Trump agrede a España
Es imposible no relacionar las malas expectativas de Trump ante las elecciones de medio mandato en noviembre con la interferencia provocada por Mohamed VI en un punto débil de la frontera española.
Como se sabe, el jueves, unos 50.000 marroquíes ingresaron pacíficamente en Ceuta, la plaza española del norte de África, generando el imaginable revuelo en el pequeño territorio, en el que viven algo más de 80.000 ciudadanos y que pertenece a España desde 1580. El asalto, desordenado, causó varias docenas de ahogados que a nadie preocupan.
La «invasión» no fue advertida a tiempo por la inteligencia española, lo que indica que el gobierno español no temía que la reciente mejora de las relaciones comerciales y políticas de España con Argelia generara represalias contra España a cargo de Rabat. Sánchez, que lógicamente no quiere dar argumentos para una confrontación con Marruecos, ha atribuido los graves incidentes a "las mafias" que se dedican al negocio ilegal del tráfico de personas, pero la hipótesis es inverosímil: primero, porque no se ve qué podrían ganar los delincuentes provocando el alboroto, y, segundo, porque en Marruecos, que es un estado policial sostenido paternalmente por los Estados Unidos, no se mueve ni una hoja de árbol sin que lo permita el Palacio Real, donde reside un oscuro personaje depravado que consume sus noches en los garitos parisinos y no siente obligación alguna hacia sus súbditos.
Pero, además, Trump reaccionó con inusual presteza ante una movilización que se producía en un lugar remoto. POLITICO da cuenta de ello hoy con desconfianza y escepticismo: "El presidente estadounidense Donald Trump y sus principales funcionarios están criticando duramente a España por la crisis migratoria que se está desarrollando en Ceuta, después de que unos 50.000 migrantes cruzaran al enclave del norte de África desde Marruecos desde el miércoles"…
"Vi España ayer y presencié la catástrofe que tuvo lugar. Parece una invasión de un país», dijo Trump en una reunión de gabinete el viernes. "Cientos de miles de personas. Y lo mismo nos va a pasar si los republicanos no ganan las elecciones, solo que peor, mucho más grande, mucho más fácil de entrar".
El Departamento de Estado de Estados Unidos fue más categórico al culpar directamente al gobierno socialista del primer ministro Pedro Sánchez. La nota oficial rezaba: "Este incidente inaceptable es el resultado directo de los esfuerzos deliberados del Gobierno español para permitir y facilitar la migración ilegal masiva hacia Europa. Estamos considerando medidas para defender a los estadounidenses, tanto en el país como en el extranjero, de esta amenaza y estamos dispuestos a ayudar a otros aliados europeos que estén considerando opciones similares".
El vicepresidente JD Vance recordó por su parte las, a su juicio desastrosas políticas tolerantes del demócrata Biden: "Gracias a Dios que el presidente Trump fue elegido y la frontera de nuestro país ya no sufre estos ataques".
Estas imágenes provenientes de España son un triste recordatorio de las consecuencias de la migración masiva y de las políticas globalistas de izquierda radical que han permitido la invasión de Occidente. El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos esgrimió el mismo argumento, diciendo: "Si España tuviera su propio presidente Trump, esto no sería un problema"… ¡Lagarto, lagarto!
Así las cosas, es imposible no relacionar las malas expectativas de Trump ante las elecciones de medio mandato en noviembre con la interferencia provocada por Mohamed VI en un punto débil de la frontera española. Ya se sabe que el indecente Trump, amigo del pederasta Epstein, corrupto hasta los tuétanos, detesta a Sánchez, por socialdemócrata y pacifista, y más concretamente por las políticas migratorias que aplica el presidente español y por haberle negado el uso de las bases conjuntas para atacar Irán en una guerra ilegal y arbitraria.
La conspiración norteamericana es de manual, como lo es asimismo la reacción cobarde de la Europa conservadora —con la neofascista Meloni a la cabeza— que quiere utilizar para extenderse el argumento migratorio. Un continente envejecido que necesita savia joven simplemente para sobrevivir se presta a humillar su prestigio y sus principios en el altar de un sátrapa octogenario que está destrozando el derecho internacional y convirtiendo el mundo en que habitamos en un gran mercado lleno de tramposos.
Así las cosas, tanto Feijóo como Abascal no entienden muy bien estas complejas estrategias, pero huelen la sangre y captan que, mientras las sociedades nacionales no reaccionen, procede el más cruento proteccionismo, que pasa por rechazar al diferente, que siempre trae consigo problemas. Ambos se han negado a la regularización que está en marcha y que tanto irrita a Trump porque, en el fondo, prefieren que continúe la esclavización de la mano de obra irregular, más fiel y menos exigente que la que ha sido reconocida y dotada de derechos. Y en la UE, la mayoría de países cede a la presión xenófoba para no ir contra corriente.
Pero está historia está al final del camino: en cuanto caiga Trump —ahora o en un par de años—, es imposible que las sociedades occidentales —norteamericana y europea— no reaccionen contra tanta degradación, que ha hecho de Oriente Medio un gran campo de destrucción y genocidio, que ha incendiado los estrechos de Ormuz y Bab el Mandeb y que ha llenado el Mediterráneo de cadáveres de infortunados que trataban de ganar a nado el sustento del día de mañana.