Investigadoras del CSIC alertan tras analizar nueve años de datos de satélite del Mar Menor: la aparente estabilidad de la laguna no es recuperación, es un 'nuevo equilibrio' tras la DANA y las anoxias
"Estas herramientas proporcionan información continua y actualizada que facilita la toma de decisiones y el diseño de medidas de adaptación eficaces", explican las responsables del estudio.

El Mar Menor lleva años siendo toda una preocupación medioambiental. El cambio climático, con el evidente calentamiento global modificando la composición de sus aguas, y las malas actuaciones humanas, tienen a este paraíso natural en situación de riesgo.
Durante un periodo de nueve años, entre julio de 2015 y junio de 2024, una investigación liderada por el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC) ha desarrollado un programa pionero para analizar la calidad de sus aguas.
La estrategia combina los datos del satélite europeo Sentinel-2 con la inteligencia artificial y procesos de machine learning, como detalla la publicación hecha en la revista Journal of Hydrology.
La radiografía precisa los patrones ambientales que se han dado en la década bajo estudio e identifica las zonas en situación crítica por su degradación. Especialmente, la rambla de El Albujón, uno de los puntos con mayor deterioro y aporte de nutrientes al sistema
El análisis en profundidad deja lecturas clave, como la presencia de clorofila-a que marca una fuerte presencia de algas, o la turbidez evidente por la materia en suspensión en las aguas de este enclave murciano.
Pero aún más relevante es lo que el equipo de investigadoras del CSIC ha dado en llamar el "nuevo estado de equilibrio" en los últimos años, con una estabilización de los valores de clorofila y turbidez, que rápidamente matizan. Porque estabilidad no significa recuperación de un ecosistema dañado, sino que marca un proceso de transformación severa en la propia dinámica del Mar Menor.
De hecho, el trabajo del CSIC con imágenes satelitales y la 'ayuda' de la IA, ha permitido saber a ciencia cierta el impacto que han tenido en el entorno las crisis conocidas como las "sopas verdes" de 2016 y 2017, la DANA de 2019 y más recientes episodios de anoxia —la falta casi total de oxígeno en el agua, que provocó la muerte masiva de peces y organismos marinos por asfixia—.
"Estas herramientas proporcionan información continua y actualizada que facilita la toma de decisiones y el diseño de medidas de adaptación eficaces frente al cambio global", detallan en la publicación Paola Barba e Isabel Caballero, responsables del estudio.
Aclaran que la concatenación de datos sostenidos en el tiempo les permite diferenciar con todo detalle qué cambios son estacionales y cuáles se deben a unos procesos de más recorrido cronológico o a la intervención humana, llevando varios pasos más allá la tradicional labor de monitoreo costero.
