Andrew, de trabajar 70 horas en Amazon a agricultor de tulipanes: "La terapia de la tierra es la mejor terapia"
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Andrew, de trabajar 70 horas en Amazon a agricultor de tulipanes: "La terapia de la tierra es la mejor terapia"

Asegura que su vida dio un giro radical en un momento muy concreto y fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba en el camino incorrecto.

Agricultor trabajando la tierra con un tractorGetty Images

Andrew Miller no huyó del trabajo duro. Huyó de una vida que ya no reconocía como suya. A los 50 años, desde Mount Vernon, en el estado de Washington, este exdirectivo de Amazon y veterano militar mira sus campos de tulipanes como quien contempla una segunda oportunidad. No idealiza el cambio: sigue trabajando de sol a sol. La diferencia es que ahora sabe por qué lo hace.

Durante años, su rutina en Amazon consistía en semanas laborales de 70 horas que arrancaban a las cuatro de la mañana. "Un día miré alrededor de mi oficina y solo vi cultura performativa", recuerda. A eso se sumaban tensiones internas sobre la gestión de la empresa y una sensación persistente de vacío. No era la exigencia lo que lo superaba —había pasado 14 años en la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional—, sino la ausencia de sentido.

El punto de inflexión llegó en casa. Con seis hijos, dos de ellos con autismo, Miller entendió que su papel más importante no estaba en el organigrama de una multinacional. "Me di cuenta de que no vivía para mi trabajo. Vivía para ser padre". En 2015, agotado física y emocionalmente, tomó una decisión radical: dejar Amazon.

Volver a casa para empezar de nuevo

Con el respaldo de su esposa, Holly, la familia regresó al condado de Skagit, donde ambos habían crecido. Un lugar donde, dice Miller, "los niños pueden salir corriendo por el sendero hasta casa de un familiar si no les gusta lo que hay para cenar". También es una región marcada por la agricultura… y por los tulipanes.

Skagit celebra desde hace más de cuatro décadas un festival anual dedicado a esta flor, pero algo no cuadraba. Donde antes había unos 4.000 acres de tulipanes, quedaban apenas 500. Para Miller, aquello no era solo un problema agrícola, sino de modelo económico y cultural. "Si no hacíamos algo distinto, el condado dejaría de ser tierra de tulipanes".

Desde su puesto en el equipo de desarrollo económico local empezó a darle forma a una idea: reimaginar una granja no solo como lugar de producción, sino como experiencia. Un espacio donde la gente quisiera estar.

Ladillo: Comprar una granja no es solo saber cultivar

En 2018 dio el salto. Compró su primera granja tras meses de aprendizaje acelerado. Pronto descubrió que muchos de los desafíos del campo eran, en realidad, empresariales:

  • Cuántos tulipanes plantar y con qué rotación
  • Cómo diseñar los campos para el flujo de visitantes
  • Qué tipo de experiencia emocional ofrecer al público
  • Cómo equilibrar turismo, agricultura y sostenibilidad

Para prepararse, reunió capital con amigos y pasó seis semanas siguiendo a un agricultor holandés de 85 años que llevaba cultivando tulipanes desde los años 80. Aquel hombre y su esposa habían rechazado a otros 16 compradores antes de confiar en él. Poco después, el agricultor falleció y Miller tomó las riendas de la granja.

Junto a un socio, adquirió una propiedad de 30 acres por 1,6 millones de dólares. Pero el camino no tardó en complicarse.

Ladillo: Pandemia, rupturas y aprender "a la fuerza"

Diez días antes de la inauguración, llegó la pandemia. Sin visitantes, la estrategia cambió de urgencia: envíos de flores, recogida escalonada y nuevas fórmulas que nadie en el condado había probado. Funcionó. La sociedad empresarial, no tanto. 

Tras diferencias de visión, Miller compró una segunda granja: Tulip Valley Farm, la que hoy gestiona en solitario. Se la compró a un agricultor de patatas de 70 años que creyó en su proyecto. Y desde ahí empezó a construir algo más que un negocio.

Hoy, su hijo de 23 años maneja un montacargas que aprendió a usar con 15. Su hermana lleva la gestión y la comunicación. Miller sigue levantándose a las cinco de la mañana, pero duerme en casa y trabaja para su comunidad. "Entro en Costco y mis hijos se esconden porque alguien me reconoce de la granja", bromea.

La granja prospera. El número de visitantes se ha duplicado año tras año durante los últimos tres. Los campos están pensados para algo más que la cosecha: propuestas de matrimonio, fotos familiares, momentos compartidos.

En un mundo saturado de pantallas y agotamiento laboral, Miller lo tiene claro. Para él, que arrastra TEPT de su etapa anterior, la respuesta no está en el despacho perfecto ni en el ascenso soñado. "La terapia de la tierra es la mejor terapia", dice. Y mientras camina entre filas de tulipanes, parece hablar menos de flores y más de futuro.

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