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16/10/2015 07:11 CEST | Actualizado 15/10/2016 11:12 CEST

García Lorca en un país diferente

lorcaEs cierto que todavía se producen casos de discriminación laboral o agresiones, y que aún es una práctica no exenta de riesgo besarte con tu pareja del mismo sexo o ir de la mano, siendo dos chicas o dos chicos. Pero también es verdad que cada vez se ven más parejas homo de la mano en cualquier barrio de Madrid, no sólo en Chueca, y que incluso se está pensando en blindar el matrimonio entre personas del mismo sexo en la propia Constitución.

Foto: EFE

Lo que voy a contar lo pensó un amigo mío en el Teatro Real de Madrid, hace unos pocos meses, mientras asistía a una representación de El público, de Federico García Lorca, una ópera basada en su texto homónimo escrito hacia 1930, en Cuba, y que el autor dejó inédito porque para su familia era inviable que el poeta publicase o estrenase textos que hablasen de su homosexualidad. Representar o publicar esta obra en los años 30 en España hubiese sido un escándalo mayúsculo y pese a que en vida no publicó ni representó ningún texto de contenido explicitamente homosexual, el poeta fue asesinado en 1936, en parte por su colaboración con el Gobierno de la República y en parte por su homosexualidad.

Ahora, casi 80 años después, su obra El Público lleva publicada más de cuarenta años y se ha representado en teatros de todo el mundo. Incluso convertida en ópera ha llegado al sancta sanctórum del Teatro Real, gracias a la valentía y el talento del malogrado Gerard Mortier, exdirector del Real, y un hombre que situó este coliseo en lo más alto del escalafón operístico europeo y gracias también al libretista Andrés Ibáñez, al compositor Mauricio Sotelo y a Pablo Heras-Casado, director musical, entre otras personas responsables de poner en pie este hermoso proyecto que Mortier no llegó a ver representado.

Pero sin más rodeos, lo que quiero contar aquí es la feliz perplejidad de mi amigo asistiendo a una representación de El Público, una ópera de evidente contenido homosexual, en el Teatro Real de Madrid. En otros tiempos esta obra no se habría llevado a cabo -nadie la habría encargado- ni se habría podido representar. Y de haberse representado, el público -el de verdad- la habría abucheado o pateado. Sin embargo, ese día el público del Real -antaño considerado rancio y reaccionario- aplaudió entusiasmado la función, y mi amigo tuvo el placer -enorme placer- y el privilegio de poder emocionarse al asistir a la presentación de una ópera gay en compañía de su marido, al tiempo que pensaba lo mucho que había cambiado este país.

Es cierto que todavía se producen casos de discriminación laboral o agresiones, y que aún es una práctica no exenta de riesgo besarte con tu pareja del mismo sexo o ir de la mano, siendo dos chicas o dos chicos. Pero también es verdad que cada vez se ven más parejas homo de la mano en cualquier barrio de Madrid, no sólo en Chueca, y que incluso se está pensando en blindar el matrimonio entre personas del mismo sexo en la propia Constitución.

También en todo el país han florecido en los últimos treinta años los Centros de atención a personas LGTB que brindan apoyo legal o psicológico, como por ejemplo el PIAHT (Programa de Información y Atención a Homosexuales y Transexuales) de la Comunidad de Madrid y han surgido propuestas tan innovadoras como el curso que el Ministerio de Servicios Sociales va a ofertar en breve dentro de su Escuela Virtual en Igualdad, un curso específico sobre la igualdad de oportunidades en el ámbito LGTB, que incluirá temas como el Derecho, la lgtbfobia, la transexualidad, el lesbianismo, la homosexualidad, la lucha contra el VIH, el activismo o la historia de la cultura LGTB... Sin duda, un gran avance que desde el Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades, dependiente del Ministerio de Servicios Sociales, se vaya a llevar a cabo un curso que llegará de manera on line a más de 5.000 personas suscritas a esta plataforma de formación y que se ofertará a través de su web http://www.inmujer.es antes de que acabe el año.

Aunque somos conscientes de que todavía queda mucho por hacer, muchos estereotipos por desactivar y muchas barreras que derribar, echando la vista atrás también tenemos que ser capaces de ver lo que hemos realizado y avanzado durante los últimos años. Todo esto ha sido posible gracias a la complicidad de la ciudadanía, a los colectivos, a los medios de comunicación LGTB -como la desaparecida revista Zero- o generalistas y a los políticos que han sabido escuchar lo que desde la calle se llevaba décadas reclamando, que no era sino el deseo de que existiera una igualdad real entre todos los ciudadanos. Igualdad para que deje de haber personas de primera y personas de segunda y construir entre todos, como tan sabiamente dijo José Luis Rodríguez Zapatero, "Un país más decente", y yo añadiría "más democrático, más libre y más plural". Un país que desearía que el asesinato de Lorca no se hubiese cometido pero que al menos ahora, casi ochenta años después, es capaz de honrar su memoria con una ópera y sobre todo con más igualdad y más derechos para las personas LGTB. Un país cada vez más cerca del que Pedro Zerolo soñó.

RESPONSABLEMENTE