Bernadette, Regina y Rita, monjas de más de 80 años: huyeron de su residencia, ocuparon su antiguo convento en un castillo y triunfan en Instagram con 100.000 seguidores
De la discreción absoluta a protagonizar una inesperada rebelión.

La vida en un convento suele asociarse a rutinas silenciosas, oración y una calma casi inalterable por el paso del tiempo. Pero a veces, incluso entre muros centenarios y hábitos inmutables, surgen historias que rompen todos los esquemas. La de Bernadette, Regina y Rita no encaja en la imagen clásica: a sus más de 80 años, han pasado de la discreción absoluta a protagonizar una inesperada rebelión que mezcla fe, resistencia y hasta éxito en redes sociales.
Estas tres monjas austríacas han convertido un conflicto interno de la Iglesia en una historia seguida dentro y fuera de Austria. En septiembre regresaron por su cuenta al convento vacío del castillo de Goldenstein, cerca de Salzburgo, después de haber sido trasladadas a una residencia de ancianos, y desde entonces mantienen su pulso con la jerarquía eclesiástica. Las hermanas incluso han viajado a Roma para participar en una audiencia pública con el papa León XIV.
Ahora, el Vaticano ha designado como mediador al archiabad salzburgués Jakob Auer, de 34 años, para intentar desbloquear la disputa y redactar un acuerdo que permita a las religiosas seguir en Goldenstein. Según recoge Focus, las conversaciones se han reactivado tras meses de bloqueo y, por primera vez, ambas partes parecen acercarse a una salida negociada, aunque el entendimiento definitivo todavía no está garantizado.
El origen de la disputa
Antes de estancarse la negociación, el preboste Markus Grasl, responsable de la orden, ofreció que las monjas continuaran en Goldenstein, garantizándoles acceso a cuidadores, atención médica y un sacerdote. Sin embargo, el trio rechazó la oferta porque tenía “la naturaleza de un contrato de silencio”, ya que les exigía que abandonaran su actividad en Instagram, con más de 100.000 seguidores, que rompieran contacto con su abogado y que frenasen las acciones legales contra la Iglesia.
Se trataba de una fórmula que, a su juicio, recortaba su libertad y no garantizaba una solución real. Para ellas, aceptar esas condiciones suponía renunciar no solo a su defensa legal, sino también a la visibilidad que habían encontrado en redes, donde su historia ha despertado el apoyo de miles de personas. Por eso optaron por mantenerse firmes en su decisión de permanecer en el convento y continuar el pulso con la jerarquía eclesiástica.
A la espera de que la mediación avance, el caso sigue generando atención tanto dentro como fuera de la Iglesia. Mientras Roma intenta reconducir el conflicto y las negociaciones avanzan con cautela, las tres religiosas permanecen en el convento que se negaron a abandonar, fieles a una decisión que ha marcado sus últimos años. Para ellas, Goldenstein no es solo un edificio, sino que es su casa y el sitio en el que quieren vivir el tramo final de su vida.
