Por qué los mosquitos pican más a unos que a otros: el grupo sanguíneo 0 positivo, el CO₂ y la forma de sudar son las claves
El olor de nuestra piel varía en función de nuestra composición personal de bacterias, lo que nos puede hacer más o menos atractivos para esos animales.

Siempre se ha dicho que los mosquitos pican más a la gente que tiene la sangre más dulce. Pero, ¿qué hay de cierto en ello? En realidad, es verdad que la sangre también juega su papel, porque los mosquitos se sienten más atraídos por unos grupos sanguíneos que por otros. Se ha visto que el mosquito Anopheles gambiae muestra atracción por la sangre de tipo 0. El mosquito de la fiebre amarilla, Aedes aegypti, también tiene preferencia por la sangre del grupo 0. El mosquito tigre, Aedes albopictus, siente la misma preferencia por el grupo 0, según cuenta la web Mosquito Alert. Pero igualmente juegan un importante papel el sudor.
Según esta publicación especializada, se tiene evidencia del uso que hacen los mosquitos del CO₂ y el olor corporal para seleccionar a quien picar. Y es que hay una serie de cuestiones que nos hacen más atractivos para que se acerquen a nosotros estos animales que otras personas.
Por un lado, conviene saber que sólo las hembras de mosquito son las que nos pican. Y lo hacen para obtener de la sangre las proteínas necesarias para poder desarrollar sus huevos. Es decir, mientras las hembras nos perforan la piel y succionan la sangre, los machos se dedican a succionar néctar de las flores.
Además, como decíamos, se ha confirmado que los mosquitos, y las hembras en especial, identifican a sus presas potenciales por el rastro de dióxido de carbono (CO₂) que dejan, algo que todos los vertebrados producimos. Para un mosquito ser capaz de detectar este compuesto químico le abre un gran abanico de presas potenciales.
Esto sucede porque cada vez que respiramos, los humanos exhalamos aproximadamente un 4% de CO₂, lo que representa una concentración de CO₂ diez veces más alta que la del ambiente. Cada vez que exhalamos liberamos un rastro químico al aire que los mosquitos pueden seguir. Tienen varios receptores específicos para el CO₂ que les permite dibujar un mapa químico y seguir el rastro hasta dar con el emisor. Es decir, con nosotros.
Cuanto mayor sea tu tasa metabólica más fácil será para un mosquito seguir tu rastro. Algunos mosquitos pueden “oler” la fuente de CO₂ a una distancia de 40 metros. Aunque esta capacidad de los mosquitos varía de una especie a otra. Para las especies de mosquito que sólo pican en el interior de las casas, detectar los aumentos de CO₂ en un espacio confinado es más fácil. Algo importante para unas especies preferentemente nocturnas que se guían principalmente por el olfato y poco por la vista.
Pero, además del este aspecto, los mosquitos tienen en cuenta otros estímulos a la hora de elegirnos. Por ejemplo, los estudios han demostrado que la presencia de un olor atractivo estimula la actividad visual de los mosquitos, existiendo un orden: primero huelen, luego se les activa la búsqueda visual. Algunos estudios sugieren que ir vestido con ropa oscura resulta más atractivo a los mosquitos que los colores claros, aunque hay poca evidencia científica de ello y además depende de las especies.
También el calor es una fuente de información importante para un mosquito. Sobre todo para aquellas especies de mosquitos que se han adaptado a picar a los humanos u otros mamíferos, es decir, los mosquitos que realmente nos preocupan. Sus sensores térmicos son capaces de detectar si un cuerpo está caliente o no, además de identificar las partes corporales más calientes que también son las más vascularizadas. También aquí esto puede ser útil para los mosquitos nocturnos en el interior, ya que el CO2 por si solo no es suficiente para guiarlos hasta el cuerpo dormido en la cama.
Además, hay mosquitos que, a lo largo de la evolución, se han especializado en alimentarse principalmente de sangre humana y han desarrollado su sentido del olfato para ser capaces de distinguirnos de entre el resto de animales. Y los científicos llevan tiempo intentando descifrar qué olores les atraen. Con el paso del tiempo, estos animales cuentan con unos sofisticados sistemas de navegación basados en el olfato y que cambian de una especie a otra, según el habitat, el ambiente o su huésped preferido.
Una de las claves está, por tanto, en que el olor de nuestra piel varía en función de nuestra composición personal de bacterias. Y las diferentes especies de mosquitos tienen sus propios gustos. Por ejemplo, para el Aedes aegyptiencuentra el ácido láctico de los humanos tremendamente atractivo, pero no el de otros mamíferos. En cambio, para los mosquitos transmisores de la malaria, Anopheles gambiae, el ácido láctico no resulta muy apetecible.
