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01/02/2013 08:40 CET | Actualizado 02/04/2013 11:12 CEST

El centro nacional de evolución humana, en reconversión

El nuevo director del CENIEH cree que de todas las actividades científicas se puede sacar rendimiento económico. "Los técnicos pueden trabajar para empresas que nos contraten, pero también los geólogos podemos hacerlo para el sector privado como personal del centro e incluso los paleontólogos, en investigaciones forenses".

Hace dos años Alfredo Pérez González, geólogo de formación y nuevo director del Centro Nacional de Investigación en Evolución Humana (CENIEH), me enseñaba las piedras que tallaron nuestros ancestros los Homo ergaster en la Garganta de Olduvai (Tanzania). Recorríamos los barrancos y mientras él y su joven ayudante buscaban pistas de aquel pasado remoto, yo los observaba trabajar, cavado aquí y allá con la piqueta, desmenuzando terrones de tierra de los que luego extraían aplastantes conclusiones. También los observaban las jirafas.

Alfredo Pérez en la Garganta de Olduvai. Foto: Rosa M. Tristán.

Alfredo estaba entonces en África con el arqueólogo Manuel Domínguez-Rodrigo, sacando adelante un proyecto único de España en la Cuna de la Humanidad. Un año antes, se había inaugurado el CENIEH, con la presencia de la Reina Sofía, y se decía que aquel centro sería de referencia mundial en evolución humana.

Pero de momento no va a ser así. Y la búsqueda de Alfredo Pérez, catedrático de Geología (también Juan Luis Arsuaga cuenta con él en Pinilla del Valle) va a ser muy distinta en los próximos tiempos: empresas en vez de piedras. Y es que hereda unas esplendorosas instalaciones, fruto del derroche de otros tiempos que ahora no hay dinero para mantener del trabajo investigador por falta de dinero público, así que me asegura que no queda más remedio que vender a las empresas su actividad, en cierto sentido, para sobrevivir.

CENIEH, vista exterior de sus 11.000 metros cuadrados.

En otras palabras, el CENIEH ofrece servicios a empresas que nada tienen que ver ni con la evolución, ni con la Prehistoria, ni con el ser humano primitivo para conservar sus puertas abiertas y los investigadores deberán buscar financiación en el extranjero con objeto de seguir con el estudio de los fósiles. El objetivo final es que sean esas empresas quienes acaben pagando también la investigación.

"Yo estoy acostumbrado a ser gestor y en estos tiempos es lo que toca. Aquí tenemos unos equipos de alta tecnología a los que tenemos que sacar provecho para financiarnos porque ahora están infrautilizados", me cuenta cuando le llamo para darle la enhorabuena por el nombramiento.

Alfredo sabe que no será fácil y que puede sufrir alguna baja. "Esto es una infraestructura científico-técnica y si alguno de los investigadores extranjeros se va, no pasa nada, sacamos un concurso y convocamos otra plaza porque tenemos que trabajar para autofinanciarnos. No queda otra", asegura.

Y como ejemplo, menciona el caso del Grupo Antolín, una compañía que fabrica componentes para vehículos, que ya ha estado casi un mes utilizando las instalaciones del CENIEH para caracterizar nuevos materiales con grafeno para los automóviles. "También podemos hacer análisis de agua, de suelos, cartografías en 3D de alta precisión...", va enumerando del catálogo de posibilidades.

A nadie se le escapa que José María Bermúdez de Castro, codirector en las excavaciones de Atapuerca, dimitió hace mes y medio porque no se veía dirigiendo el CENIEH como un centro de servicios a empresas privadas, pero Pérez González, que ya estuvo al frente en el pasado el Centro de Ciencias Ambientales del CSIC, ha decidido coger el toro por los cuernos, por más que no deje de ser decepcionante que sea este el destino de un edificio que se hizo para estudiar nuestro pasado.

Ahora son otros tiempos y el nuevo director del CENIEH cree que de todas las actividades científicas se puede sacar rendimiento económico. "Los técnicos pueden trabajar para empresas que nos contraten, pero también los geólogos podemos hacerlo para el sector privado como personal del centro e incluso los paleontólogos, en investigaciones forenses, por ejemplo, tienen posibilidades". Ante las dudas de que esto pueda afectar a las investigaciones con los fósiles, asegura que "las administraciones no quieren que se abandone el estudio de la evolución humana, pero si no encontramos fondos, este centro seguirá casi vacío" argumenta.

De hecho, ya se han implicado en el proyecto del Geo-Parque de la Sierra de la Demanda, una iniciativa apoyada por la Unesco en la que trabajará personal del centro.

La autora y Alfredo Pérez, ante el cráter de Ngorongo. Foto: Rosa M. Tristán

Recuerdo que fue el mismo Alfredo Pérez quien un día que estaba de visita en Burgos me enseñó todos los entresijos del edificio, desde una sala en la planta superior, con una mesa y sillones dignos del consejo de administración de un banco (idea del gestor que dirigió la construcción, cuando nos sobraba el dinero) a unos sótanos con cajas fuertes, que también me recordaron a los de una entidad financiera, pero que allí sirven para guardar los valiosos huesos de Atapuerca. Realmente, parecía un desierto. Incluso los depósitos están prácticamente vacíos.

Precisamente, ese es otro de los retos por delante, según me confiesa: almacenar todos los fósiles de la sierra burgalesa que están ahora en otros lugares de estudio. "Depositado oficialmente en el CENIEH no hay nada, nada de nada, repito, y la Consejería de Cultura de Castilla y León quiere recuperar los restos porque es de su propiedad, así que se los tendrán que pedir a quienes los tienen", apunta.

Ardua tarea tiene por delante: sacar adelante un monstruo de 11.000 metros cuadrados, claro ejemplo de cómo el derroche público llegó a todas las áreas (os recuerdo que costó la friolera de 30 millones de euros, al margen del equipamiento, y se inauguró en 2009). Ahora la ciencia es la hermana pobre de nuestro sistema y está en reconversión.

Este artículo se publicó originalmente en el blog de la autora, Laboratorio de Sapiens.