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18/06/2012 11:45 CEST | Actualizado 18/08/2012 11:12 CEST

Las portabilidades eternas y el 'síndrome del teléfono invisible'

Al igual que ocurre con multitud de vuelos de las aerolíneas, en ocasiones las portabilidades se convierten en un viaje fallido en el que nadie nos cuenta qué problema lo está retrasando ni cuándo llegaremos a nuestro destino.

La crisis económica que sufrimos los consumidores está provocando que, con

el objetivo de ahorrar, aumente una modalidad especial de viaje low cost.

Viajamos de una compañía telefónica a otra con nuestro número como único

equipaje para lograr mejores tarifas -o conseguir un móvil que ilusamente

creemos que nos saldrá más barato-.

Viajes que acaban de aumentar de velocidad con una nueva norma que obliga

a que las portabilidades se hagan efectivas en dos días.

El problema es que al igual que ocurre con multitud de vuelos de las

aerolíneas, en ocasiones las portabilidades se convierten en un viaje

fallido en el que nadie nos cuenta qué problema lo está retrasando ni

cuándo llegaremos a nuestro destino.

Y a diferencia de lo que ocurre con los vuelos, sufrir un gran retraso o

una cancelación en una portabilidad no da derecho a una compensación

económica.

Invisibles de repente

Para colmo, hay quienes aterrizamos en nuestra compañía de destino -ya sea

a la hora prevista o con retraso de uno o varios días- y se encuentra con

que tras el traslado, muchas de las personas con las que hablaba

habitualmente dejan de llamarle.

Pasan las horas, los días, las semanas... y parece que los amigos o

conocidos de siempre se han olvidado de nosotros. Hasta que descubrimos

que somos víctimas del 'síndrome del teléfono invisible'.

Resulta que cuando nuestro número se instaló en el nuevo operador, hubo

compañías que no se enteraron. Así que cuando sus clientes marcan nuestro

teléfono, la llamada coge un camino equivocado 'pensando' que seguimos

'viviendo' en la telefónica de la que nos 'mudamos'. Y se pierde en el

limbo de las comunicaciones porque nuestro teléfono es 'invisible' para la

compañía que no actualizó nuestros datos cuando se produjo la

portabilidad.

Y lo peor es que cuando reclamamos por este motivo a nuestra nueva

compañía o al operador desde el que no podemos recibir llamadas, es

frecuente que sus servicios de atención al cliente no sean capaces de

entender el origen del problema e incluso en ocasiones hagan creer a los

afectados que está causado por fallos puntuales de cobertura.

Un cambio regulatorio con carencias

En su supuesto afán por fomentar la competencia en el sector de las

telecomunicaciones móviles -ya podía regular una tarifa como ha hecho

Bruselas con el 'roaming'-, el Gobierno ha completado una iniciativa del

Ejecutivo anterior para que las portabilidades se realicen mucho más

rápido. Pero obviando cuestiones especialmente trascendentes en lo que a

los derechos de los consumidores se refiere.

Desde el 1 de junio, los usuarios no tienen que aguantar una larga espera

para cambiar de operador, aunque también se les acorta el tiempo para

arrepentirse por pensárselo mejor o porque la compañía que va a perderlo

le haga una contraoferta.

Ahora, las portabilidades móviles -en breve se acelerarán las fijas-

tienen que hacerse efectivas en dos días. La gran mayoría de medios de

comunicación ha hablado de 24 horas, pero hay que tener en cuenta que hay

un doble trámite ya que hay dos compañías de por medio: la donante y la

que recibe la transfusión de su cliente -para que ahora sea ella la que le

chupe la sangre si tiene unas elevadas tarifas y lo ha seducido con

un móvil vinculado a una larguísima permanencia-.

Con la resolución que ha entrado en vigor el 1 de junio, "las acciones

necesarias para validar la solicitud de portabilidad y adecuar las redes

se realizan dentro del día laborable siguiente a la solicitud por parte

del abonado". Con esto, "una vez realizadas estas adaptaciones, el usuario

dispondrá de su número plenamente operativo en la red del operador

receptor en la madrugada del segundo día desde que el cliente/abonado

acordó el cambio con el operador receptor".

Es decir, un usuario que pida la portabilidad un lunes, tendría su número

portado y plenamente operativo a primera hora del miércoles, concretamente

a partir de las 6.00 horas.

Esta reducción de los plazos responde a las reivindicaciones de distintas

empresas y organizaciones, entre ellas FACUA-Consumidores en Acción, que a

comienzos del año pasado solicitó a la Secretaría de Estado de

Telecomunicaciones (Setsi) y la Comisión del Mercado de las

Telecomunicaciones (CMT) que se fijase en dos días. El problema es que no

han tenido en cuenta el resto de peticiones que les formuló.

FACUA reclama compensaciones económicas

Y es que FACUA pidió que las portabilidades se completen en dos días desde

la petición del usuario, tal y como establece la resolución que acaba de

entrar en vigor, pero también que se fijasen compensaciones económicas por

cada día de retraso.

Unas compensaciones que, como es lógico, también demandó para el

consumidor que después de realizar una portabilidad no pueda recibir llamadas

de determinadas compañías al no haber actualizado sus datos para enrutar

las llamadas a su nuevo operador.

Curiosamente, cuando se dan incidencias en las portabilidades, las

compañías sí están obligadas a abonar indemnizaciones a los operadores

afectados por ellas, pero no a los clientes.

De momento y hasta que éste u otro Gobierno tenga a bien aumentar nuestros

derechos, es importante conocer que, aunque habrá que pelearlo, podemos

reclamar una compensación económica cuando se produzcan retrasos en las

portabilidades, si es que éstos nos dejan sin línea, o nos quedemos sin

poder recibir llamadas de determinadas compañías durante un periodo de

tiempo.

Por analogía podemos exigir las indemnizaciones por interrupciones en el

servicio establecidas en la Carta de derechos del usuario de los servicios

de comunicaciones electrónicas (Real Decreto 899/2009, de 22 de mayo).

Son cantidades ridículas y deberían revisarse, pero es lo único reclamable

de momento, salvo que acreditemos que el problema de estar incomunicados

nos ha causado un perjuicio económico. Si lo cuantificamos y demostramos,

podríamos obligar a la compañía responsable a indemnizarnos.

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