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01/03/2013 08:30 CET | Actualizado 30/04/2013 11:12 CEST

Cuando un médico enferma

Los médicos enferman y mueren. Todos lo hacen. Muchos no consiguen preparase bien para ese viaje, pese a haber acompañado a muchos en el mismo. Su conocimiento, habilidades, criterio y experiencia no son suficientes.

Es aguanieve

el puzzle de levedad

de este corazón.

Los médicos enferman y mueren. Todos lo hacen. Muchos no consiguen preparase bien para ese viaje, pese a haber acompañado a muchos en el mismo. Su conocimiento, habilidades, criterio y experiencia no son suficientes. El mar de la levedad humana no es fácil de navegar, pocos consiguen caminar sobre las aguas. Lo común es hundirse, hundirse por el miedo.

Esta semana acompañé a un amigo médico en tiempo de enfermar. Sus 9 kilos menos testificaban el camino de dolor y dificultad que está pasando. Su mirada hablaba sin parar, hablaba del mar de sinrazón y dificultad que está cruzando. Mi amigo me decía qué frío y aspero es el sistema sanitario cuando se tiene puesto el pijama de enfermo, cuando de alguna forma, se tiene el culo al aire; perdonen la expresión.

A veces he pensado si tal vez no debería ser obligatorio para todos los profesionales sanitarios pasar tres días ingresados en un hospital, como reflexionaba William Hurt en la película The doctor. Casi todo el mundo que haya pasado por una hospitalización coincidirá conmigo.

Lo cierto es que tratar con el dolor y la enfermedad produce un tipo especial de cansancio, de quemazón interior. Para no terminar achicharrado es vital que el profesional sanitario sepa navegar la incertidumbre, la desazón y el miedo... el mar de la levedad. Pero ahí no somos nunca sólidos, ni duros, ni resistentes. A lo sumo aguanieve, una palabra hermosa que define algo delicado y fugaz, gotas de agua trémulamente sólidas que en poco tiempo seguirán su camino.

Ser un médico de familia es algo grande. Nuestro trabajo es sencillo y callado, poco vistoso o prestigioso. Pero es un grandísimo privilegio poder hacer algo con sentido.

Sean sanitarios o no, permítanme recordarles algo elemental: cuiden su corazón.

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