridades israelíes a registrar a 37 organizaciones humanitarias internacionales, entre ellas MSF, a principios de 2026, la situación se ha complicado para la organización.

"En términos concretos, esto significa que ya no se nos permite llamar a las autoridades militares israelíes que controlan Cisjordania para coordinar los desplazamientos de nuestros equipos. Esto plantea problemas de seguridad reales", explica Ribeiro. "Nunca estamos seguros de que se respete la protección a la que tienen derecho nuestros equipos, en su calidad de trabajadores humanitarios, cuando salen de Nablus", añade.

Para MSF, ahora es imposible desplegar personal internacional. No obstante, los equipos palestinos de Cisjordania reciben apoyo a distancia desde Ammán, en Jordania.

"Nunca estamos seguros de que se respete la protección a la que tienen derecho nuestros equipos, en su calidad de trabajadores humanitarios, cuando salen de Nablus"

Al no poder garantizar la seguridad de sus equipos fuera de la ciudad, MSF ha concentrado todas sus actividades en una única clínica en Nablus y se ha visto obligada a suspender todas sus actividades móviles, especialmente en Qalqilya y Tubas. Si Rana necesita una consulta de salud mental, tiene que hacer el viaje desde Azzoun Atma hasta Nablus, una ruta especialmente difícil.

"El trabajo en salud mental se realiza cara a cara. No por teléfono", asevera Shorouq Al-Madmooj, trabajadora social con 22 años de experiencia en MSF. "Queremos que nuestros pacientes vengan a Nablus a recibir atención, porque la necesitan. Pero, al mismo tiempo, no queremos ponerlos en peligro".

Lo que Shorouq ha observado entre los pacientes de MSF a lo largo de los años es un importante deterioro. "Los problemas a los que se enfrentaba la gente antes eran mucho más sencillos", explica. "Hoy en día, las dificultades son mucho más complejas. Tanto para los niños como para los adultos".

Los trastornos psicológicos aparecen a una edad cada vez más temprana. En los más pequeños, se manifiestan en forma de enuresis (pérdidas accidentales de orina) o hiperactividad, provocadas por "la ansiedad ante las incursiones militares. Por desgracia, la muerte se ha convertido en algo habitual en nuestra región. No sabemos qué nos deparará el mañana", recalca Al-Madmooj.

Mariam tiene 25 años. Es del campo de Nur Shams, en Tulkarem, al norte de Cisjordania, y el camino desde allí hasta Nablus, según cuenta, es "difícil, lleno de desvíos, muy largo y agotador". Hace poco salió de un largo periodo de depresión. "Cuando empezó la guerra [la ofensiva israelí sobre Gaza en 2023], sentí la necesidad de cambiar algo, de hacer algo de lo que fuera capaz".

Realizó un curso de formación tras otro: primeros auxilios, socorrista, primeros auxilios avanzados; después, se presentó al examen de servicios médicos de urgencia junto a estudiantes de enfermería, obteniendo una nota alta. Acabó acompañando a las ambulancias durante las incursiones en el campo, para ayudar a los heridos. "Ni siquiera con nuestros chalecos había protección para los paramédicos, ni para los periodistas ni para nadie", afirma. “Mataban a la gente en sus propias casas, simplemente por asomarse a la ventana”.

"Ni siquiera con nuestros chalecos había protección para los paramédicos, ni para los periodistas ni para nadie"

El 21 de enero de 2025, dos días después de que entrara en vigor el alto el fuego en Gaza, el Ejército israelí lanzó la operación militar Muro de Hierro en Cisjordania. La primera incursión fue en el campo de Jenin, luego en Tulkarem y, finalmente, en Nur Shams, el 9 de febrero. En cuestión de semanas, casi todos los habitantes de los campos se vieron desplazados. Mariam fue uno de ellos. Tras refugiarse durante un tiempo en Bal’a, un pueblo cercano, se enteró un día de que los soldados se habían apoderado de la casa familiar y la habían declarado zona militar.

"De repente, me di cuenta de que no tenía adónde ir", narra Mariam.

Mapa utilizado por el equipo de MSF para rastrear los cierres israelíes activos. Al menos 459 obstáculos al movimiento bloquean el acceso entre pueblos y carreteras cisjordanas.
Mapa utilizado por el equipo de MSF para rastrear los cierres israelíes activos. Al menos 459 obstáculos al movimiento bloquean el acceso entre pueblos y carreteras cisjordanas.Maen Hammad

Un año después del inicio de la operación, los campamentos seguían ocupados, con fuerzas israelíes acuarteladas en su interior y las órdenes de demolición aún vigentes. Según imágenes de satélite analizadas por UNRWA (la agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo), ya en mayo de 2025 se había destruido alrededor del 35 % de Nur Shams. Cuando Mariam pudo regresar, encontró su casa muy dañada, pero aún en pie, a diferencia de la de su hermana, con quien ahora vive.

"Ya no hay ningún campo", apunta. "Se ha convertido en un cementerio, porque mucha gente perdió allí a sus seres queridos. Siento como si el olor a sangre siguiera allí".

"Ya no hay ningún campo. Se ha convertido en un cementerio, porque mucha gente perdió allí a sus seres queridos. Siento como si el olor a sangre siguiera allí"

La historia de Mariam no es solo una historia de desplazamiento y violencia. Es un fragmento de una política que puede interpretarse a escala de todo el territorio. Desde enero de 2025, más de 33.000 personas han sido desplazadas de los campos de refugiados de Jenin, Tulkarem y Nur Shams y sus alrededores, según UNRWA. Y 2025 fue un año récord en cuanto a la construcción de asentamientos: 86 nuevos puestos avanzados, 54 asentamientos aprobados oficialmente y casi 28. 000 viviendas autorizadas, según la ONG israelí Peace Now.

“Se trata de una política deliberada de confinamiento de la población y de fragmentación territorial”, asegura Ribeiro. “El objetivo es hacer imposible una solución de dos Estados, es decir, impedir cualquier continuidad territorial, social, económica o cultural de Cisjordania y de Palestina en general”.

Esta política tiene consecuencias cotidianas para Rana, que se ve obligada a renunciar a muchas citas médicas, pero también a salidas más cotidianas: “Antes solíamos venir a Nablus todas las semanas. Ahora, quizá una vez al año. Podríamos encontrarnos con colonos, y estos podrían lanzarnos piedras”, concluye.

!
Los comentarios de esta noticia están cerrados
Rellena tu nombre y apellidos para poder comentar
completa tus datos
!
Comenta con respeto, tu opinión se publicará con nombres y apellidos