Adri, marinero de yate privado: "Un capitán puede cobrar 20.000 euros al mes, pero olvídate de tener vida; mi tripulación hace 13 horas al día sin descanso"
"No es un trabajo para todo el mundo".

Trabajar en un yate de lujo puede parecer el trabajo perfecto desde fuera: navegar por las costas más exclusivas del mundo, conocer destinos paradisíacos y disfrutar de salarios muy superiores a la media. Sin embargo, quienes viven esa realidad aseguran que lo que no se ve es mucho peor de lo que se puede llegar a imaginar.
Es el caso de Adri, marinero de un yate privado, que ha querido mostrar cómo es realmente la vida a bordo. Aunque reconoce que los sueldos son elevados y que el trabajo le ha permitido recorrer lugares únicos, también advierte del elevado coste personal que implica. "Un capitán puede cobrar 20.000 euros al mes, pero olvídate de tener vida", resume en un vídeo publicado en su canal de YouTube @Adriyachtin.
Jornadas de 13 horas y semanas sin un solo día libre
La temporada alta en el Mediterráneo, que suele extenderse desde finales de mayo hasta septiembre o incluso octubre, concentra la mayor parte del trabajo. Durante esos meses, las jornadas son maratonianas. "En nuestra tripulación hicimos el cálculo este año y nos salió una media de unas 13 horas al día en temporada alta", explica Adri.
Lo más duro, asegura, no son únicamente las horas, sino la ausencia de descansos. "Puedes estar trabajando tres o cuatro semanas del tirón sin un día de descanso". La situación cambia según el tipo de embarcación. En su caso, un yate privado, la tripulación permanece contratada durante todo el año porque los propietarios utilizan el barco de forma intermitente, aunque durante la temporada alta las exigencias son similares.

Sueldos elevados a cambio de renunciar a la vida personal
El aspecto económico es uno de los grandes atractivos del sector. Adri explica que un marinero o una azafata suelen cobrar entre 2.000 y 3.500 euros mensuales, mientras que los oficiales pueden alcanzar los 10.000 euros en embarcaciones de gran tamaño.
En el caso de los capitanes, las cifras son todavía más elevadas. "El capitán puede estar en 15.000 o 20.000 euros mensuales", afirma, aunque puntualiza que existen casos que superan ampliamente esa cantidad y otros mucho más modestos dependiendo de la eslora del barco y la experiencia.
Además, la mayoría de tripulantes apenas tienen gastos. El alojamiento suele estar incluido, al igual que la comida y, en muchos casos, el transporte, lo que permite ahorrar una gran parte del salario. Aunque no siempre es así.
"Tu familia pasa a ser la tripulación"
Pero ese ahorro tiene un precio. Adri reconoce que durante la temporada prácticamente desaparece la vida personal. "Olvídate de tener vida. No tienes tiempo para dedicar a tus hobbies ni para despejarte del trabajo".

La convivencia es constante. Los compañeros de trabajo también son compañeros de piso, ya que la mayoría de tripulaciones viven a bordo durante meses. "Tu vida está a bordo y está con la tripulación. Olvídate de amigos y de familia. Tus amigos y tu familia son la tripulación".
Un trabajo que cambia cada día
Pese a las dificultades, Adri reconoce que hay aspectos que compensan el esfuerzo. Uno de ellos es el propio escenario donde trabaja. Después de haber pasado por fábricas, supermercados y oficinas, asegura que navegar constantemente hace que ningún día sea igual al anterior. "Estar cada día en un sitio distinto, ver lugares diferentes, sentir el sol, el viento y el paisaje hace que el trabajo sea mucho más llevadero".
Sin embargo, Adri insiste en que la imagen idílica que muchas personas tienen del sector no siempre se corresponde con la realidad. "No es un trabajo para todo el mundo", asegura. Además de las largas jornadas, también hay que convivir con camarotes pequeños, baños compartidos y la presión constante de trabajar para propietarios que, en ocasiones, pueden resultar muy exigentes.
